Paraíso terrenal

El paraíso en la Tierra existía entonces y estaba en la casa del pueblo de mis abuelos, durante el verano. Una casa con escaleras, que como todo el mundo sabe son de lo más paradisíacas, y con un jardín. Y dentro del jardín todos los elementos propios del paraíso: árboles, flores, rincones ocultos, mariposas, libélulas, pájaros, ardillas, un perro. Y por la noche: grillos, ranas y estrellas. Claro que también había avispas, moscas y mosquitos y hasta algún escorpión al acecho debajo de las piedras, pero eso no influía en sus maravillas, solo le añadía credibilidad.

Por dentro la casa era muy fea, los cuadros más espantosos y mal pintados del mundo estaban colgados en sus paredes y además había muchos. Los había pintado alguien de la familia poseído por el espíritu de las creaciones abominables. Eran bodegones donde flotaban los cuchillos y peras y manzanas informes se desparramban por el plato, paisajes de los montes de ese mismo pueblo, tan bellos en la realidad, pero en la pintura deformes y contrahechos, retratos de niños raros y siniestros. Muebles había pocos pero los que había estaban escogidos con odio a la humanidad. En realidad ni siquiera estaban escogidos, todo lo que no gustaba o ya estaba viejo o nadie quería en sus casas acababa en la casa común para permanecer allí eternamente.

Que por dentro fuera fea no nos importaba nada, los cuadros horrendos nos proporcionaron muchos momentos de risas. Hasta que nos acostumbramos a verlos y ya solo nos hacían gracia si venía alguien nuevo y se los enseñábamos. Allí nos juntábamos a pasar el mes de agosto tres familias, dos de ellas numerosas, y eso implicaba caos, disolución de la autoridad, muchos primos, juerga constante y libertad.

Pero como no era un paraíso celestial sino terrenal, tenía que tener su parte negativa, no ya los insectos o los ratones del desván cuyas patitas recorrían por la noche nuestros sueños. Esa parte negativa para mí fue un humano, uno de mis tíos. Parece que la vida siempre te coloca desde el principio algún obstáculo o dificultad para que te entrenes en lo que vendrá después.

Esa dificultad fue él, el tío ogro. Tal vez no era feliz, no quería estar ahí, no le gustaba la casa ni el campo, no le gustabámos nosotros y como el odio tan difuminado le resultaba difícil de gestionar lo concentró en unos pocos seres: los árboles, a los que cada verano intentaba talar, el perro, que se llevaba unas cuantas patadas furtivas, y una de sus sobrinas, que resulté ser yo. Si podía, interceptaba mis juegos de fantasía por el jardín para regañarme o amenazarme y me llamaba riéndose “la niña rara”. Yo le tenía miedo y procuraba ponerme lejos de su alcance o jugar donde él no estuviera.

Aún con ogro, los momentos más felices de mi vida están guardados ahí, en esa casa que ya no existe, en el jardín de las hortensias y los pinos, volando de aquí para allá como las mariposas que tanto me gustaban. Hasta un día que una se me puso en la nariz y descubrí su cuerpo de gusano. Qué asco y qué decepción.

38 comentarios en “Paraíso terrenal

  1. Todo tiene sus contras pero siempre hay que quedarse con lo bueno.

    Por cierto, a mí tampoco me hacen mucha gracia las mariposas. De lejos son una monada pero su cuerpecillo visto de cerca me causa cierto repelús. Besotes!!!

  2. Conozco esos cuadros, mis abuelos tenían uno tal cual, con un caballo con cinco patas, jajaja.
    Qué bonito ese jardín, pero yo con tantos primos… me da algo. No soporto tanta gente junta mucho tiempo.
    Besos

  3. Maravilloso, entrañable y muy bonito todo lo que has descrito, especialmente en referencia a ese jardín. Una artista de las palabras, las descripciones y el retratar sentimientos y sensaciones y mostrárselos a los demás solo necesita tres palabras para transmitir toda esa belleza de un pasado algo idílico. Y me refiero por ejemplo a “grillos, ranas y estrellas”. Suena a poesía. Extremadamente gracioso lo que explicas de los cuadros horribles y de la tortura a la que sometíais a los incautos visitantes. También me he partido el perro con la expresión “Muebles había pocos pero los que había estaban escogidos con odio a la humanidad”. Lo único malo ese tío tan cabrón o lleno de odio, claro. Me has hecho recordar cosas de la infancia, una época de vacaciones muy especiales. Teníamos familia en Valls, provincia de Tarragona, y estos familiares poseían una casa de campo en el pequeño pueblo de Pont d’Armentera, muy cerca. Nos dejaron esa casa varios veranos. Y allí estábamos, mi madre, mi padre que aún vivía y los cuatro hermanos que somos (2 y 2). Recuerdo muchos momentos felices por el pueblo, sus calles empinadas, por ejemplo, o el puente que da nombre al pueblo con un río que quedaba muy muy abajo, y tan cubierto de vegetación que ni veías el agua. La casa no tenía nada especial, y mucho menos un jardín tan magnífico como el descrito. Recuerdo que teníamos un perro de estos típicos falderos, peludos, que no nos hacía ni caso. Cuando vio varias perras en celo por el pueblo se fue detrás de ellas y desapareció días enteros, jajaja…Pero lo que más recuerdo de aquel pueblo, más que de las vacaciones, era el pan y el horno que había. Dios mío, jamás he vuelto a oler y a comer un pan como aquél. Estaba hecho en un horno de leña, olía y sabía tan bien que no podría encontrar palabras para expresarlo. Momentos muy felices en aquel microcosmos con algunos familiares en aquel sitio. Besos.

    1. El jardín está ligeramente adornado. Como es mío, le pongo lo que me da la gana. Me ha gustado eae río cubierto de vegetación y el olor a pan, creo que es uno de olores mejores que existen junto con algunos de la naturaleza, como el de la tierra mojada después de la lluvia.
      Besos y gracias por contarme cosas tuyas también

      1. Ya, ya asumo que le pones elementos y detalles de tu invención y añadidos literarios para hacerlo más bonito. Sí, el olor de la tierra mojada después de la lluvia es algo indescriptible, maravilloso. Incluso el olor de las calles de la ciudad después de llover, aunque no es igual. Aquel pan era delicioso, super blandito y blanco, podías empezar a comer barras y no parar…era un vicio, de los buenos. También recuerdo el olor y sabor de los tomates. Nada que ver con lo que nos endosan en los supers y tiendas normales de las grandes ciudades. Habrá tiendas más especializadas, ecológicas, etc, etc. Besos con olor a pan.

  4. Que grande el recuerdo en verano de la casa de los abuelos, el campo, comer la fruta madura cogida directamente de los árboles, las comidas copiosas, ricas y multitudinarias, el pozo, los animales, los primos, la niñez… Eso es algo que muchos llevamos en el corazón.
    Un abrazo

    1. Veo que tú también tienes esos bonitos recuerdos, me alegra mucho saberlo. Lo de la fruta del árbol no lo he vivido, solo había una parra pero las uvas no estaban buenas. Lo que sí nos comíamos, qué tontería, eran las flores cuando no nos veían ¡estaban dulces!

      1. En el pueblo de mis abuelos había peras, manzanas, ciruelas y moras, y estaban riquísimas. A veces comía tanta fruta paseando que al llegar a casa ya no tenía hambre, lo que pasa es que mi abuela cocinaba muy rico y terminaba comiendo.
        Lo de las flores está muy bien, ¡eras una adelantada en temas gastronómicos!

  5. Es que si en la vida no hubiera ogros no sabríamos lo que es la felicidad. Si todo fuera felicidad le llamaríamos de otra manera, Lo mismo pasa con el dolor o la alegría. Siempre hay algo que pone la escala a las cosas que sentimos.

      1. Él no lo sabe, pero con tus actos ya lo has hecho, aunque no se lo hayas dedicado. La descripción de la felicidad hubiese variado sin la presencia del ogro, creo.

  6. A pesar del glamuroso estilo remordimiento con el que la casa estaba decorada, a pesar de esos bichos y ese ogro, ese hogar veraniego que ya no existe vivirá para siempre en esta descripción. Me he imaginado esos cuadros. Creo que en todas las familias existe ese aprendiz de pintor que destroza un poco (o un mucho) el arte. Y al hablar de ese tío que la tenía tomada contigo, me ha venido a la mente un primo mío ya fallecido, que sin ser ogro, al contrario era simpático, me producía un inexplicable rechazo que hacía que lo evitara también. Por suerte, vivía muy lejos y, como mucho, lo veía un par de días al año. Filias y fobias difíciles de entender.

      1. 😀 😀 Mi madre, cuando alguien tenía mucha “audiencia y fama” decía que esa persona debía usar perfume “Sígueme, Pollo” 😀 😀 Yo todavía uso esa expresión.

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