Al fondo del jardín

A José, mi hermano mayor, le gustaba mucho organizar juegos y entretenimientos para todos, sobre todo en verano cuando estaban también mis primos y éramos muchos. Secretamente odiaba esos juegos organizados, no era competitiva, me daba lo mismo perder o ganar y enseguida se me evaporaba el interés. Era como tener  que hacer un trabajo con funciones muy definidas para cada uno y reglas que cumplir, parecido al colegio. Prefería vagar a mi aire pero no solían dejarme.

Además de juegos también se inventaba obras de teatro, repartía los papeles y hasta dibujaba los decorados, dibujaba muy bien pero se ponía muy pesado. Nos hacía ensayar todas las tardes hasta el día de la función. Ese día colocábamos unas sillas en fila para los padres, tenían que ver la obra les apeteciera o no. Como se reían bastante supongo que no se lo pasaban del todo mal. Eso del teatro me gustaba un poco más que los juegos competitivos porque por lo menos no tenía que esforzarme en ganar o fingir que me esforzaba, pero tampoco demasiado. Lógico, si se tiene en cuenta que siempre hacía los mismos papeles: perro, barrendera, al parecer era esencial que alguien barriera, o cosa inerte. Una vez fui piedra.

En esas obras  se repetían unos cuantos elementos: mis hermanos los medianos y otros dos primos de su edad metían algún gol en mitad de la función aunque no viniese a cuento, mis primas las rubias se enamoraban de alguno y eran besadas y ese alguno, casualmente, era Josechu, no era listo ni nada, a veces besaba a las dos en la misma obra, mi hermana Elena protagonizaba algún rescate porque peligro tenía que haber, y mi otra hermana, Almudena,  me pegaba. Esto último no estaba escrito, eran libertades interpretativas que se tomaba ella. Las tortas o patadas casuales las aplaudían y reían mucho nuestros padres y tíos, también mis llantos. Lo encontraban muy realista y bien interpretado.

Al final de la obra, al margen de su  argumento si es que eso que hacíamos tenía alguno, nos moríamos todos, se ve que a mi hermano no se le ocurría otro cierre mejor. Nos íbamos cayendo al suelo uno tras otro y nos quedábamos quietos y tiesos unos minutos. Era lo mejor de todo,  podía dejar de ladrar o de barrer y mi hermana ya no me zurraba. De fondo se oían aplausos. Me hubiera quedado así, con los ojos entrecerrados mirando al cielo mucho más rato, pero había que levantarse a saludar y luego recoger el decorado y las sillas, devolverle las patadas y tortas a mi hermana, aunque hasta la venganza me diera pereza, y rezar para que a José no se le ocurriera ningún juego más en toda la tarde.

Para huir de la diversión organizada, me aficioné a esconderme al fondo del jardín, allí nunca iba nadie, no sé el motivo.  Había una puerta oxidada que no se abría, una silla rota y tres escalones. Por fin podía aburrirme un rato en soledad, observando el ir y venir de las hormigas, las mariposas, las libélulas, el pájaro pica pinos, las hojas de los árboles, nada. Sobre todo nada, qué bien se estaba en esa nada.

¿A qué jugamos ahora, Josechu?, oía preguntar a alguno, por arriba, en la zona poblada.

A lo que os dé la gana, pensaba yo saltando una y otra vez los tres escalones de la libertad.

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50 comentarios en “Al fondo del jardín

  1. Un verano entero ensayando el vídeo de thriller, no te digo más… Yo de muerto viviente… Mis primas peleadas por ser la chica, horas y votaciones a ver quién caminaba mejor Jjj… Qué tiempos

  2. En la vecindad uno de mis amigos dijo juguemos al circo y todos los niños nos repartimos los papeles, unos equilibristas, otros payasos, otros danzarines, mientras tanto el de la idea fue pregonando por las calles. Cuando comenzó la función el patio estaba lleno de niños y niñas y nosotros con nuestras burreras los divertíamos, todo iba muy bien hasta el momento que una madre entró en escena y agarrando a una niña le dijo: ¿dónde esta el cambio? y la niña llorando le dijo: ¡pague la entrada al circo! Ahí se armo la de san Quintín, la madre del niño de la idea obligó a este a devolver todo el dinero a todo el publico infantil. Nosotros los actores eramos ignorantes de la picardía del “niño de las ideas”

  3. Eres un espíritu libre, está claro. Esas funciones tenían que ser la leche. Yo siempre me negué a hacer teatro porque no quería coger vicios antes de dedicarme, así que hasta que no estudié no hice nada. Menuda gilipollez.
    Y como no quería hablar en el cole me ponían plantaban de margarita en las funciones en el patio del recreo, era horroroso: dos horas con la cara metida en un agujero rodeado de pétalos de papel y cara al solazo de Valencia en junio, sin decir ni mu. Achicharrá. Me pasa por idiota.
    Besos

      1. Es como con la librería, cuando haces las cosas a tu manera gustan más. En cuanto a la excesividad, nunca me he atrevido a preguntarle a mi hermana por su percepción….

  4. Los tres escalones de la libertad!!!.Me vuelves a mi infancia Paloma, a mis solitarios juego de niña a mis 8 años,amis escondidas en la leñera mientras el afuera me llamaba a los gritos …que divertido!!! Los juegos en pandilla a los diez, a nuestras funciones de cine privadas….*.La bestia debe morir*,* La Violetera*,*La niña de los fosforos*, *El angel desnudo*…kakakaka, te imaginas quien era la potra…eramos ocho mas o menos….El Toti y yo protagonizabamos siempre, el hacia los prota masculinos…el resto era relleno ni nos importaba…El juego de la Vida, del Teatro

    1. Pero qué te voy a contar a ti de teatros, ya estaba esperando tu comentario.
      Los juegos en solitario desarrollan mucho la imaginación, son preciosos. En compañía, también, una mezcla es lo bueno.

  5. Qué maravilla, bajar tres escalones y conseguir el silencio y la libertad! Ya me dirás por donde andan, para un caso de necesidad 😉 😉
    Besetes, mi niña.

  6. Menuda infancia has tenido, tan rica de experiencias o recuerdos. No me salgas con que inventas o mientes mucho, que me estropeas la magia. Espabila y acaba de coser las tapas, que estoy esperando ese libro. De cosa inerte o de piedra, jajaja, cúanto desperdicio de talento, es peor que la margarita de Celia. O a barrer. Las tortas de la hermana, siempre. Si yo hubiera sido un niño de esos, tu hermana se entera de lo que vale un peine. Nunca participé en representaciones teatrales, afortunadamente. En juegos, algunos, pero nunca en plan plasta y con uno mandando. Niña solitaria y melancólica, cúanta poesía en eso: Los tres escalones de la libertad. Un buen título para tu libro.

    1. Venga, es todo verdad, casi todo, sin estropear magia.
      ¿Y para qué quieres el libro si ya lo tienes aquí? Sería más bonito con tapas, eso es cierto. Y con ilustraciones, ya que nos ponemos a imaginar.

      Besos, What. (O Whaty como te llama Antonio, me hizo mucha gracia, perdón si no te gusta)

      1. ¿El libro? Para chichar un poco y sobre todo para dejatr patente mi admiración. Whaty o Whatty, aunque sea con todo el cariño del mundo, me parece horroroso. De mi pluma no sale Antoñito ni Evita. Podéis llamarme también W, o WGA. Para eso llámame Todoloquevavuelve, no me desagradó, es super original.

  7. NO fueron muchos los veranos que pasé con mis primos. Mis tías se mudaron a los Estados Unidos cuando yo tenía poco más de nueve años. El poco tiempo que pasé con ellos, todavía lo añoro, más cuando leo tus historias. Luego una crece y ya no hay mucha comunicación. Pero me encanta leerlo cuando lo cuentas. Besos, amiga.

    1. Tengo muy buenos recuerdos de esos veranos con mis primos aunque a veces me escapara para estar sola, todavía nos reunimos de vez en cuando pero, claro, ya no tiene nada que ver.

      1. El mundo es muy distinto cuando somos grandes. Mi primo favorito todavía me molesta por el peinado que me hacían de chiquita. Cuatro moñitos, me dice. Pero fue una época muy linda, de verdad.

  8. 😀 😀 😀 😀 ¡Qué ratos tan buenos! No sé si vosotros lo hacíais también, aunque supongo que sí, coger sábanas viejas, colchas, collares… y las imprescindibles pinzas de la ropa para sujetar todo eso y “fabricar” disfraces para las obras. ¡Qué tardes de verano tan inolvidables! 🙂

      1. Sábanas, pañuelos, cintas, tapetes… ¡Todo servía! Yo era la muñeca viviente de los mayores y tan pronto era princesa oriental, como astronauta. Recuerdo papeles de todo y de lo más variopinto. Me tocó una vez hacer de Julieta, y me enfadé horrores porque no me quería morir 😀

      2. Jajaja, os visualizo a ti y a tus hermanas, seguro que érais de lo más creativas. Mi papel estrella era el de chacha, de ahí le debe de venir el nombre al blog, el caso es que ese sí me gustaba. Me encontraba muy graciosa diciendo tonterías escoba en ristre 🙂 🙂

      3. 😀 😀 .D La verdad es que los niños de hace unos años o éramos creativos o moríamos de aburrimiento en el intento. Ni televisión las 24 horas del día, ni videojuegos, ni papás hiperactivos e implicadísimos en la educación… Era distinto y la imaginación funcionaba a toda máquina.

      1. Mi madre jugaba con nosotras al parchís, al domino y a las cartas, pero en los otros juegos ni se metía. Mi padre era el proveedor oficial de tebeos, libros, cómics y el que organizaba las excursiones y viajes, pero jugar como ahora… Creo que los hubiéramos echado a patadas 😀 nos hubieran cortado el rollo.

  9. Jugar por jugar, sin competir, siempre me pareció propio de la infancia. Pero ni siquiera en la infancia era posible.
    Intentando explicarme la razón, pensé algunas veces que, a lo mejor, era porque cada uno de nosotros nació por haber sido ganador un espermatozoide de la primera carrera que echamos en nuestra pre-vida. Los óvulos, tan tranquilos, se dedicaban a esperar. Y la herencia de aquel espermatozoide ganador nos deja una impronta de la que es difícil desprenderse.
    Pero esto seguramente será una más de esas tontunas que se me ocurren, porque mi espermatozoide debió ganar de pura chiripa.

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