Día: 23 abril, 2016

Señor dentro de un libro

Creo que el padre de Miriam no es de verdad, es un padre pintado que vive dentro de un libro muy viejo, uno de esos libros de hojas amarillentas y tapas comidas por los bordes. Estoy casi segura de que se aloja en las hojas del centro, las que son satinadas y tienen el dibujo de unos señores antiquísimos fumando en pipa y hablando alrededor de una mesa de patas curvas. Uno de ellos es su padre pero yo no se lo voy a decir, por si se enfada.

Ayer me los encontré a los dos por la calle, salían de una oficina bancaria, el padre con los pantalones planchados con una raya perfecta, imposible de conseguir en la realidad, y unos zapatos tan lustrados que se reflejaba en ellos la ciudad entera: edificios, coches, viandantes y el autobús 26, todos marchando al paso del señor que vive entre páginas.

Nos paramos a saludarnos y la conversación eataba siendo corriente y normal hasta que a él se le escaparon unas cuantas palabras que confirmaron mis sospechas como “en puridad, malandrín, verbigracia y a fuer”. Mientras hablábamos se sacó un pañuelo del bolsillo del pantalón, quién que no viva en un libro lleva hoy en día pañuelos de tela en los bolsillos, y se secó la calva sin que hubiera necesidad, por usar el pañuelo nada más. Relucía tanto como los zapatos y a ella también se le pegó la calle volteada y curva.

Luego el viejo echó a andar muy deprisa y Miriam, antes de salir corriendo detrás, encogió los hombros y me dijo: pero, ¿qué le pasa ahora, dónde va a toda leche?

Está más que claro que el señor pintado quería volver cuanto antes a su libro porque solo ahí, prensado entre sus páginas centrales, se debe de sentir agusto y en su medio. Ahí no desentona su lenguaje y el propio olor a polvo que desprende su ropa planchadísima se confunde con el de las páginas formando un perfecto todo.

(Cuaderno de DM)