Cosas de dentro y de encima

A base de seguir y hasta perseguir a mi madre por los cuartos y pasillos, por si acaso se moría en un descuido, principal terror de mi infancia, descubrí cuál era el objetivo de su vida: quitarse cosas de encima. En realidad ese no debía de ser el objetivo principal sino el medio de llegar a él, una vez que el camino estuviera despejado de todas esas cosas que incesantemente le iban cayendo.

Cada vez que terminaba de hacer algo, lo que fuera, y siempre estaba haciendo algo, decía, “bueno, pues otra cosa que me he quitado de encima”. Ahora ya podía ir a por la siguiente, darle el manotazo y continuar. Su esperanza era un camino limpio y apacible, justo lo que nunca tuvo. A lo mejor por eso, mientras iba quitándose cosas de encima, con su sombra detrás, también decía mucho, “qué vida más perra, chica”. Chica era ella porque no había nadie más y conmigo no estaba hablando.

En esos seguimientos intensivos también descubrí que tenía un cierto miedo de mi padre, no tanto de él, como de su humor cambiante. Cuando se acercaba la hora en la que él volvía a casa, ella empezaba a decir, “a ver cómo viene hoy éste, a ver como viene”.

Y tenía tres maneras básicas de venir: después de haber trabajado como un idiota, esa era aceptable y no había que preocuparse, después de haber trabajado como un gilipollas, ahí ya había que tomar ciertas precauciones, o después de haber trabajado como un cabrón, en ese caso lo mejor era desaparecer. Por desgracia, la última modalidad era la mas frecuente y toda la casa parecía cambiar de ánimo con su llegada, las paredes se estrechaban y el aire se volvía más denso y difícil de respirar.

El mal humor de mi padre, a causa de ese trabajo que no le gustaba nada, era la última cosa del día que tenía que quitarse de encima y creo que la más pesada, también. Para eso nos pedía ayuda tratando de que dejáramos de ser niños y nos convirtiéramos en señores y señoras silenciosos que leían serios tratados sentados sin mover un músculo. Como eso era imposible nos mandaba a la cama para quitarse esa cosa, nosotros, de encima. Tampoco nos importaba demasiado, allí estábamos a salvo del lado oscuro.

Pese a todo creo que ella fue bastante feliz con su vida perra de quitarse cosas de encima. Estaba en su naturaleza serlo, reír por tonterías, cantar, hacerse amiga de la gente y conformarse con poco. Al revés que mi padre, casi siempre insatisfecho, con una acusada incapacidad para estar bien en la mayoría de los sitios, como si el mundo fuera un lugar incómodo hecho de aristas duras que se le clavaban, como si todo le molestara, él mismo, algo que llevaba dentro y que, por eso, por no estar encima sino dentro era imposible de apartar.

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43 comentarios en “Cosas de dentro y de encima

  1. Hay cosas que son difíciles de gestionar. Un trabajo que no te gusta se hace duro cuando se repite un año, y otro, y otro… Y eso se extrapola al resto de tu vida si no lo sabes gestionar bien. Pero teniendo una hija tan torbellino que seguramente les daba mucho cariño tenían que sonreír a menudo. Besitos

  2. Pues que me digan qué ama de casa con varios hijos a su cargo no trabaja como una cabrona tooodos los dias, incluidos los festivos y fiestas de guardar, pero claro, como la sociedad es machista pues lo importante son los problemas del hombre, su trabajo, lo que sufre el pobre. Las cosas se pueden quitar de encima con cierta facilidad, lo malo es quitarse de encima a una persona, o las cosas de esa persona. Muy bueno, as usual, como dijo en castellano Johan.

      1. Aunque es verdad que con los años también se que ocultaban penas que cargaba a escondidas, las madres son expertas en eso, que me enseñó bien a hacerlo, y lo repito con mis hijas

  3. Qué bueno el final! Bueno, como siempre todo el relato pero el final es estupendo. CUántas veces he oído eso de quitarse cosas de encima
    Besos y feliz finde… a no, para ti fin de semana 😛

  4. Aquí llego con mi comentario de tres kilómetros, casi como un elefante entrando en una cacharrería. Buff, Paloma (o ¡¡joder!!, como prefieras)…Después te planteas dejar de escribir y das a entender que escribes tonterías sin valor alguno. De eso nada, baby. Tu entrada me ha llegado al alma y voy a decirte por qué: Porque has retratado en buena medida a mi madre y a mi padre, y el ambiente tantas veces difícil en mi casa, de discusiónes directamente. Mi madre…toda su vida currando como una cabrona, sin parar, haciendo las labores de la casa sin descanso, cocinando, lavadoras, planchar, ir a comprar…Qué te voy a contar, ya lo sabrás. En aquellos años éramos ocho en un pequeño piso de alquiler, y somos 4 hermanos contándome a mí. Imagínate la cantidad de trabajo para ella, para que luego digan que las amas de casa no trabajan o no hacen nada. Y mi madre siempre ha sonreído poco, siempre ha sido y sigue siendo acomplejada a tope y bastante depresiva. Mi padre…tenía un carácter muy fuerte y muchas veces estaba de mala leche y hasta daba miedo. Aunque sé que nos quería, pero era tremendo, había pasado una infancia muy difícil, y también estaba algo descontento en el trabajo. Mi padre murió cuando yo tenía 14 años. Nunca nos entendimos muy bien, éramos muy diferentes. Siempre tuve la sensación de que no acababa de estar contento conmigo, y eso me ha traído muchos complejos a lo largo de mi vida, pero tengo todo esto asumido. Mi hermana respondía a un perfil más varonil o brutote, en cierta manera, y yo siempre he sido el intelectual introspectivo y tímido. En fin, fíjate si me has hecho rememorar cosas. Creo que tu relato tiene mucho de autobiográfico, has sacado aquí mucho del dolor acumulado, también el de tu madre, y eso es admirable. En fin, gracias, y hoy es de esos posts que directamente son terapéuticos, solo me faltaba que me tumbara en el diván y tú te pusieras una bata blanca (minifalda y liguero lo dejo a tu criterio). Besos.

    1. Gracias por contarlo. Sí que tiene mucho de verdad este, es cierto, me estoy haciendo el psicoanálisis gratuito, mira tú, y si de paso se lo hace alguien más pues me alegro. En realidad no me hace falta, ya tengo muy perdonado a todo y a todos y a mí también. Creo que cada uno se porta como sabe o como puede y lo que siento ahora al recordarlo es más ternura que otra cosa.
      Hala, pasa por caja que te cobro la sesión, jajaja.
      Besos, What….

      1. Pues sí, mi infancia, nuestra infancia, no fue nada, nada fácil. Me olvidé de mencionar un detalle nada menor: Muchos problemas económicos, siempre andábamos justos para comprar cualquier cosa que se saliera de lo normal. Sí, se nota que tiene mucho de personal tu relato, es bueno que hagamos aquí terapia. Se recuerda con ternura, pese a todo. Lo de pagar…pues ya me escapé por una ventana, soy como Spiderman cuando me interesa. Besos.

  5. Qué bueno el texto. Y como todo buen cuento es más importante lo que no cuenta. Hay un iceberg flotando (solo se ve 1 novena parte)…
    Según iba leyendo se me aparecían imágenes de la película Revolutionary Road. Si no la has visto. Te la recomiendo.
    También me ha recordado un cuento de Hemingway llamado El gato bajo la lluvia. Tb te lo recomiendo.

    Un abrazo

  6. A mí lo de haber cómo llega hoy me ha traído muchos recuerdos…Padres difíciles, madres malabaristas, protectoras y corta vientos.
    Me ha encantado, son unos clichés que me prometí no repetir cuando me casara.
    Un besito

  7. Felicidades por este texto. Siempre me gustan, pero este me ha encantado. No sé si es que tú lo has escrito más especialmente bien que otras veces o yo me he levantado esta mañana más receptiva. 😉 La frase de oro: “como si el mundo fuera un lugar incómodo hecho de aristas duras que se le clavaban.”
    Un trabajo que no llena, al que estás condenado porque no puedes renunciar a él, es una de las cosas peores que le pueden pasar a una persona 😦 hay quien lo lleva mejor y hay quien no puede vivir a penas con ello. No en vano trabajar es una condena bíblica 😉

    1. Yo ahora entiendo ese mal humor, el de trabajar en algo que no te gusta y no poderte librar de ese trabajo. Cuando era pequeña no lo entendía. Me alegra mucho que te haya gustado el texto.
      Besazos, Martes.

  8. Maravilloso. Me encanta como escribes, en serio. Yo soy bastante opuesto al padre: creo que no voy a sentirme nunca atado a un trabajo que detesto, es una de las metas de mi vida y una de las cosas por las que siempre abogo.

  9. Leyendo tu relato sobre esa madre, ¿quién sabe de quién o de todos?, me ha venido a la cabeza una comparación con el relato que publico, es de la historia del joven Lázaro.
    Y, me ha parecido, que la condición de joven se supera con la edad pero, la de mujer, no se supera nunca.

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