Día: 27 abril, 2016

Segunda carta a los alfacentaurenses

Hola a todos los de por ahí. Iba a decir los de ahí fuera pero me han dicho que no lo diga porque lo que es fuera para mí puede ser dentro para vosotros o todo para todos. Espero que os encontréis bien de salud tanto física como mental. Yo no tanto últimamente y ahí lo dejo. No quisiera convertir esta segunda epístola en una narración pormenorizada de dolencias. Más adelante, si eso. Cuando gocemos de mayor confianza y ya se pueda estropear la relación convenientemente.

Una cosita quería pediros si no es mucha molestia, ¿podríais, en algún ratillo suelto que tengáis, pasaros por mi casa y abducir a mis dos hijos? No digo yo que para siempre, me conformo con una temporada. Las criaturas están poco viajadas y no les vendría mal ver mundo exterior (o interior, que ya no sé ni dónde me hallo). De paso les enseñáis vuestro idioma para que lo puedan poner en el currículum. “Alfacentaurino, nivel medio”, lo estoy viendo. Si con eso no los coloco, apaga y vámonos.

Pero no apagéis todavía la conexión, amigos de por esos espacios interestelares, que aún quiero pediros algo más. ¿No tendréis, por un casual, un agujero negro que os pille a mano? Lo digo porque cuando vengáis a por mis hijos, ya de paso, os podríais llevar la bicicleta estática, que no sé para qué leches me la compré y la tiráis ahí, donde no moleste.

Diréis que qué os doy yo a cambio de todo esto. Desde luego, qué interesaditos sois los de Alfa Centauri, ¿es que no podéis hacer favores por el simple placer de hacerlos? Gentuza, digo, perdón, guapos. Yo, a cambio, os entrego esta misiva o epístola y las que seguirán. ¿Acaso os había escrito antes algún terrícola? Seguro que no, si estábais más solos y más aburridos que ni sé hasta que he llegado yo. Vuestra vida carecía de emociones y alicientes, tristes alfacentaurenses. Gracias por lo menos, ¿no?

No me falléis, seres de allende la galaxia, tengo puestas en vosotros casi todas mis esperanzas.

Atentamente: Esmeralda.