Descubrimientos

En cuanto nos quedábamos un rato solas en casa nos lanzábamos como posesas al fisgoneo. No había cajón ni armario ni hueco que no inspeccionáramos. Como buenas urracas que éramos teníamos nuestros rincones preferidos, claro. Lo primero sobre lo que nos avalanzábamos era una caja de nuestra hermana mayor que estaba encima de su mesa, cerrada con un candado.

La mayor, llamada así en mi casa, directamente, era la única con una mesa propia para estudiar y sobre ella estaban sus posesiones, muy cuidadas, ordenadas y hasta inventariadas. En uno de sus cajones había una hoja escrita titulada “mis cosas” donde detallaba qué cosas eran esas, la caja de nuestros deseos era una de ellas. Nos costó un poco averiguar dónde escondía la llave pero finalmente lo logramos. Dentro guardaba pulseras, pendientes, horquillas y gomas del pelo. Nos lo colgábamos todo encima y seguíamos adelante con el registro domiciliario.

Lo siguiente que más nos interesaba era el armario de mi madre para disfrazarnos con sus vestidos y ponernos sus zapatos de tacón. Como solo tenía un par nos calzábamos uno cada una y cojas continuábamos peinando cajones, estantes y rincones. Solo respetábamos el cuarto de mis hermanos, en parte porque generalmente estaban en el pasillo de casa parando goles o metiéndolos y su ira era peligrosa, pero también porque el mundo futbolístico nos interesaba poco.

Terminábamos en la cocina buscando el chocolate. Mi madre era muy previsible y se creía que si lo escondía debajo de unas acelgas o al fondo de frutero no lo íbamos a encontrar y precisamente ahí era donde primero mirábamos.

En uno de esas exploraciones hicimos dos descubrimientos bastante horribles: nuestros padres eran unos mentirosos y unos cerdos. Las dos cosas. Mi hermana se había subido a una escalera para mirar en la parte de arriba del armario y de pronto gritó, ¡juguetes! Muy nerviosa empezó a lanzarme cajas que contenían algunas de nuestras peticiones de la carta a los Reyes. Luego se quitó el zapato de tacón y lo tiró con rabia al suelo. Los Reyes son ellos, dijo con la cara lívida. Yo me puse a llorar porque eso no podía ser verdad.

Pero no había tiempo de lamentarse, los falsos Reyes Magos podían volver en cualquier momento y no nos convenía que supieran que sabíamos. Lo colocamos todo como supuestamente estaba y al colocarlo descubrimos otra cosa peor. Un libro gordo de tapas rojas. Si no estaba con los otros libros tenía que ser por algo. Lo abrimos y vimos los dibujos de una pareja desnuda haciendo a la par extraños ejercicios gimnásticos. Qué asco, son unos guarros, dijo mi hermana cerrándolo de golpe y censurándomelo. Casi mejor, creo que no estaba preparada para leer el Kamasutra.

Decidí seguir creyendo en la existencia de los Reyes Magos todavía un par de años. No me resultó difícil, a mi pensamiento mágico le daban igual las evidencias científicas y era muy capaz de saltárselas con éxito. En cuanto a tener que convivir con dos degenerados, era cuestión de aplicar el proceso contrario: no creer. Esa pareja acrobática del libro nada tenía que ver con mis asexuados padres. Por si acaso, en las siguientes batidas nunca más volvimos a mirar en ese altillo.

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51 comentarios en “Descubrimientos

  1. Ya me he puesto al día y he de decirte que me encanta esta nueva parte, me estás transportando muchas veces a mi infancia, pero justo con este último recuerdo, lo has clavado! Un besazo enorme Eva y gracias!

    1. Gracias a ti, que cuando te mandé cuarenta besos por tu cumple no esperaba que me los devolvieras leyendo tanto. Eran sin interés, ya sabes que te quiero aunque no me leas por falta de tiempo, de ganas o de lo que sea.

  2. Bueno, los descubrimientos de joven acerca de los padres no son todo lo satisfactorios que debieran, yo creo… Al final cuando nos hacemos adultos nos volvemos más o menos así… También les decimos a los niños que los Reyes existen y nos acostamos con nuestras parejas, jejeje. Besitos

  3. De entre todos los reyes falsos me quedo con los magos, a pesar del chasco. Y de entre todos los libros o tratados sobre sexualidad escojo el Kamasutra. Tus padres eran guays, mujer.

  4. Jajajajaja. Mi hermano y yo descubrimos pornos en super 8 en casa y una vez en que mis padres se fueron lo pusimos, pero a mí me dio un asco enorme y salí corriendo. Jajajaja. Qué cerdos son los padres 😉
    Y vaya forma de descubrir a los Reyes Magos. Pobres padres, qué malos bichos erais.
    Besos

  5. De niña me encantaba registrar los cajones y el armario de mi madre cuando me quedaba sola en casa. Que buenos recuerdos me has traído con tu entrada, eres genial escribiendo y narrando emociones y sentimientos. Un abrazo.

      1. Mi madre murió hace poco y tuve que revivir esos recuerdos revisando cada cofre y cada cajón, pero esta vez para decidir que hacer con las cosas. Fue a la vez muy doloroso y muy dulce, que lejos queda la infancia y que maravillosa es la ilusión y la imaginación que le ponemos de niños a todo. Un abrazo.

      2. Esa revisión final sí que es dura aún con su lado dulce. Lo siento. Mi madre todavía vive, mi padre no, todavía queda alguna cosa suya en los armarios de la casa de mis padres. Es muy raro, como tú dices doloroso y tierno también. Gracias por contarlo.

  6. Buenísimo, me ha encantado por la sencillez y naturalidad con que lo describes. Una vez más podemos imaginarnos a esas niñas como si fuéramos al cine a ver una peli. Guau, vaya par de descubrimientos, de calibre. Disgusto y decepción con lo de los Reyes, y sorpresón chocante con el Kamasutra. Resulta algo chocante imaginarte a tus padres practicando sexo, supongo que sobre todo cuando empiezas a tener nociones de para qué sirve eso y cómo se acoplan y divierten machos y hembras (cuando éramos niños, hoy en día el abanico se amplió bastante). Quizá es eso de que follaron las veces clave. No recuerdo yo haber ido fisgando cajones…

  7. Me haces reír. Muy asquerosos, sí. A mí me daba por mirar en el armario tiempo después del día de Reyes, estaba convencida de que igual se habían dejado algún regalo. Pero no. Nunca encontré nada.

  8. Ay Paloma! Ay Paloma, eres unica! Mi pobre madre se sacrifico tres veces ! , para que pudieramos nacer nosotros, El sexo era algo temible, asqueroso…mi madre un tempano crucificado
    No se de donde salimos sus tres calenturientos hijos!

  9. “Encontrar tesoros” era una de mis aficiones 😀 😀 😀 Parece mentira la de cosas que esconden los cajones de los adultos. Aún ahora, en mis propios cajones, encuentro cosas fascinantes que había olvidado que tenía. Pero es cierto que, en ocasiones, puedes encontrar secretos no deseados 😦

    1. Compartimos afición entonces, era muy emocionante esa búsqueda no se sabía de qué, de todo, de cualquier misterio o tesoro como dices tú. Lo de toparse con algo no deseado es un riesgo que se corre.

      1. Es verdad, pero hay riesgos que vale la pena correr. 🙂 En Los tesoros del abuelo, un cuento que escribí hace tiempo, explico un poco esto de descubrir cosas 🙂

  10. Yo en cuanto me enteré de que los Reyes eran los padres me puse como loca a buscar los regalos. Y vaya si los encontré, aunque luego me llevé la bronca y me obligaron a dejarlos donde estaban hasta el día señalado.

    Por suerte, no encontré ningún Kamasutra. Jajajaja.

    Besotes!!!!

  11. Que bueno!! Mi hija teniendo cinco años me dijo..¿ verdad que no existen los reyes magos? y luego con la gran esperanza…¿ o quizá ..sí , mamá? Pues en la infancia hicimos los más grandes y horribles descubrimientos…luego ya perdemos la capacidad del afecto tan agudo.( No sé si he dicho correctamente en plan ortografico) Un beso.

  12. Ese extraño momento en el que descubrimos que nuestros padres tienen sexo… Bueno, todavía yo no lo creo… Jajaja Y los Reyes… Bueno, imagínate que yo tenía al Santa Claus también. ¡Qué mucha mentira tuve que creer! Pero a pesar de todo, eran maravillosas mentiras. Un abrazo, mi amiga. Tus historias siempre me recuerdan alguna mía. Gracias por eso.

  13. Cuando uno se empeñaba en descubrir cuáles eran “los secretos de la vida”, nunca se te pasaba por la cabeza la imagen de tus padres practicándolos.

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