Día: 21 junio, 2016

Sin circunstancias

Pero, ¿qué es esto, madre mía de mi vida y de mi corazón, qué leches le está pasando a este blog? Me asomo y me encuentro con una especie de poesía y al parecer amorosa. Lo que me faltaba, cursiladas, a ver qué va a ser lo siguiente, ¿el género pastoril?, como si lo viera. Tiemblo y no de amor, precisamente.

Esta mujer delira. Voy a cotillear los cuadernos que tiene encima de la mesa de la cocina, su antro de perdición. Mira por dónde, en este ha escrito más chorradas del viento y la hoja, una saga entera, pues se lo rompo, ris ras (onomatopeya de que ya lo he roto), ya está, a la basura, por dejarme sin circunstancias. Os habéis librado del Cantar de los cantares en versión arbórea. A no ser que lo tenga en el ordenador o se lo sepa de memoria, el peligro ya pasó. De nada.

Que no he venido porque me interese estar aquí, qué va, yo me había dirigido a mi quiosco decidida a trabajar pero cuando he llegado al parque del Retiro ya no estaba, no existía, adiós a mi sede empresarial desde la que tanto y tanto he emprendido. Inmensa tristeza y desolación. Soy yo, Esme, pero sin mis circunstancias, me las ha quitado y no me ha dejado en bolas de puro milagro. Ni un triste abanico que echarme al sofoco me ha permitido que me quede.

Pues se va a enterar, le robo un cuaderno porque yo también voy a escribir poesías a falta de mejor cosa que hacer, pero no amorosas, a mí el amor… como que no. Si queréis os digo en qué acaba tanto estremecimiento y tanta emoción del principio, pues en un puzzle de mil piezas los domingos por la tarde con uno al lado que te dice cada cinco minutos, “mira mejor, Cari, que esa no va ahí”. Consejo que te doy sin que tú lo hayas pedido: cuando te empiecen a llamar Cari, corre. Y cuando te saquen el puzzle de las mil piezas, vuela.

Para hojas y vientos estoy yo, que se me acerque un viento cualquiera que verá, del tortazo que le doy lo mando al bosque de enfrente y se le quitan las ganas de poner del revés a nadie. A mí me va más el género satírico cómico, ya veréis qué bonito me queda lo que voy a escribir, mejor que esas ñoñerías de las hojitas en la rama. Puaj, me da dentera.

Ya me voy, pero antes voy a robarle también unos orfidales, sé que tiene porque es muy ansiosa ella. No son para mí aunque sea mi droga favorita, son para narcotizar al Toni que ya no le aguanto más con sus recitativos de Cioran. Le podía haber quitado a él el libro como a mí me ha quitado el abanico pero no, al Toni se lo ha dejado para que nos dé la chapa por toda la eternidad. Su maldad es legendaria.

Me voy que viene, ya se está quejando del calor, habla por teléfono con una amiga que también odia el calor, así se pasan hasta septiembre. Y cuidado con decir delante de ella la palabra “veranito o terracita”. Te mata. Esa manía se la puso al Toni para disimular, como tantas otras. Pues no te queda nada que sufrir, cómprate un botijo, loca. No te digo…