Día: 13 abril, 2016

Los libros hablan (a algunas)

Parece ser que la extraña santidad de la Esme es una enfermedad de larga duración, esperemos que no cronifique. Esta mañana mientras la Morganina y la que esto escribe paséabamos por el parque, ella en el interior de su cochecito cantando sus arias y yo empujándola alegremente, he visto a mi amiga esriñonándose por los suelos. Pues estaba el suelo de barro que como para hozar en él.

Pero, Esme, ¿sigues en las mismas o es algún tipo de gimnasia de nueva creación apta para las de tu edad, aunque a primera vista no lo parezca? Eso de estar de rodillas por el barro no lo veo yo muy práctico.

Déjame, hermana cretina, me contesta en su más escogido estilo, estoy llevando a esta pobre hormiga descarriada hasta su casita, se había perdido y vagaba como himenóptera sin cencerro.

Hija, Esme, sí que te ha dado fuerte, haces el bien hasta a las hormigas, me impresionas aunque no sé si para bien o para mal.

Es que, mira, me dice ella levantándose y sacudiéndose los barros y los lodos, estaba leyendo ayer un libro que me he sacado de la biblioteca y observa que frase llegó hasta mí: “si deseamos verdaderamente acumular virtudes y atesorar méritos tenemos que amar no sólo a los hombres sino a los animales, pájaros, peces, insectos y en general a todos los seres. Por pequeños que seamos nos anima el mismo tipo de vida, todos estamos arraigados en la existencia y del mismo modo tememos a la muerte”.

Es bonito, sí, pero de ahí al rescate de hormigas, no sé yo.

Es que ahora el espíritu del bien me habla a través de los libros. Y no estoy loca ni drogada ni me se me ha ido la pinza como he leído en algunos comentarios de tu sacro santo blog. Serán hermanos capullos… entendiendo por capullos lo que precede a la flor.

Como he debido de poner cara de escéptica ante eso de que los libros se dirigen a ella con mensajes, se me ha enfadado levemente su santidad.

No me creas si no quieres, a mí qué, tengo cosas más importantes que hacer que tratar de convencerte. Voy a abrir el mismo libro al azar a ver qué me envía ahora. “Qué corta sería la vida si no tuviera momentos desagradables que la vuelven interminable” ¿ves?

Yo no veo nada, Esme, es una frase y es buena, pero no veo que te esté diciendo a ti nada en particular.

Hermana bruta, tú qué sabras, Silvina me entiende mejor, me dice señalando el nombre de la autora del libro que dice que le habla, una tal Silvina Ocampo.

Y ahora pongamos la radio, a ver qué nuevos hermanos aparecen hoy en el culebrón panameño. Arrepentíos todos, se pone a clamar, el fin está cerca. Y cuidado, Eva, levanta las pezuñas que estás pisando un inocente gusanito.

¿De qué fin hablas, Esme?, le pregunto no sin cierto temor a que algún libro le haya revelado el apocalipsis universal.

De ninguno, mujer, o puede que de muchos, finales hay todos los días, que no te entre el hermano canguelo, era sólo para poner emoción a la mañana, la vida es muy sosa sin condimentos.

Ah, bueno, pues si se trata de eso…