Madres gallinas

Todos queríamos tener perro o gato o las dos cosas. Los Carapeto tenían un pastor alemán muy guapo. A mi padre no le gustaba, decía que era un perro de la Gestapo y que le olisqueaba los zapatos con aviesas intenciones. Otros vecinos también tenían mascota. Lo pedíamos casi todos los días y varias veces, insistiendo hasta la pesadez, pero no nos hacían caso. Sí, lo que nos faltaba, bichos por la casa. Esa era mi madre, para ella todos los animales eran bichos

Lo que sí teníamos era un canario en una jaula que se llamaba Txoria, pájaro en euskera, aunque le llamábamos Chorizo. Nos tenía manía a todos y en cuanto nos acercábamos a la jaula abría las alas y hacía un ruido muy feo y amenazante con el pico. Ahora entiendo la agresividad de Chorizo, vaya porquería de vida que tenía. Solo, enjaulado y rodeado de humanos pirados.

Entonces se me ocurrió una idea buenísima que no sabía cómo no habíamos pensado antes ninguno: podíamos tener pollitos si incubábamos los huevos de la nevera. Se lo dije a mi hermana y se entusiasmó tanto como yo, cosa rara porque siempre mis ideas le parecían idiotas o si le gustaban les daba la vuelta para hacerlas suyas. Por fin tendríamos mascota y seríamos madres a la vez. Ella quería ser madre para castigar a sus hijos y yo por que sí, para hacer cosas de madres como bañarlos, principalmente. A mis hermanos no se lo dijimos porque ellos no podían incubar, eran gallos. Además estaban jugando al fútbol, como siempre.

Sacamos dos huevos de la nevera, los envolvimos en toallas y nos sentamos encima con mucho cuidado de no aplastarlos, en realidad no nos sentábamos del todo por lo que la postura requería mucho esfuerzo. Qué aburrida, incómoda y pesada era la gestación, no habíamos caído en eso. Cada cinco minutos nos levantábamos a mirar. ¿Te ha nacido el tuyo? Este todavia no. Y volvíamos a lo mismo. Si notas un ruido como de que araña con el pico, me avisas. ¿Notas ruido? Pues no, el pollo estaba dormido, lo más seguro.

Ya no nos estaba pareciendo tan buena la idea. Como a la hora de cenar no habían venido al mundo los hijos pollos, los colocamos encima del radiador. Eso se le ocurrió a mi hermana, había que meterles calor para que se asfixiaran dentro y así quisieran salir a respirar. Ese era el truco del nacimiento, si estaban confortables jamás querrían salir a este mundo tan poco cómodo.

Mientras cenábamos la tortilla francesa de casi todas nuestras noches, con un poco de asco, al fin y al cabo era un potencial hijo mascota batido y espachurrado lo que nos estábamos comiendo, oímos gritar a mi madre, presa de la histeria ¿Por qué hay dos huevos en el radiador y unas toallas tiradas en el suelo? Se alteraba mucho cuando encontraba cosas fuera de su sitio, por eso vivía en constante estado de alteración. Castigadas, me tenéis harta. A la cama.

A la cama era su castigo preferido, claramente porque le beneficiaba a ella. Estaba deseando que hiciéramos algo medio mal para mandarnos a dormir. Si no hacíamos nada, nos daba la cena prontísimo para acelerar nuestra desaparición temporal. Y en verano, cuando los días eran muy largos, cerraba las persianas de golpe, clausuraba el día cual diosa del Tiempo y daba por instaurada la noche y el toque de queda.

El caso es que nos fuimos a la cama bastante apenadas con nuestra frustrada maternidad o lo que fuera eso. Mi hermana enseguida se consoló porque era de las que nunca admitía sus fracasos. Los pollos son idiotas, no te siguen si les llamas y se mueren enseguida. Mejor que no hayan nacido. Bueno, visto así, hasta tenía un poco de razón aunque yo al mío, durante el aburrimiento de la incubación, ya le había puesto nombre y apellido, no el mío, otro más de pollo, y eso hacía que la pérdida fuera más profunda. Además a mí me gustaba sufrir un poco, sufrí un rato disfrutando del dolor y me dormí.

Para resarcirnos, al día siguiente sacamos a Txori de la jaula y le dimos un baño dentro de una taza. Así yo cumplía mi sueño de bañar seres y después secarlos diciéndoles cositas tiernas y mi hermana el suyo de regañar y castigar. Definitivamente, la vida de Chorizo fue siempre un infierno.

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54 comentarios en “Madres gallinas

  1. Joder, qué bueno, buenísimo, cómo me he reído. Desde luego, vaya ocurrencia genial incubar huevos de la nevera. Las tendencias de las madres gallina, también ha sido muy gracioso: Una reñir, la otra bañar y decir cosas tiernas. Pobre canario Chorizo, sin duda alguna, por lo menos se llevó un buen baño, que le quiten lo bailao. Las tortillas a la francesa y “al fin y al cabo era un potencial hijo mascota batido y espachurrado lo que nos estábamos comiendo”…jajaja, totalmente cierto. Pues recuerdo que nosotros tuvimos alguna que otra vez pollitos por la casa, pocos días, es más una ocurrencia graciosa que otra cosa, por todas las incomodidades y las cagadas que iban dejando a su paso. También tuvimos algún que otro conejo baby, qué cosa más linda y más tierna, no recuerdo que fue de ellos. El pobre pastor alemán de los Carapeto -espero que no fuera nazi y simpatizara con los Cara al Sol de la family- pagaba el pato -otro bicho- de las neuras de tu padre. Leí anoche la entrada de los munditos, muy buena, me gustó. Muy original y divertido considerar a los teléfonos inteligentes pequeños munditos. Entendí las conexiones con ese activismo virtual de pacotilla que describía Icástico. Besos emplumados y que hacen pio pio…

  2. Ah que recuerdos de mi niñez… recuerdo que tenía una mosca a la que llamaba Cojonera (de ahí saldría después lo de ser una mosca cojonera, pero esa es otra historia)… que bien nos lo pasábamos los dos mientras yo intentaba darle y ella esquivaba gracilmente mis golpes… luego inventaron el Raid y ya no fue lo mismo.

  3. Pobre “Chorizo”, lo que tenía que aguantar… Creo recordar que a mí de pequeña también me dio por pensar una vez qué pasaría si incubaba un huevo de la nevera, aunque no lo llevé a la práctica (se ve que la idea de la maternidad ya me aterraba por aquel entonces, jajajaja). Besotes!!!

  4. Jaja qué gracioso. Una de mis hermanas también fue y es mamá gallina. Todavía recuerdo a mi hermana que la compraron un pollo de colores; no sé porque los pintaban, la verdad; y como estaba un poco sucio también decidió bañarlo (cosas de mamá gallina jeje) y como pensaba que tenía frío lo puso en una caja encima del radiador (ya sabes… calefacción central a toda pastilla, que mas que un radiador parecìa una plancha) y se a dormir. Al dia siguiente el pollo era asado jeje Vaya trauma para mi pobre hermana Bea. Menos mal que días más tarde vino Sofía: una pastor alemán que habían dejado abandonada en la basura entre unos trapos, nosotros pensabamos que era un bebé cuando la cogimos… en fin… recuedos… muchas gracias por despertarlos.

    Un beso

    1. Sí, lo del pollo de tu hermana es más trágico porque ya estaba vivo, me acuerdo de esos pollos de colores. Pero tuvistéis perro, qué suerte. Gracias a ti por el comentario. Un besazo.

  5. Eva yo tuve un conejito , me duro un dia. Le di de comer tantas veces que lo mate …o eso me dijeron..
    Las aves en general me parecian idiotas, teniamos gallinero Despues me persiguieron toda la vida , trabaje para una empresa teatral * Gallinero SRL Y EN LOS CONCERT; LA GALLINA EMBARAZADA, EL GALLO COJO Y EL POLLITO EROTICO, lo juro
    Tambien uno de mis personajes fue La Pata Flora!
    Despues las aves pasaron de mi

    1. ¡El pollito erótico!, me parto, Edda. Siempre que me cuentas algo me parece de lo más novelero, te voy a tener que contratar para que me suministres argumentos. Besos avícolas.

  6. Jajajaja. Pobre canario! Yo tenía un periquito que volaba suelto por la casa y tenía columpios, le llamabas y se te ponía encima y te besaba en los labios, jajaja, una pasada.
    Anda que tu hermana querer castigar a sus hijos… Y vosotras encima del huevo, jajajaja.
    Como una cabra!
    Besos

  7. Les tengo una manía a los Carapeto que no puedo con ellos.
    Viven todavía allí?
    Mira que soy capaz de ir a decirles cuatro cosas.

    En mi casa todos eramos mascotas de los ricos.

    Besos.

  8. Has conseguido que todos te contemos nuestros traumas con animales. Yo no voy a ser menos. Nosotras, mis hermanas y yo, tuvimos un pollito de colores y un pato. Mi pollito fue el primero en morir, le obligaba a comer hormigas cogiéndole la cabeza y picoteando por el, lo tenía todo el tiempo en las manos y no lo dejaba tranquilo. Creo que la muerte fue lo mejor que le pudo pasar, pobrecito. Los patos crecieron y se los llevaron a la huerta de mis tíos, donde se los comieron. Eso lo supimos mucho después, la versión oficial fue que un bicho se los había comido. Toma ya, un bicho, animal sin clasificar, pura imaginación.😀
    Y no tuve perro, por eso ahora lo tengo. Lo cojo en brazos, le doy besos mientras miro a mi madre para hacerla rabiar.😀

    1. Ay, Sensi, me has hecho soltar la carcajada con la historia del pollito picoteando hormigas movido por tu mano. Creo que me voy a estar riéndo mucho tiempo, cada vez que me acuerde. Si es que eres muy graciosa. Besos a ti y al casi famoso Pincher.

  9. Me gusta chorizo, aunque es normal que su vida fuera una pena empezando por el nombre 😀 Muy buena la historia y tan bien narrada que me hace recordar mis propias trastadas ^^

  10. Pobre chorizo, a mi se me ocurrió darle pan con leche a mi tortuga de tierra, los llamados morrocoy y murió maté ahogado, todavía sufro por la muerte de Sebastían ;( ! Saludos

  11. Ya van tres veces que comento desde la tablet (el portátil me cascó) y cuando le doy al enter me dice que “Safari no puede conectar con el servidor” y me cago en toda la selva entera aprovechando el Safari ese. Es una cosa…así empezaba la respuesta. Luego te decía que el mundo está al revés, madres intentando deshacerse de sus hijos, incluso haciendo trampa (clausurando el día, jajaja) e hijas intentando ser madres “gallinas” pero con poca paciencia.
    Por cierto, cuando éramos pequeños mi padre clausuraba todos las noches viejas para poder irse a la cama y descansar de 8 hijos. Golpeaba un vaso con un cubierto 12 veces, decía ¡feliz año nuevo! y se iba. Luego lo volvíamos a celebrar en bajito, pues la única tele de la casa estaba en su habitación, a los pies de la cama y a sus pies, como sus hijos. Muy bueno, Paloma.

    1. Pues mira, eso de la Nochevieja se lo hacían parecido a mis sobrinos. Les ponían a las nueve de la noche las campanadas grabadas del año anterior y les mandaban a la cama a continuación. Con mi padre tampoco se podía hacer mucho ruido, cuando se iba a la cama había que estar en silencio fúnebre. Me gusta la nueva foto de tu perfil, por cierto.

  12. ¡Hala! Veo que no soy la única que de pequeña creía que si empollabas un huevo salía un pollito 😀 😀 ¡qué bueno!
    Yo también te cuento mi anécdota. Tuve animales de todo tipo, pero solo contaré la anécdota de uno de los hámsters, al que bañábamos en verano en el lavabo lleno de agua (porque tenía calor) y al que poníamos sobre un tocadiscos a dar vueltas a 45 r,p.m. (porque estaba gordo y tenía que adelgazar un poco) 😀 😀 😀 ¡Oye, pues tanto ejercicio le debió ir bien, porque nos duró mucho!

  13. Ay, que me va a dar algo, lo del tocadiscos creo que se lleva el premio y eso que con el pollo de Sensi forzado a picotear hormigas me reí muchísimo ayer. Pobrecito hamster, apuntado al gimnasio contra su voluntad o igual se lo pasaba bien girando a 45 r.p.m. 🙂 🙂 Genial tu anécdota, Martes.

  14. ¡Qué divertido!, no se lo contaré a mis niños por si les doy ideas que cada vez trastean más. Yo también soy la dueña del día y cierro las persianas antes de que acabe el día. Si los del cambio horario están contra mí, cierro personas y se acabó.

  15. Jjajajaa… Me recuerdas a cuando era niña que cada vez que iba al mercado regresaba con unos pollitos pintados de colores. Una vez vi a mi perro con uno en la boca y pensé, que raro que el perro esté comiendo naranjas. Y de pronto que me acuerdo que el pollito estaba pintado de anaranjado. Pobre pollito. Creo que los niños son así. Quieren mascotas, pero las maltratan. Así somos los humanos, peores cuando somos niños.

  16. Hay algunas aves en que la hembra y el macho incuban los huevos. Y alguna que otra en la que sólo lo hacen los machos. A veces también se ayudan del calor de la putrefacción de la materia orgánica y también de los rayos del sol. Y, algunas veces, se calientan tanto (los huevos) que los tienen que ventilar con las alas y eso que ninguna especie tiene radiador ni microondas.

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