Día: 3 abril, 2016

Hueco

Ya no está el árbol que me gustaba mucho. No sé de qué especie era, nunca lo supe, era simplemente el árbol. Si supiera dibujar, dibujaría árboles y si dibujara árboles serían casi todos como era él.

Sus ramas se extendían de forma equilibrada en todas las direcciones, parecía un árbol generoso, gentil, y estaba igual de bello en su desnudez de invierno mostrando su esqueleto perfecto que cuando amarilleaba en otoño o aparecían unos pequeños brotes redondos similares a flores que luego se volvían hojas, en primavera.

Tenía hasta un hueco en el tronco como los árboles de los cuentos, un nido trenzado en una rama. Hubiera valido para colgarle un columpio, para hacerse una casa de madera en su copa, para sentarse pegado a su tronco bajo su sombra escuchando a los pájaros o la musiquita de sus hojas cantantes.

Muchas mañanas cuando pasaba por delante apoyaba un rato la mano en él como si le hablara. Algunas veces hasta le hablé pidiéndole fuerza, imaginando que era el dios de los árboles. Ayer volví a pasar por allí y no estaba. Pensé que me había equivocado y retrocedí y avancé para asegurarme. No, no me estaba equivocando, había un espacio vacío, un gran hueco, una presencia fantasmal y un mirlo desahuciado buscando gusanos en el suelo triste.

(Cuaderno de DM)

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