Día: 16 marzo, 2016

Altas capacidades

Anteriormente: Eva conoce a Pol, el primer amigo del Jacobín y sufre las consecuencias.

En el episodio de hoy: Patricia comunica a Eva una noticia de suma importancia. La Esme, como siempre, se atribuye todos los méritos y habla de su nuevo proyecto.

Resulta que me convoca la Patricia a su despacho, lo cual me da mucho miedo por si al fin se ha dado cuenta de lo mal que limpio y ha decidido darme boleto. Con temor accedo a su antro del saber, me siento en una silla con el plumero entre las piernas y aguardo mi sentencia condenatoria. Pero no, no era de mí de quién quería hablar si no del Jacobín.

Quiero que tengas paciencia con Jacobo, me dice, nos han llamado del colegio para comunicarnos que es más que probable que tenga superdotación.

¡Ay, pobre, qué pena!, digo yo porque a mí eso me sonaba a enfermedad rara y sin tratamiento conocido.

Eva, ¿eres tonta?, me suelta ella con muy poquito tacto. Te estoy diciendo que el niño puede tener altas capacidades, le tienen que hacer unas pruebas y unos test para confirmarlo pero todo parece indicar que así es.

Bueno, alta capacidad para esconder chupetes eso no se lo puede negar nadie porque mira que he buscado y rebuscado por toda la casa y el botín no aparece. Y te hace cada preguntita, el otro día…

Ya vale, me corta la madre del cerebrín sin dejarme que le cuente sus obsesiones fúnebres, quería que lo supieras, nada más. Sigue siendo un niño pese a todo. Ah, y a la vuelta te pasas por la óptica y recoges unas gafas que le acaban de hacer.

Madre mía, la criatura, superdotado y gafotas, ahora sí que se van a meter con él en el colegio, le van a hacer bullying de ese o lo que en mi pueblo siempre se ha llamado putadas al que destaca, ya sea por lo bajo o por lo alto. Pobrecito, menos mal que tiene al animal de bellota del Pol como amigo, eso le puede servir de escudo y parachoques, hay que fomentar esa amistad aunque perezcamos en el intento.

En todo esto iba pensando mientras me dirigía al quisoco de la Esme para darle el notición. Esme, le anuncio ya desde lejos, ¿sabes qué? Que el Jacobín es superdotado.

Bueeeno, bueeeno, eso está por ver, me responde ella desinflándome la primicia, a mí me dijeron lo mismo de mi hijo Jonás y mírale ahora, no sale del sofá ni del ordenador, una pena, chica. De la Anais me dijeron que tenía déficit de atención y dislexia y mírala también, lo mismo que el hermano. Han llegado los dos al mismo punto con diagnósticos opuestos. Por eso te digo, ahora es que a todos les pasa algo suceptible de ser estudiado o medicado. No me lo creo, chica, antes los niños éramos niños. Ni logopedas ni psicoterapeutas ni neurólogos ni la leche en bote. Pero bueno, serán avances de los tiempos o todo lo contrario, no sé.

Entonces, ¿tú crees que no?

Ya sabes que soy muy descreída en general. El Jacobín parece listo pero gran parte de su listeza se la atribuyo a que ha pasado sus primeros años de vida, los más importantes para el desarrollo cerebal, en nuestra estimulante compañía, sobre todo en la mía. Todo el que bebe de este quisoco alcanza la sabiduría, hazme caso. Te invito a un refresco.

Gracias, Esme pero ahora no me apetece y me voy que tengo prisa.

Pues seguirás siendo lerda, guapina, me suelta la muy borde. Y no me distraigas más que estoy escribiendo un guión.

Anda, Esme, eso es nuevo, ¿un guión para qué cosa?

Para una serie televisiva, por supuesto. Le voy a poner crímenes, sexo cibernético, del normal no que ya está muy visto, alta traición, espionaje con drones y robots de grafeno. Yo creo que agitando todo ello pego el pelotazo seguro, o me lo pegan a mí, una de dos. Voy a concentrarme, esto es serio, adiós.

Y ya van dos veces que me despiden y me llaman tonta en muy breve espacio de tiempo. Sea yo corta o sea yo larga, ¿eso qué más da, no era la felicidad la meta a alcanzar o algo así? Pues de eso sí que tengo.