Día: 14 marzo, 2016

Una cuestión de pelos

Los peluqueros, los buenos peluqueros, son esenciales para la supervivencia de la humanidad y ,que yo sepa, hasta el momento nadie se había dado cuenta del gran daño que un mal corte y un peor peinado puede hacer a nuestra decadente especie. Un mal peluquero o un peluquero que tenga un mal día puede acabar con nosotros los humanos de la manera más tonta.

Esta aguda y original reflexión se me ha ocurrido esta mañana mientras me daba mi habitual paseo por los periódicos y noticias con el fin de no ponerme a trabajar de golpe no fuera a sentarme mal, que es lunes y hace un frío que pela en mi quiosco.

¿Qué han visto mis ojos por el camino? Pues al querido camarada Kim Jong Un lanzando misiles y amenazando con efectuar nuevas pruebas nucleares. Y todo este afán belicista, ¿por qué, amado líder? Está claro, acaba de volver de la peluquería, allí no se atrevió a protestar porque en el fondo es un hombre tímido y su peluquero le impone mucho, pero ha sido llegar a casa, mirarse al espejo y desear acabar con la humanidad.

Hasta cierto punto le comprendo, si yo llevara esa ensaimada en la cabeza también querría tirar misiles coronados por otro tipo de cabezas: las nucleares. A la mierda todo, se habrá dicho y no falto de razón. Asi que tú, peluquero de Kin Jong, no lo vuelvas a hacer, ten piedad de nosotros, nos merecemos la extinción pero déjanos colaborar a los demás, si vamos por muy buen camino, no quieras llevarte todos los honores.

Pensado esto tan profundo he seguido mi paseíllo y ¿qué han vuelto a ver mis ojos no sin cierta repugnancia? Otra cabeza espantosa y no exenta de peligro. La de Donald Trump. Peluquero de Trump, a ti me dirijo, ¿por qué le has hecho eso? Lo de delante atrás, lo de atrás delante, lo de los lados al centro, lo del centro a los lados. Y esa coloración campo de maíz para rematar la ignominia.

Otro que ha vuelto a su casa, se ha mirado al espejo, ha tardado su buena media hora analizándose el peinado para tratar de comprenderlo, le ha sido imposible saber qué leches lleva en la cabeza, se ha enfurecido y ha decidido “bombardear hasta erradicar”. No son palabras mías, desgraciadamente.

Por eso, peluqueros de los lideres mundiales, no os ensañéis con los hombres y mujeres poderosos. Un corte discreto, un peinado sencillo, algo que no llame la atención y que no lleve a su poseedor al odio y la desesperación. Los desastres capilares pueden conducirnos al apocalispis, esa tijera que con tanta irresponsabilidad manejáis puede significar el fin de la raza humana. Como decía mi abuelo: de la bestia señalada, libéranos dómine.