El primo Cándido

Al primo Cándido le pusieron ese nombre sin saber que se plegaría a él y viviría siempre siendo lo que el nombre le había dicho que fuera. Era mucho mayor que nosotros, para mí un viejo caduco de veinte años o más, pero seguía yendo al colegio y pegando cromos de fútbol en un álbum.

Cuando estaba en casa se arrimaba a la ventana y retransmitía la realidad con todo el detalle y la minuciosidad de la que era capaz, que era bastante. Decía: viene el señor del perro negro, lleva una bolsa, los tres niños rubios corren, se encienden las farolas, llueve, llueve, llueve, se mueve una hoja, se mueve otra hoja, están haciendo una obra, pum, pum, pum, con las herramientas. Pájaros, nubes, el camión del pan, sacan el pan. Y así iba narrando,más bien para nadie, lo cotidiano de la vida.

Como vivíamos en la casa de enfrente, una tarde a la semana nos obligaban a ir a visitarlo. Cuando estábamos cruzando la calle sabíamos que nos estaría mirando por la ventana y anunciando nuestra llegada, lo cual era un poco inquietante. Supongo que para compensarnos por lo pesado y aburrido que era estar con él, su madre nos servía unas meriendas buenísimas y así, de paso, conseguía retirar a Cándido de la ventana y que se callara un rato.

Lo pasaba mal porque no podía comer a nuestra velocidad y cuando iba a coger algo que le gustaba con sus manos lentas, ya había desaparecido del plato. Pero no se enfadaba, sólo decía mirando a la lámpara y levantando los brazos: dame paciencia, dame paciencia, frase que seguramente oía con frecuencia a su madre porque ella se ponía un poco nerviosa y colorada cuando él la pronunciaba. Y así seguía durante bastante tiempo, le costaba mucho salir de una situación y entrar en otra.

Después de merendar, para que no se notara que sólo íbamos a comer, mirábamos un rato con él por la ventana. Una de las veces que estábamos mirando y deseando irnos a la vez, se cayó una señora y aunque todos nos reímos, a él ese incidente le produjo tal emoción y risa que pensamos que se iba a morir. Daba alaridos, hipaba y se daba palmadas en la cabeza, todos ellos síntomas clarísimos de muerte inminente. Se salvó gracias a que uno de mis hermanos le dio un golpe seco en la espalda y detuvo el ataque.

Una tarde, por el camino de vuelta a casa, mi hermana Elena, la mayor de las chicas, dijo que ella no pensaba volver a esa casa porque el primo Cándido, como quién no quiere la cosa, le había tocado el culo. De todas formas, ninguno tuvimos que volver porque Cándido se murió de golpe cuatro días después. No supimos si de risa, porque alguien más se había caído por la calle y no había nadie en ese momento para darle el golpe salvador en la espalda, o de cualquier otra cosa de las que, tonta e inesperadamente, provocan la muerte.

(Cuaderno de DM)

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38 comentarios en “El primo Cándido

    1. Esta mañana iba con prisa pero ahora te contesto mejor. Si alguna vez esto va al papel, por supuesto que para ti y para otros tres o cuatro que estáis ahí desde hace mucho, sería un regalo. Por majos.

  1. Las historias de DM tienen el poder de traernos cosas a la memoria, cosas rescatadas de otros tiempos, otras edades, otra vida… al menos a mi me ocurre prácticamente siempre que leo algo con su voz.
    También de alguna manera consigue que pensemos que esas cosas que le pasaron a ella y que también nos pasaron a nosotros, son universales. Que todos hemos conocido a algún Cándido en nuestra vida, que a todos nos han obligado nuestros padres a ir a visitarle con regularidad, a jugar con él, a aburrirnos con sus cosas mientras merendábamos algo rico, que todos hemos deseado no volver a verle. Que todos hemos sentido cosas extrañamente contradictorias el día que nos enteramos que había muerto de alguna de esas formas misteriosas en las que mueren los Cándidos de este mundo.
    Yo recuerdo a Fermín, que andaba con mucha dificultad, al que no entendía cuando me hablaba con su charla entrecortada y gangosa, al que dejaba ganar al tute y al cinquillo, el que fastidiaba dos o tres tardes de sol de mi verano en el pueblo.
    Recuerdo a Fermín a través de tu Cándido, DM. Y yo, desde que él murió, nunca más volvi a jugar a las cartas.
    Besos.

  2. Hola. Siempre intento comentar de la forma más breve posible, pero está claro que me es pero que muy difícil. Buahh…¿Tú tienes siquiera idea del descomunal talento que tienes escribiendo? Las cosas te salen aparentemente fácil, pero es que consigues describir con una maravillosa naturalidad situaciones e historias, dotarlas de la virtud de la nada fácil sencillez. Ya el primer párrafo es increíble, pero es que la primera frase para describir la condición y el nombre de Cándido es realmente extraordinaria. Después, como siempre, me he reído un buen rato. Se mueve una hoja. Se mueve otra hoja. El camión del pan, sacan el pan. Cosas que de alguna manera a todos se nos han pasado o pasan por la cabeza. El dame paciencia mirando hacia la lámpara, y lo lento que era que las cosas desaparecían del plato antes. Magnífico, sencillo, situaciones de niños y de no tan niños, sublime, totalmente desternillante. Y así hasta el final, incluyendo el ataque de risa y el comentario “síntomas clarísimos de muerte inminente”. No sé, tendría que pararme a pensar un buen rato, si ha habido algún equivalente de primo Cándido en mi vida. Por lo menos pariente no recuerdo demasiado. Sí algo quizá más lejano, con sentimientos contradictorios. Sin duda que existen estos seres extraños, difíciles de comprender, que muchas veces atraen las burlas de los otros. Como también existen los viejos prematuros, viejos de mente, de espíritu. Todos estos relatos sobre la niñez son increíbles, me planteé si yo sería capaz de sacar tanto del baúl de lo recuerdos, y explicarlo con mínimo detalle. Me costaría, a una parte de mí no le apetece para nada. Iba a lanzarte una pregunta, pero parece que el significado de DM es Doña Marga. Saludos.

    1. Te respondo por aquí porque como el comentario es largo no cabe por el otro lado, no es a mala leche, de verdad. A mí sí me gusta recordar, pero no todo, algunas situaciones, personas o momentos prefiero dejarlos enterrados. Tampoco todo lo que cuenta DM es autobiográfico, algo es suyo, otro se lo han contado y parte se la inventa o la modifica. Gracias y estoy de acuerdo con lo que dices de Eme, tiene mucha sensibilidad y escribe muy bien, sus comentarios son siempre muy bonitos. Los tuyos también, no tengas envida, jajaja.

      1. Por favor, no digas eso de “a mala leche”, nunca más. Si dije el otro día si lo hacías para putearme era de cachondeo. Suelo comentar casi siempre con una enorme y por lo menos pretendida carga humorística, todo o casi todo, como por ejemplo lo del sexo de las maniiquíes. Si no lo ves -que creo que sí- es que no me conoces aún. El tema comentarios es que simplemente muchas veces no respondes en responder, entonces uno sencillamente no se entera. Esta vez sí lo hiciste. Curiosamente vi un día en las opciones de configuración del blog que puedes delimitar el número de comentarios anidados a modo de respuesta. Lo busqué ayer por la tarde y no supe encontrarlo, manda huevos. Porque quise responderte como respuesta a lo de Ritter, Dylan, Bach y compañía y no tenía la opción de respuesta en mi post, fíjate qué ironía. (Es decir, que te contesté y tampoco sé si te enteraste y lo leíste). Un día en un largo intercambio de impresiones con Icástico vi cómo cada respuesta anidada hacía que el cajetín se hiciera más estrecho -ésa es la señal inequívoca- y hasta de coña estuve a punto de decirle “hey, que al final no cabremos en ese espacio tan estrecho”. Muy pertinente que señales que no te apetece recordarlo todo, claro, es una respuesta muy lógica. Lo que aún le da un carácter más extraordinario e intrigante a este tipo de entradas tuyas es que encima dices que sobre DM no todo es suyo, o que inventa y modifica cosas. Claro, tonto de mí, no pensaré que todo es autobiográfico. Pero manda huevos esa mezcla de fuentes de inspiración, eres la leche. No la mala, la leche, quiero decir.

  3. Jo, no , por qué lo has matado, le había cogido cariño!!!
    Yo creo que Candido vivía como hay que vivir: mirándolo todo como si ocurriera por primera vez… se nos olvida, se nos olvida.
    Eres mala por haberlo matado 😛
    Besos

  4. Que fuerte…. lo he visto, gracias a tu palabras lo he visto, he visto como hipaba de risa….

    Yo conocí a un ciego que se llamaba Candidé… era ciego y un poco pederasta, sobaba a las niñas del pueblo mientras les explicaba cuentos, era muy ocurrente y recitaba poemas larguísimos y antiguos de memoria. También era amargado, mucho… todos los ciegos lo son. No es para menos.

    Besos.

    1. Es que como los ciegos se guían por el tacto…me ha gustado mucho tu Candidé, con sus cuentos, sus poemas largos y su amargura. Pero no para ser niña de ese pueblo.

  5. ¡Pobre Cándido! Los romanos decían “Nomen est omen”, “El nombre es destino”, y en él se cumplió. No obstante, él era feliz. en estas circunstancias siempre pienso en las personas que hay cerca. La madre, ofreciendo ese soborno a base de comida, y teniendo esa paciencia que solo tienen los que mucho aman 🙂

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