Las tías fluviales

Teníamos unas tías que vivían en una ciudad con río, un río de verdad, no como el de Madrid, un río caudaloso y vivo. Esas tías venían todos los meses de mayo a pasar unos días a nuestra casa, con gran susto de mi madre, que ya antes de que llegaran se ponía nerviosa y empezaba a decir, “a ver cuándo se van, a ver cuándo se van, son muy buenas pero muy pesadas y no saben irse”.

Una de ellas era muy ancha y pechugona con unas piernas muy finas que le salían de los costados. Se llamaba Leonor pero mis padres le llamaban el Armario cuatro cuerpos y luego, para abreviar, la Cuatro. A la otra, Mercedes, le pusieron de apodo la Sota de bastos porque era alta, tiesa y de gesto serio.

La Cuatro y la Sota nos traían de regalo unos caramelos llamados adoquines y una caja de galletas surtidas pero a cambio teníamos que dejar que nos llenaran las mejillas de manchas de carmín y que nos asfixiaran con abrazos muy largos y apretados como si fuéramos niños objeto.

La mayor parte del día se lo pasaban sentadas en el sofá haciendo lo que ellas llamaban “sus cosas”, que no era nada visible, y hablándonos del río como si fuera un hijo ya crecido al que hubieran dejado solo y del que no se fiaban lo más mínimo. Esperemos que no haga nada, decía la Sota. Esperemos que se comporte, le contestaba con cara de disgusto anticipado la Cuatro.

Y a continuación pasaban a relatarnos sucesos relacionados con el río que siempre acababan en alguna muerte truculenta, pues según ellas era un río furioso al que había que temer. En esos sucesos casi siempre aparecía una de las dos como protagonista estelar desafiando y venciendo con misteriosos poderes al río mítico y evitando así muchas más muertes y desgracias.

Era un poco extraño que la Cuatro y la Sota, con sus sombras azules sobre los párpados, su olor a perfume mareante y sus labios pintados de lo que ellas llamaban “coralino” fuesen la especie de heroínas fluviales que aseguraban ser pero tal vez tenían poderes ocultos y se transformaban cerca de su río en intrépidas supermujeres.

Para confirmar si lo que nos contaban era cierto le preguntábamos a mi madre pero ella sólo repetía, “son buenas pero muy pesadas, no saben irse, no saben irse”, frase que no respondía en absoluto a lo que queríamos saber sobre las misteriosas tías que hacían cosas invisibles, tal vez almacenar fuerzas para enfrentarse al río, sentadas en el sofá.

(Cuaderno de DM)

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39 comentarios en “Las tías fluviales

  1. Me da lo mismo repetirme, pero es que un relato genial y redondo (retoma el “leitmotiv” inicial de la madre al final) que incluye frases como estas:
    -“Abrazos muy largos y apretados como si fuéramos niños objeto”
    -“Hablándonos del río como si fuera un hijo ya crecido al que hubieran dejado solo y del que no se fiaban lo más mínimo”
    -“Tal vez almacenar fuerzas para enfrentarse al río, sentadas en el sofá”
    Es lo que hace que yo considere un texto LITERATURA. Y me dirás… “me salen solas” y yo te creeré, porque el verdadero escritor saca de sí palabras como el mago conejos de su sombrero. ¡No tienes idea cabal de lo buena escritora que eres!

    1. Pero sí de la suerte que he tenido encontrándote a ti como lectora. Y ya lo dejamos aquí o nos vamos a tener que hablar en el cajón del spam donde no se nos oiga.

      1. 😀 😀 😀 el peligro de los buenos escritores hoy en día, es que os dais a conocer en blogs y quedáis a merced de fans plastas como yo 😀 😀 Lo dejamos aquí, pero como dice Terminator… «¡Volveré!»

  2. Genial, muy descriptivo y entrañable una vez más. Suscribo el comentario de Martes de Cuento. Vaya apodos y vaya pintas de marujonas totales, me ha hecho gracia tu ironía de que siempre se describían como heroínas realizando alguna proeza para evitar las calamidades del terrible río, más malo que el más travieso de los niños. Y el preguntarse si aquellas mujeres con sombras de ojos y labios pintarrajeados eran superwomen camufladas. Muy graciosa la letanía que repite tu madre, esto se da mucho entre las familias cuando no aguantamos a tal o cual pariente. ¿Ves? Siempre me sale mi vena orientalista, como lo del Tercer Ojo. Este río me hizo pensar en el río de la novela Siddhartha, un río que con su devenir y el llevárselo todo por delante tiene un enorme poder simbólico.

      1. No soy monje tibetano, pero la atracción que siento por ese mundo es muy fuerte, sin ganas de hacerme monje. Siempre el Buda…¿Kármico nombre? Explícate, eres la primera persona que aparentemente repara en eso…

      2. Porque quiere decir lo que va, vuelve o lo que se da, se recibe, más o menos. Y eso es bastante kármico. Pero, vamos, que era un broma.

  3. Pero acertaste, quería ver hasta qué punto lo habías pillado. El knickname viene del tema musical “What goes around comes around” de Justin Timberlake. Justamente se refiere a eso, lo que anda por ahí acaba volviendo a ti, una especie de ley del boomerang o kármica, acertaste el sentido (difícil traducirlo). Sigues respondiendo fuera del responder, no me entero…

  4. Doña Marta y su visión mágica del mundo… la echaba de menos 🙂
    Me encantan sus tías, las dos, la Cuatro y la Sota. Me recuerdan a la gente más mayor del pueblo donde viven mis padres, que hablan del pantano cercano como si fuera parte de la familia, con sus buenas y malas noticias, las idas y venidas, la vida misma… 🙂
    Que bonito leerte de nuevo…
    Besos.

  5. Es que al lado de los ríos crece la vida y las dos tías besuconas se nutrían de su fortaleza como todos los seres mágicos. Igual eran un par de brujas… o no.
    Paloma, niña, me quito el sombrero ante cada uno de tus escritos. En este, te has superado. Y comparto todo lo que te ha dicho Martes, que lo sepas.
    Besazos admirativos.

    1. Eran como dos deidades disfrazadas de señoronas, un poco pesadas aunque muy cariñosas. Gracias, María, no me gustan mucho los halagos. Bueno, me gustan, no voy a ser falsa, pero me avergüenzan. Muchísimos besos.

  6. Tus textos son divertidos pero en absoluto banales. Se leen sin sentir. Y los resuelve impecablemente en las últimas líneas, que es donde el artista se juega la vida.
    No recuerdo ningún texto que me haya defraudado. Si me permites una pequeña crítica, te diré que en ocasiones encuentro insuficiente la puntuación. Los puntos y las comas son como los silencios musicales: necesarios. Por supuesto, es sólo una opinión. Saludos cordiales.

    1. Gracias, Antonio por el comentario y también por la crítica. Estaré más atenta a la puntuación. Me gusta que me señalen lo que no está bien, siempre se aprende. Un saludo

  7. Tal vez la lagartija y la perdiz fueran dos ondinas, en semana de descanso, procedentes de la ribera del Jalón ( lo digo por lo de los adoquines). Al Jalón lo menciono porque ante cualquier desmán solía decirse: “Hala, como el Jalón por la vega” dando a entender que este río brutico y maño él, pero que nace en la provincia de Soria (un poco de geografía nunca viene mal), tendía a desbordarse y arrasar las huertas.

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