Hora de las noticias

A la acacia de mi ventana se ha venido a vivir un grillo. No debe de andar muy bien de presupuesto para haber elegido precisamente ese árbol de entre todos los posibles. La acacia, pobre mujer, está un poco torcida y tiene el tronco flaco y renegrido de contaminación. Lo que sí hay que reconocerle es lo bien que mueve las hojas, como si susurrara una canción muy suave, de esas que hacen soñar.

El grillo tiene la voz grave y potente, de locutor de radio, y en cuanto se mete el sol y salen a volar enloquecidos los vencejos, se pone con las noticias. Ni idea de lo que cuenta, es lo bueno que tiene no entender su lenguaje, pero seguro que no son tan sórdidas ni catastróficas como las de verdad. Por eso he decidido apagar la tele y escucharle a él.

Me asomo a la ventana y ,si hay suerte, la acacia canta bajito, el grillo cuenta con su vozarrón rasposo noticias indoloras, el sol se esconde derramándose antes por cielo, cristales y tejados, se asoma media luna por la izquierda, una estrella muy tímida justo enfrente y  dos murciélagos pequeños salen a cenar, buscando mesa atolondrados.

Si no supiera nada más, si acabara de llegar, me gustaría mucho el mundo y la hora de las noticias.

(Cuaderno de DM)

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34 comentarios en “Hora de las noticias

  1. ¡Añoraba la sensibilidad mágica de Doña Marga! Y como ella, pienso que las noticias son malísimas para la salud.
    Estoy trabando en un libro que, si alguna vez logro terminar, creo que te gustará, porque leyendo tu entrada me lo ha recordado un poco 😉

    1. Nooooo, pero si creía que ya estabas casada. Mis felicitaciones, Edda. Que seas muy feliz aunque sospecho que ya lo eres.
      Muchos besos y ya me irás contando novedades.

    1. Sí, es verdad, tienes toda la razón, pero está bien atribuírselo a otro.
      Y ya que estás por aquí, te quería preguntar, ¿cuál de los poetas de Pessoa me dijiste una vez que era el “bueno”? Estoy leyendo Alberto Caeiro, ¿era ese?

      1. Si dije eso alguna vez estaba diciendo una tontería. Alberto Caeiro, Alvaro de Campos, Ricardo Reis, son los más importantes y los tres igual de “buenos”. Es cierto que encuentro más afinidad con Caeiro, pero lo mejor de todo esto es que es que puedes encontrar un poeta para cada estado de ánimo -más rural, más urbano, más realista, más metafísico-, o para cada época de tu vida.
        Por cierto, ¿por qué le tengo -los tengo- tan abandonados?
        ¡Qué suerte estar leyendo a Alberto Caeiro!

  2. Muy bonito, me gustan los grillos y hasta me caen bien los murciélagos. Es verdad, a veces hay que dejar de ver las noticias, por higiene mental, para desconectar también de ese bombardeo imparable de información, la mayor parte de ella negativa.

  3. Cada ser tiene su propia forma de decir: Estoy aquí.
    Esas formas suelen tener su propia belleza. Y yo creo que tu forma de decir “estoy aquí” son estas cosan tan bonitas que se te ocurren.

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