Mes: abril 2016

La muerta

Mi amigo me dijo: ven, que te voy a enseñar una cosa. Y yo fui. Caminamos hasta llegar a las casas bajas. En una de ellas vivía la ciega, la del puesto de chuches. La teníamos manía porque era antipática, gruñona, desconfiada.

Mira, me dijo él dándome un empujón contra las rejas de la ventana y sujetándome con fuerza el cuello para que no me pudiera soltar. La ciega eataba tumbada encima de una cama, vestida, con los zapatos negros puestos, las manos cruzadas debajo del pecho, los ojos cerrados.

¿A qué nunca habías visto un muerto?, dijo él riendóse en mi oído, sin dejar de sujetarme la nuca.

Tuve ganas de gritar pero no lo hice por si la muerta no estaba muerta de verdad, solo dormida y se despertaba. No quería mirar pero tampoco cerrar los ojos porque tenía miedo y el miedo es peor con los ojos cerrados, ocupa todo. Intenté mirar solo el techo, las paredes, el suelo o los zapatos, pero los ojos se iban hacia ella, tan quieta y estirada, tan muerta. Era como cuando ves a un animal despanzurrado en mitad de la calle o un vómito, no quieres mirar, pero miras.

Así son los muertos, son así hasta que les sale la calavera y apestan, dijo otra vez en mi oído. Me llegó un olor a chicle de menta y eso que me había dicho que no tenía.
Entonces sí grité y él me solto la cabeza de golpe y echó a correr. Lo perseguí hasta el campillo, ese sitio lleno de polvo y lomas donde jugábamos. Se había subido a uno de esos montículos hechos de tierra y cascotes y estaba haciendo el idiota, como siempre.

Le tiré una piedra desde lejos antes de marcharme a casa, creo que no le di porque oí su risa. Todo el camino de vuelta fui pensando en la ciega muerta, en el miedo que había pasado, en que él tenía chicle aunque me había dicho que no y en quién se quedaría ahora con el puesto de chuches.

(Cuaderno de DM)

Colaboracionista

Me he sentido tan mal como si le estuviera poniendo a la doña Marga la estrella judía para mandarla derecha al guetto de Varsovia. Es que su sobrina la doña Repolluda me enjaretó ayer la plancha nada más llegar y me pidió que marcara la ropa con unas etiquetas que llevan su nombre impreso. Como vio mi cara de disgusto me llamó vaga. Ni me molesté en explicarle que no era por el trabajo si no porque esa tarea me da mala espina y me huele a residencia inminente.

La doña Marga no dijo nada mientras yo aplastaba con rabia las etiquetas en la ropa, se puso a mirar por la ventana para ver a los vencejos que andaban muy alborotados por el cielo. O no lo sabe, que lo dudo, o ya se ha resignado a su suerte. Cuando terminé de marcarle toda la ropa me pidió que le preparara un té con un chorro de whisky, según ella para la tensión que la tiene baja y mientras se lo tomaba lanzó un par de suspiros y después se fumó un cigarro de los que tiene escondidos en un cajón, pero nada más.

No estaba yo para muchas tonterías cuando llegué a casa. Ni caso hice a la Noe que quería enseñarme un conjunto que dice que le da un aire clavado, clavado a la Khaleesi de Juego de Tronos, ni al Toni que desde el sofá me declamó: “Sereno aguarda el fin que poco tarda ¿Qué es cualquier vida? Breve sois y sueño”, ni al guasap de la Esme preguntándome si había leído su epístola de ayer y que qué me parecía.

Soy una colaboracionista y con mi ayuda la doña Marga va a ser enviada al apartheid.

Segunda carta a los alfacentaurenses

Hola a todos los de por ahí. Iba a decir los de ahí fuera pero me han dicho que no lo diga porque lo que es fuera para mí puede ser dentro para vosotros o todo para todos. Espero que os encontréis bien de salud tanto física como mental. Yo no tanto últimamente y ahí lo dejo. No quisiera convertir esta segunda epístola en una narración pormenorizada de dolencias. Más adelante, si eso. Cuando gocemos de mayor confianza y ya se pueda estropear la relación convenientemente.

Una cosita quería pediros si no es mucha molestia, ¿podríais, en algún ratillo suelto que tengáis, pasaros por mi casa y abducir a mis dos hijos? No digo yo que para siempre, me conformo con una temporada. Las criaturas están poco viajadas y no les vendría mal ver mundo exterior (o interior, que ya no sé ni dónde me hallo). De paso les enseñáis vuestro idioma para que lo puedan poner en el currículum. “Alfacentaurino, nivel medio”, lo estoy viendo. Si con eso no los coloco, apaga y vámonos.

Pero no apagéis todavía la conexión, amigos de por esos espacios interestelares, que aún quiero pediros algo más. ¿No tendréis, por un casual, un agujero negro que os pille a mano? Lo digo porque cuando vengáis a por mis hijos, ya de paso, os podríais llevar la bicicleta estática, que no sé para qué leches me la compré y la tiráis ahí, donde no moleste.

Diréis que qué os doy yo a cambio de todo esto. Desde luego, qué interesaditos sois los de Alfa Centauri, ¿es que no podéis hacer favores por el simple placer de hacerlos? Gentuza, digo, perdón, guapos. Yo, a cambio, os entrego esta misiva o epístola y las que seguirán. ¿Acaso os había escrito antes algún terrícola? Seguro que no, si estábais más solos y más aburridos que ni sé hasta que he llegado yo. Vuestra vida carecía de emociones y alicientes, tristes alfacentaurenses. Gracias por lo menos, ¿no?

No me falléis, seres de allende la galaxia, tengo puestas en vosotros casi todas mis esperanzas.

Atentamente: Esmeralda.

Pues sí que estamos buenos

Estoy empezando a pensar que por algún motivo que desconozco atraigo especialmente a las personas ligeramente trastornadas. O es eso o es que el trastorno, llamémoslo así, es tan frecuente que todos llevamos a nuestro alrededor satélites chiflados. Pero qué digo de satélites, ni oír hablar quiero de nada que tenga que ver con el espacio. Bastante tengo con la segunda epístola a los alfacentaurenses que se está escribiendo la Esme.

La de las epístolas es una y el otro es el Toni que ya está aquí otra vez, según él porque tiene que resolver unas gestiones. No sé qué gestiones serán esas que se resuelven desde el sofá y leyendo libros. Y no cualquier libro, sus lecturas siempre tienen que versar sobre el fin de nuestras vidas, la poca importancia de todo en general, la brevedad de la existencia y la cercanía de la muerte.

“Nada permanece de nada. Nada somos. Leyes hechas, altas estatuas, odas acabadas, todo tiene su tumba”, se nos pone esta mañana en el desayuno en vez de decir cosas normales como, ¿qué tal habéis dormido? o pasadme el azúcar. Yo ya estoy acostumbrada a sus desvaríos pero a la Miranda-Noe la tiene patidifusa.

¿Qué dice de tumbas a estas horas de la mañana?, madre mía, si para morirnos anda que no nos queda. ¿Te gusta cómo voy hoy, Eva?, me he puesto ya de primavera total, me dice levantánose de la silla y haciendo una postura muy rara con un brazo para arriba y una pierna del revés. Ella lo llama posado y yo alto riesgo de escoñamiento, con perdón.

“Florece la variada primavera y los campos alégranse. Más en cada campo duerme su otoño y el invierno acecha a la azucena que ignora que la muerte es cada día”, salta el Toni sacando de su nuevo libro este pasaje escogido.

No he entendido nada pero que tienes muy mala leche, Antonio, eso sí, se enfada la Noe deshaciendo su pose de primavera total.

Podría poner más ejemplos pero no los pongo que si queda la entrada muy larga no se la lee nadie. Eso es así, me lo han dicho blogueros de reconocido prestigio. Tenemos el blogroll como lo tenemos, hasta los topes, y no da uno para endosarse a diario tantos parlamentos, así que brevedad que somos muchos. Y dicho esto, no hago ni caso y cavando mi propia tumba, que diría el Toni, sigo hablando.

Porque para colmo, en casa de la Patricia he escuchado un llanto tras su puerta. No es que yo sea cotilla, sólo curiosa de la idiosincrasia humana, por eso he tenido que ir a poner la oreja.

A veces no sé qué sentido tiene todo esto, he oído que le estaba diciendo entre gipidos a su amiga la Poncho. Venga, venga, no le des más vueltas, ¿te alíneo los chakras?, le ha propuesto ella.

¿Qué será a lo que no tiene que darle más vueltas?, qué curiosidad antropológica me ha entrado. No lo sé, pero de lo que sí estoy segura es de que más de uno y más de dos necesitaría una alineamiento de esas cosas, o de otras, ya que nos ponemos. Y si duele, pues que duela.

Primera boda

En su primera boda la novia llevó un vestido azul, zapatos blancos, un calcetín subido y el otro bajado. El novio se estaba comiendo un caramelo aunque durante la boda lo escupió y se lo guardó dentro de la mano. La ceremonia la ofició el hermano mayor del novio con un simple, ¿os queréis casar vosotros dos? Y ellos dijeron sí con la cabeza mientras los demás se reían mucho y el perro ladraba muy nervioso.

El vehículo elegido para el viaje de novios fue el cochecito del bebé, que cuidaban entre todos. La mayor lo sacó y lo cogió en brazos para que los recién casados pudieran subirse dentro y ser conducidos hasta el final de la calle donde los volcaron encima de un montón de arena.

El novio le dió un lametón en la cara a la novia,lleno de babas y caramelo, y la novia se frotó con asco la mejilla intentando disolverlo. Les entregaron al bebé porque ahora tenían un hijo y lo estuvieron paseando un rato alrdedor del tobogán hasta que a la cuarta vuelta se cansaron. El novio tenía mocos y la novia se hacía pis.

Pronto, a la edad de seis años, descubrieron lo aburridos que son algunos matrimonios.

(Cuaderno de DM)

Señor dentro de un libro

Creo que el padre de Miriam no es de verdad, es un padre pintado que vive dentro de un libro muy viejo, uno de esos libros de hojas amarillentas y tapas comidas por los bordes. Estoy casi segura de que se aloja en las hojas del centro, las que son satinadas y tienen el dibujo de unos señores antiquísimos fumando en pipa y hablando alrededor de una mesa de patas curvas. Uno de ellos es su padre pero yo no se lo voy a decir, por si se enfada.

Ayer me los encontré a los dos por la calle, salían de una oficina bancaria, el padre con los pantalones planchados con una raya perfecta, imposible de conseguir en la realidad, y unos zapatos tan lustrados que se reflejaba en ellos la ciudad entera: edificios, coches, viandantes y el autobús 26, todos marchando al paso del señor que vive entre páginas.

Nos paramos a saludarnos y la conversación eataba siendo corriente y normal hasta que a él se le escaparon unas cuantas palabras que confirmaron mis sospechas como “en puridad, malandrín, verbigracia y a fuer”. Mientras hablábamos se sacó un pañuelo del bolsillo del pantalón, quién que no viva en un libro lleva hoy en día pañuelos de tela en los bolsillos, y se secó la calva sin que hubiera necesidad, por usar el pañuelo nada más. Relucía tanto como los zapatos y a ella también se le pegó la calle volteada y curva.

Luego el viejo echó a andar muy deprisa y Miriam, antes de salir corriendo detrás, encogió los hombros y me dijo: pero, ¿qué le pasa ahora, dónde va a toda leche?

Está más que claro que el señor pintado quería volver cuanto antes a su libro porque solo ahí, prensado entre sus páginas centrales, se debe de sentir agusto y en su medio. Ahí no desentona su lenguaje y el propio olor a polvo que desprende su ropa planchadísima se confunde con el de las páginas formando un perfecto todo.

(Cuaderno de DM)

Esme escribe (y esto le sale)

Queridos amigos de Alfa Centauri y lugares colindantes.

( No, habíamos quedado en que ellos no saben que se llaman así, entonces solo queridos amigos, pero tampoco porque ni queridos ni amigos todavía. Así que…)

Hola a todos.

( Sí, eso sí, no compromete y queda bien)

Hola a todos los de fuera.

(Porque si nosotros estamos dentro, ellos tienen que estar fuera por narices. Esto es de primero de Barrio Sésamo)

Hola a todos los de fuera, os escribo desde un planeta llamado Tierra, soy una humana, ¿qué tal? Espero que estéis pasando unas felices fiestas en compañía de vuestros seres queridos.

(Pero no, qué digo, si eso es lo de las tarjetas de Navidad, es que hace tanto que no escribo una carta que ya no sé ni cómo se hace)

Por cierto, ¿tenéis Navidad?, de buena os habéis librado. Pero a lo que os iba, vamos a mandar unas sondas para inspeccionaros, no os asustéis, vamos en son de paz ( de momento y hasta que nos apetezca quedarnos con algo de lo que veamos o con todo, jajajaja). Seguro que vuestro planeta no es tan bonito como el nuestro. El nuestro está lleno de maravillas y preciosidades, como el parque del Retiro, lugar desde donde os escribo en estos momentos.

El problema, señores de ahí fuera y cuando digo señores incluyo también al sector femenino, caso de que estéis divididos en dos sexos, no empecemos ya a enredar con el lenguaje políticamente correcto que es algo que me pone de los nervios, leches.

El problema, señores, decía, es que nos ha dado por cargarnos todas nuestras maravillas y lo que te rondaré moreno. Somos una especie altamente destructora. Como ya nos va quedando menos que romper, manchar y ensuciar y los recursos se nos acaban porque somos muchos y muy mal avenidos, nos pegamos y nos matamos por menos de nada, hemos decidido inspeccionar por ahí para ver en qué otro planeta podemos aposentar nuestros traseros y empezar otra vez desde cero (cero es un número) a repetir los mismos errores.

(Tal vez estoy siendo demasiado sincera para ser la primera misiva, debería dejarlo en venimos en son de paz y ya nos irán conociendo. Sí, mejor.)

Venimos en son de paz aunque somos un poco chungos (para que luego no digan que les hemos querido engañar), bueno, chunguitos. Y hablando de chunguitos, pinchad en el banner y veréis qué música hacemos. “Dame veneno que quiero morir, dame venenoooo”.
(Esta mejor no, ahora que lo pienso, no se lo vayan a tomar literalmente y se nos desencadene una guerra bacteriológica por un clícame allá ese banner. Pues la de “si me das a elegir, me quedo contigo”, más bonita no puede ser, les va a llegar al alma, ¿tendrán alma o será como aquí que algunos dicen que sí, otros que no y a otros les da lo mismo?)

Tengo muchas preguntas que quiero hacer, pero por ser esta la primera misiva que os mando sólo os haré dos o tres (son números, también, como el cero): ¿Sois mortales como nosotros?, ya me supongo que sí porque si las estrellas lo son, eso lo sabemos, también lo serán sus moradores, hay que jo…yo no me quiero morir aunque tampoco vivir eternamente ¿qué quiero entonces?, no lo sé, me estoy liando ¿Sois inteligentes como sólo unos pocos de nosotros entre los que me hallo, no es por nada?, y por ultimo, ¿a qué dedicáis el tiempo libre?

Adiós y hasta la próxima misiva. Porque habrá más. Que paséis buena tarde.

Firmado: una mujer de la Tierra de nombre Esmeralda.