El libro de los rostros

A mi padre le dio una temporada por leer un libro titulado “Caracteriología fisionógmica”. Se lo había comprado en una de las casetas de libros viejos de la Cuesta de Moyano donde iba algunos domingos por la mañana a pescar, decía. Normalmente pescaba literatura pero ,a veces, se traía libros que él llamaba de aprendizajes.

Ese libro pertenecía a esa categoría y explicaba, a través de dibujos y no mucha base científica, cómo era la personalidad de cada cual, según los rasgos de su cara y la forma de ésta. Rostro, nos corregía él. Le debía de parecer que rostro era más profesional que cara.

No era lo mismo tener unos ojos juntos que separados, una frente ancha que estrecha, unas orejas despegadas o al contrario. Todo lo que éramos o seríamos o podíamos llegar a ser estaba dibujado en nuestra cara. O rostro.

Él se lo tomaba muy en serio y se aplicó al estudio de ese libro en sus ratos libres, más bien pocos. Decía que esos conocimientos le iban a venir muy bien en su trabajo, en el trato con los clientes y colegas, para saber por dónde iba cada uno y actuar en consecuencia.

Lo que me imaginaba, decía cerrando el libro de golpe, Fernández Romillo es un ambicioso, esos labios finos…O: estaba claro, Tabarrés se aproxima al cretinismo. Así fueron cayendo en desgracia prácticamente todos los de su mundo laboral. Seguramente, ya habían caído antes y el libro solo le servía para reafirmar sus teorías previas.

Gracias a la detallada información del libro, donde estaban dibujadas narices, bocas,mentones, ojos, frentes de todos los tipos y diferentes combinaciones de todo ello, iba examinando caras, especialmente las de los que le caían mal. Casi ninguno se salvaba de llevar horribles defectos esculpidos donde más se ven.

Elena, Elena, gritaba de pronto, alarmado, llamando a mi madre. Tu hermano, tu hermano.

¿Mi hermano qué, que viene a comer?

No viene y mejor que no venga. Es materialista, glotón y puede que putero. Esto último lo decía por lo bajo. Los labios bembones, los tiene. Clavados, clavados.

Pero qué dices, si Andrés es una bellísima persona, ¿Y por qué no analizas la cara del tuyo?, le contestaba mi madre, molesta. Pero él se encendía un cigarro y sin hacer caso seguía leyendo el libro aquel.

Y al rato: Elena, Elena, el médico, hay que cambiar de médico.

Pero, ¿por qué? Yo estoy contenta con don Pedro, te trató la úlcera.

Se curaría sola, él no fue, no termina lo que empieza, es cobarde, mira este mentón retraído, el suyo, el suyo.

Así siguió durante bastante tiempo hasta que se cansó de ese aprendizaje, seguramente porque ya nos tenía fichados a todos y abandonó el libro. Algunas tardes de lluvia que no sabíamos muy bien qué hacer, lo sacábamos de la estantería y nos estudiábamos las caras unos a otros en busca de rasgos delatores.

No descubrimos nada demasiado anormal ni significativo en ninguno, hasta en eso éramos del montón, excepto mi hermano segundo que tenía claramente mandíbula de asesino. Él intentó aprovecharlo a su favor para intimidarnos, pero no lo consiguió demasiado.

Era un potencial asesino demasiado cotidiano, iba en pijama, tomaba colacao con galletas espachurradas dentro, ni pizca de miedo daba.

(Cuaderno de DM)

Anuncios

50 comentarios en “El libro de los rostros

    1. Bueno, esas caras existen. Aunque me tendrías que decir si coinciden o si el que creías asturiano resultó ser andaluz. Besos, Rubillamas y gracias por comentar.

  1. De verdad que sí que en los libros vemos, sobre todo, lo que queremos ver y a menudo buscamos en ellos base y corroboración a nuestras propias convicciones.
    Hay caras muy difíciles de ver y sería fácil pensar que el que la tiene es malo, pro conozco a muchos que son grandes personas 😉
    Lo mejor para ese señor hubiera sido aplicar el principio de mi abuelo: «No te fíes de nadie que tenga nariz y aún fíate menos del que no la tiene, porque por algo se la habrán cortado» 😀 😀

  2. ¿Fisionógmica? Jaja…¿existe la palabreja? Vaya neura, qué divertido y a la vez qué peligroso. Así fueron cayendo en desgracia prácticamente todos los de su mundo laboral. Seguramente, ya habían caído antes y el libro solo le servía para reafirmar sus teorías previas. Efectivamente, los libros solo servirían para confirmar neuras ya preexistentes, o manías hacia todos los que le caían mal. Si lo entiendo, de tener yo el libro me lo pasaría en grande. Cómo me he reído con lo del hermano, que no viene a comer, y lo del médico. Y puede haber asesinos que mojen las galletas en colacao y vayan en pijama, seguro, bastaría repasar tantas series de absolutos pirados y enfermos lunáticos, tipo Mentes Criminales…”Con el cuchillo y despeinado”…es que me recordó a El Resplandor, fijo.

    1. Sí, lo del pijama no te convierte en inocente. En realidad, nada te convierte en inocente. Mira a los nazis, se preocupaban de los animales, amaban la música y lo mismo hasta desayunaban colacao.

      1. Cuidado entonces con los pijamas, aunque algunas mujeres en pijama…(ya empiezo). Colacao y nazis, da para una investigación y tesis doctoral. ¿Si la cara es el espejo del alma? Creo que no. ¿La mirada? Muchas veces sí. Aunque huyo de estereotipos.

      2. El otro día oí decir a una fotógrafa, a Cristina García Rodero, que ella se fija más en las bocas que en los ojos, que transmiten más la personalidad. No sé, la verdad, tendría que mirar el libraco otra vez.

      3. Mientras el libraco no sea como el del protagonista del post…Puede ser lo que dice la fotógrafa. En lo que sí creo es en el lenguaje corporal y en lo que transmiten las expresiones faciales. La serie Miénteme, Lie to Me, ya nos dio toda una cátedra del tema…

  3. Para analizar un rostro, basta con observar el marco cráneo facial y los receptores (ojos, nariz, boca). Una boca apretada y unos labios delgados, por ejemplo, indican que la persona es selectiva y ahorradora. Mientras que una boca grande con unos labios carnosos significa que a la persona le gustan las cosas buenas que la vida le ofrece y quiere disfrutar sin demasiado discernimiento, aunque más adelante pueda lamentarlo.

  4. No se puede dar miedo si uno mete las migas de las galletas en el colacao, eso seguro. Por falta de tiempo no estoy pudiendo darle a esto de los blogs toda la caña que me gustaría, pero que te quede claro que te leo siempre. O casi. No sea que me vaya a perder una entrada tan genial como esta por descuido xD

    1. Tú traquilo, Holden. Lee cuando puedas y quieras y lo mismo con los comentarios ¿No te ha dado miedo el de las galletas con colacao? Pues no te fíes, jajaja.
      Muchos besos.

  5. Las personas que van en pijama y beben colacao con galletas espachurradas son los peores, a mi me dan miedo… pero tengo que reconocer que soy muy miedoso.

  6. Cuando hablas, habla, de tu/su padre, me hace recordar tantas y tantas cosas que …
    Esos recuerdos, bien contados, son nuestro patrimonio. Bendito cuaderno, Eva.
    Un abrazo y feliz miércoles.

  7. Pobre, un asesino del montón, jajaja. Oye, pues que angustia ese libro, me imagino analizando la fisionomia de todo el que conozco y se me ponen los pelos de punta!

  8. El padre de DM debe ser tal cual nos lo hace imaginar, uno de esos soñadores que se pierden en cualquier teoría y que se olvida de todo lo demás real que tienen alrededor. ¿Porqué será que se me hace que DM se parece mucho a él? 🙂
    Besos a montones.

  9. Los libros curiosos siempre embaucan. Se guardan como los recuerdos y dan fe de nuestra candidez. A veces se venden porque, si da dinero algo tan simple como el fútbol, cómo no va a darlo algo mucho más imaginativo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s