Pepe

En verano el campillo se llenaba de espigas. Al arrancarlas se transformaban en flechas que se clavaban en la ropa y en el pelo. Por la tarde llegaba Pepe subido en una bicicleta roja, derrapaba levantando polvo y se reía. Hubiera querido que me lanzara a mí todas las espigas, a nadie más.

Pero Pepe más que nada era un guerrero y repartía los espigazos entre todos, sin hacer distinciones, con la única intención de ganar. Casi siempre vencía porque era el más rápido corriendo y agachándose, el de la mejor puntería y los más hábiles saltos.

¿Y a mí qué su victoria? Yo me iba quitando a manotazos las espigas clavadas que pinchaban y picaban a la vez y hacía como que me interesaba el juego, corriendo de un lado a otro, fingiendo esquivar ataques, participando a medias.

Mi atención no estaba puesta en la batalla ni mis fuerzas dedicadas a la lucha en equipo, sólo me importaba uno de los soldados, para colmo enemigo: Pepe el de la bici roja, el de las rodillas costrosas, el que una noche en el hueco de la mano llevaba una luciérnaga.

(Cuaderno de DM)

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33 comentarios en “Pepe

  1. Cuanto Pepe Pánfilo hay en esta vida, no se enteran de nada, ni donde está el calor de una mirada. Tanta testosterona ciega…

  2. Recoger espigas era mi entretenimiento preferido al ir y volver del colegio. Se las tiraba a mis hermanas y si conseguía que llegasen al colegio con alguna espiga, me daba por satisfecha. También me gustaba volver del colegio dándole pataditas a una piedra. Echo de menos las espigas.

    1. Yo las luciérnagas, ya no veo nunca, creo que ya no existen. Lo de dar patadas a las piedras es muy entretenido. Y gracias por leerte tres seguidas, me vas a tomar manía. Puedes saltártelas, me seguirás cayendo muy bien.

  3. Así que estabas bien coladita, hasta el tuétano…¿No sería Pepe, el defensa del Real Madrid? Muy bonita la historia, se supone que es siendo niños. Recuerdo un amor platónico que tuve de niño, cuando jugábamos chicos y chicas del barrio en la calle. Ella se llamaba Carmen y nunca me hizo ni caso, y yo me deshacía por ella, sin espigas pero sí otros juegos. Era rubia, y su hermana Montse morena (¿por qué no me enfoqué en Montse, que de hecho estaba muy bien?). Pero a Carmen le gustaba Jaime, que era mi rival y mi vecino del primer piso. Ainsss…algunos ya nacen estrellaos. Años después Carmen se casó con un papanatas del barrio, y desde luego en tantos años ni caso…Que le den.

  4. Pues eso. Que les den. Como conclusión está muy bien. Me hacen mucha gracia tus comentarios, son muy explicativos. Si me gustara el fútbol sería del Atlethi. O sea, que no era ese Pepe.

  5. Y estos amores deben ser así, no correspondidos, secretos, utópicos y grandiosos. Si fueran de otro modo, no podríamos después contar las preciosas historias que dejaron en nuestras almas. Todos, todas hemos tenido un amor así; algunos los recuerdan y los transforman en palabras que nos remueven recuerdos. ¡Gracias, doña Marga!

      1. 🙂 o como dice Sabina… ‘no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió’. Y es que los desamores crean canciones y libros más buenos que los amores 🙂

  6. Hasta las espigas podían se juguetes. Y las luciérnagas salían como chispas nocturnas a iluminar las noches de ilusión. Pero también lo hacían las ratas, las culebras, los sapos, las ranas, los escarabajos, las cucarachas, los erizos… y hasta los terribles «murgaños» y las abuelas nos decían:
    «Cuidado con el murgaño, que al que le pica el murgaño no come pan en un año».
    Y la imaginación, que siempre ha regido las inteligencias, nos hacía vivir y pensar de otra manera.

  7. Las mujeres mayores hablaban del murgaño con toda certidumbre. No sé si nos asustaban a los chicos o, de veras, existía. Dicen que era como una víbora pero con dos patas y cuerpo cilíndrico.
    Nunca he visto ninguno y me inclino a creer que eran víboras que, por sus costumbres nocturnas, solían picar a los pastores cuando, por las noches, dormían embozados en el campo.
    Pero tengo que reconocer que la existencia de los murgaños, como diría Lolita Cospedal, no me consta.

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