Día: 8 mayo, 2016

Poema desastre

Los poemas son como cajones vacíos, puedes guardar en ellos todo lo que quieras. A este he decidido meterle unas lilas. Me gustan las lilas por lo bien que huelen aunque duren tan poco. Me va a quedar un poema de lo más perfumado y efímero. Ya lo tengo, aquí están las efímeras y perfumadas lilas en el poema-cajón, pero ahora me parece poca cosa. Lilas solas, así, sin más, solo dan forma a un poema soso y que nada dice.

Debería añadirle algo malo, introducir cualquier elemento desagradable para darle fuerza, intensidad poética, y de paso contrarrestar a las lilas que son bonitas pero, admitámoslo, también bastante cursis. Que no se diga, ahí va con todo su peso pesado una buena ración de cansancio de la vida. Me sacudo las manos y miro dentro: lilas y cansancio de la vida.

El caso es que no termina de convencerme porque la vida me cansa y a veces hasta la aborrezco pero también la amo y la amo mucho. Por eso vuelco dentro una dosis de amor similar a la que puse de cansancio. Suavemente cae, haciendo un ruido como de arena, alegre.

Cierro el cajón ya más satisfecha con la composición pero al rato recelo, ¿no se estarán peleando esos dos por ver cuál prevalece? Merodeo alrededor dudando y de golpe abro, para pillarlos. Lo que me temía, se han peleado y ahora hay sangre por las esquinas y un revoltijo informe que ya no se sabe qué es. Ahora se parece más a la vida sin poemar: manchada, sudorosa, confusa y nunca lineal ni igual a sí misma. Luminosa a veces, oscura otras.

Y las lilas del inicio, vaya desastre, están espachurradas al fondo. Para el próximo poema que no se me olvide: lo malo a un lado del cajón, lo bueno al otro y las flores siempre al final, siempre encima. O fuera, en un jarrón.

(Cuaderno de DM)