Bebé Paco

Los desvaríos de la abuela Mila no siempre nos daban pena, al revés, nos hacían bastante gracia. Hacía cosas divertidas como coser sin aguja, hilo ni tela. Así se pasaba la mañana, cosiendo vestidos invisibles y tan contenta. Lo hacía además con mucha perfección, introduciendo fallos, como si de verdad se le hubiera hecho un nudo o hubiera tenido que deshacer la costura y volver a empezar.

También nos hacían gracia sus reacciones cuando veía la televisión. Si por ejemplo, las imágenes eran de un paisaje nevado decía que tenía mucho frío y había que ponerle una manta por encima aunque fuera verano. Cuando aparecía Santiago Carrillo en las noticias se emocionaba mucho y le lanzaba besos, pero lo mismo hacía con el Papa. Eran los dos hombres de su vida y eso que en su vida cuerda no había sido ni comunista ni católica. Por las mañanas le teníamos que enganchar a la chaqueta una chapa con la bandera de la Rioja. Era de Logroño pero hasta que no le empezó el descontrol mental nunca se había preocupado lo más mínimo por el nacionalismo riojano.

Esas cosas graciosas fueron en la primera fase, cuando todavía era manejable y más o menos sabía quiénes éramos, quién era ella y dónde estaba. Luego, a medida que iba olvidando más y más, su única obsesión desde que se despertaba era irse, salir, encontrar el sitio donde ella suponía que tenía que estar. Creo que era la casa de su infancia con su madre dentro y con su hermana. Buscaba mucho a su madre y a su hermana. Eso ya no tenía gracia y además daba mucho trabajo, sobre todo a mi madre que la tenía que estar vigilando todo el día para que no se fugara. Por eso de vez en cuando nos mandaba con ella a la calle para que dando vueltas se convenciera de que estaba justo donde tenía que estar.

No se convencía y nos mareaba a base de bien. Aunque era muy delgada tenía mucha fuerza, una energía nerviosa que le debía de venir de la propia inquietud. No podíamos con ella y nos limitábamos a seguirla en sus deambulaciones. Así, con Mila delante a toda caña nos recorríamos el barrio entero. Una tarde que ya, agotadas, conseguimos sentarla en un banco, apareció nuestra salvación: el bebé Paco.

Al bebé Paco ya lo conocíamos y nos poníamos loquísimas cada vez que lo veíamos todo rollizo dentro de su cochecito. Era uno de esos bebés insoportables para sus padres porque no se dormía casi nunca, los ojos enormes siempre abiertos y un pataleo constante que ya delataba el niño de acción que iba a ser. Como su madre siempre estaba cansada, nos lo prestaba a ratos cortos. Ese día debía de estar cansadísima porque lo sacó del cochecito, nos lo puso en brazos y nos dijo que se iba a hacer un recado y que lo cuidáramos.

Qué felicidad nos entró de que fuera solo nuestro para un rato. Mila todavía no lo había visto porque tenía uno de sus ataques de pena y desespero y lloriqueaba con la cabeza entre las manos. Ya estábamos acostumbradas a que llorase de vez en cuando y tampoco le dábamos demasiada importancia. Pero cuando levantó la cabeza y vio las lorzas del bebé Paco y su carota sonriente se emocionó tanto como con el Papa y Santiago Carrillo juntos. Se lo pusimos en brazos y ella dijo que sí con la cabeza. Que sí y que sí. Me pareció que acababa de encontrar de alguna manera misteriosa el sitio que tanto estaba buscando.

Al bebé Paco lo tuvimos luego muchas más veces, su madre nos lo prestaba los fines de semana a la hora de la siesta y a cambio nos daba dinero, muy poco pero igualmente hubiéramos hecho el trabajo gratis. Gracias a nosotras se espabiló muy pronto porque le hacíamos estimulación temprana consistente en agitarle cosas delante de la cara y cambio intensivo e innecesario de pañales. No lo bañábamos porque no nos dejaban. Qué rabia.

Si nos cansábamos, lo que ocurría a veces porque era un niño energético al máximo y nosotras lo poníamos más nervioso de lo que ya era, se lo poníamos en brazos a Mila. Con ella se calmaba y Mila se reía y decía que sí y que sí con la cabeza. Tales eran los poderes maravillosos del bebé Paco.

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51 comentarios en “Bebé Paco

  1. Una situación parecida pasé yo con mi abuela, pero sin bebé Paco. Los intentos de fuga podían ser a las 3 de la mañana o de la tarde, indistintamente, y la puerta tenía que estar cerrada con llave… Sólo alguien que pasa por algo así es capaz de saber lo duro que es. Besitos

  2. Tus relatos están tan llenos de humanidad y emotividad que de verdad que me emocionan, valga el rebuzno. Historia triste, dura y realista pero a la vez hermosa y con toque cálido y divertido. Así que Santiago Carrillo y el Papa…claro, es que son dos personajes muy afines en todos los aspectos. Muy bonito que el bebé Paco le calmara esa pena y esa ansiedad a Mila. Es verdad que hay bebés que son soles, pero como decís, mejor por un ratito y basta. Pobre madre si se lo quitaba de encima a ratos, además confiaba en vosotras…

    1. ¿Sí?, ¿ves afinidad entre Carrillo y el Papa?, no sé, yo no mucha. Bueno, da igual, a ella le gustaban los dos vete a saber por qué. Los tres, Paco también. No sé cómo la madre se fiaba de nosotras, no le hacíamos nada malo pero le alterábamos ligeramente con tanto sobo.

      1. ¿Que no ves que lo he dicho en el más puro cachondeo? Carrillo, un comunista ateo convencido y además anticatólico y anti iglesias y curas. Si tenían algo en común era ser dos líderes carismáticos entraditos en años, y el adoctrinar a las masas. Desde luego que le alterábais al baby, que ya parecía hiperactivo. Y por cierto…¿sabes que ha sido de él una vez adulto? Como a veces comentas que te los encuentras por ahí a algunos de tus personajes…

  3. Precioso , ese bebe, recorde muchas cosas…Eres un disparador de Vida, Evita
    Recorde a mi hermanito , le llevo 14 años, a quien estimule tnto que arranco a camimar a los 9 meses….kakakak…me rio como las gallinas has visto?

  4. Soy actriz, lo soy, antes de saber que lo era, ya era
    Cosi con tela pero sin hilo ni aguja durante toda mi infancia en Actividades Practicas…asi se llamaba.la amteria .Yo veia mal y ni soñar con el punto ojal o con bordar florcitas…gracias que tenia la tela que mi mama o mi hermana habian hecho en casa , yo simplemente, hacia que cosia, hacia que bordaba. Nunca supe si la profesora se lo creia ,o, tenia pena de la pequeña pelirroja de los anteojotes, que , eso si, no levantaba la vista de su costura imaginaria y cosia y cosia sin hilo en la aguja durante 60 minutos completos
    Stanislasky puro

    1. Si cuando yo dgo que eres genial…es que lo eres de verdad. Te imagino de pequeña cosiendo de mentira sobre una tela ya cosida y me parto de risa. Claro que eras ya toda una artistaza.

  5. Qué bonita la entrada y qué dura! Por suerte en mi familia no lo hemos pasado, espero que no nos toque a nosotros porque para la familia es agotador y tristísimo.
    Me encantan los bebés, los míos no fueron tan hiperactivos, a lo mejor es que me faltaron cuidadoras como vosotras tan voluntariosas…jajaja.
    Un besito

  6. Me has recordado a mi abuela, qué forma tan bonita de narrar la demencia senil, y es que es así. O por lo menos así fue con mis abuelos maternos. La cabeza se pierde entre tanto recuerdo, pero siempre está el amor (sobretodo de los nietos) que les llena esas lagunas de su infancia y su juventud. Preciosa entrada, Eva.

  7. Algo maravilloso tienen los bebés. Hablas de tu abuela y me recuerda a mi madre. Cuando le doy un muñeco que parece un bebé se tranquiliza. Algo debe ser, pero ayuda a las mujeres enfermas. Y es bueno. Que hayan muchos bebés Paco para nuestras enfermitas. Un beso, Paloma.

  8. Un relato conmovedor, Paloma. Me ha traído al recuerdo la última etapa de la vida de mi abuela materna, María, que me confundía con su vecina en la época del racionamiento del pan de la postguerra, y solo se sentía feliz cuando tomaba en brazos a mi hija, que entonces contaba apenas un año, y ella creía que era su bebé. Gracias, y un fuerte abrazo!!

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