La casa de Celeste

Algunas tardes mi madre me llevaba con ella a casa de una amiga suya llamada Celeste. En realidad no me llevaba ni me quería llevar pero en cuanto yo veía que abría la puerta y empezaba a subir la cuesta, dejaba de jugar y salía corriendo detrás. Me daba igual que me llamara pesada o que pusiera cara de fastidio, me había salido con la mía y ya iba a estar pegada a ella toda la tarde. No tenía mucha dignidad.

El caso es que a los cinco minutos me aburría y se lo decía, eso la irritaba más, “¿para qué has venido?, ya te dije que te ibas a aburrir, todavía estás a tiempo de volver”. Qué indecisión, no sabía qué hacer, quería bajar para seguir jugando pero ¿y si justo por bajar le ocurría ese algo que yo tanto temía? Mejor aburrirme con ella y con su amiga Celeste. Me quedo, le decía dándole la mano. Me gustaban muchísimo sus manos, largas y suaves. Pero por dentro pensaba, “tenía que haberme ido”. Eso me sigue pasando, elija lo que elija siempre creo que lo bueno era lo otro.

Y me aburría toda la tarde en casa de Celeste. Era costurera y trabajaba desde su casa, por eso tenía el suelo sembrado de trozos de telas de colores. Vivía con un marido acostado en una cama, tenía alguna enfermedad, y un gato muy gordo y antipático, capado, al que había puesto de nombre Rey de España. El nombre venía de que cuando lo tenía en brazos le gritaba, “ay, mi rey de España, qué guapo es”. Mi padre aseguraba que el marido estaba muerto, que lo había matado la propia Celeste para poder cohabitar tranquilamente con el gato. Pero es que todas las amigas de mi madre le caían mal y a todas les atribuía leyendas raras.

Puedes quedarte con todos los retales que quieras, me decía Celeste muy generosamente, ofreciéndome las telas rotas del suelo pero merienda ni por el forro. A eso me dedicaba mientras ellas hablaban, a recolectar retales y a formar montones. Los ordenaba por colores, por formas, por estampados, los volvía a desordenar, hacía figuras con ellos en el suelo, los lanzaba al aire. También miraba por la ventana. Desde la casa de Celeste se veían las vías del tren y detrás el monte verde y gris. Cuando pasaba el tren dejaba el juego de los retales y miraba el tren. Rey de España también miraba, muy digno, desde otra ventana.

Mientras, ellas hablaban y hablaban de sus vidas y de los disgustos. Venga con los disgustos, hija mía qué disgusto esto y qué disgusto lo otro. Después se reían como dos locas de los propios disgustos, hasta lloraban de la risa. No había quién las entendiera. Mi madre, como si yo no estuviera delante, le contaba cosas nuestras, también de mí. Eso me hacía sentirme mueble o niña invisible puesto que era capaz de decir “esta es la que me ha salido más tonta de todos, creíamos que iba a ser muy lista porque aprendió enseguida a leer pero luego…” y Celeste asentía, dándole la razón. Una niña que jugaba con trozos de tela y miraba el tren pasar no daba muestras de gran inteligencia. Pero si lo de las telas me lo había sugerido ella…estaba claro que me había equivocado al ir allí, la opción buena era la otra.

Todo el camino de vuelta lo hacía enfadada. Quería un helado, ya que me había aburrido, no había merendado y me habían llamado tonta en mis narices, era lo mínimo. Pasábamos delante de la tienda de los helados valencianos y después de mucho tira y afloja compraba un polo de horchata para mí y para ella un granizado de limón. Nos lo tomábamos sentadas en un banco antes de llegar a casa para que no lo vieran mis hermanos. Ese momento era perfecto y la elección la correcta. Mirábamos juntas los retales para ver cuál era el más bonito y qué se podía hacer con él aunque luego nunca hiciéramos nada. Daba igual, la gracia estaba en proyectar. También nos reíamos mucho del gordo de Rey de España. Era muy sencillo ser feliz. Tanto como dejar de serlo.

41 comentarios en “La casa de Celeste

  1. Aunque también me gusta mucho “A.J. Chegwidden”… no se… ya me has hecho dudar… no puedo leerte tanto que me das muchas ideas.

    PD. D.E.P. Lina Morgan… no me hagas caso, ya sabes que mi mente va por libre.

      1. También tengo en mente llamarlo “Donald. P. Belisario” que es más fácil. El largo del nombre da igual, total para el caso que me iba a a hacer, es lo que tienen los gatos, que aparte de soltar mucho pelo son muy suyos.

        Era el nombre de una revista musical que protagonizó, asociación tonta de ideas 😉

  2. A mí también me pasa que siempre que elijo termino pensando que habría sido mejor la otra opción. En especial cuando escojo una caja para pagar en el súper, siempre me pongo en la que se va a romper, en la que tiene a la señora lenta y plasta o en la que va a tener algún problema con el cambio. Arg.

  3. Carcajadas varias…La primera, por el gato Rey de España. Vaya nombre, podría decir que ahora anda ocupado en consultas parlamentarias, por no ser que sospecho que la dedicatoria iba dirigida al padre de Felipe, Juan Carlos. Carcajada dos…”…ofreciéndome las telas rotas del suelo pero merienda ni por el forro”. Carcajada tres…”Mi madre, como si yo no estuviera delante, le contaba cosas nuestras, también de mí. Eso me hacía sentirme mueble o niña invisible puesto que era capaz de decir “esta es la que me ha salido más tonta de todos, creíamos que iba a ser muy lista porque aprendió enseguida a leer pero luego…”. Vaya, estas cosas pasan a veces, que hablen delante tuyo y encima mal, eso jode mucho. Muy bonito lo del suelo cubierto de retales de colores. Muy entrañable lo de esa contradicción interna sobre la decisión a escoger, el voy con ella o no voy, la indecisión eterna. También pasa. Una vez más retratas los sentimientos de esa niña de una forma magistral y bellísima, como esa vuelta con enfado y helado incluidos.
    Y ya me ha parecido bellísima y supongo que muy cierta tu reflexión final: “Era muy sencillo ser feliz. Tanto como dejar de serlo”…en dos frases cortas dices tantas cosas, y eso no puede hacerlo cualquiera, creo humildemente…Si tuviera gata igual la llamaría Evavill la Poeta.

    1. Gracias por las tres carcajadas pero, sobre todo, por el nombre de la gata, jajaja, qué bonito . No importa que sea mentira. Yo no puedo tener gatos, soy alérgica a sus pelos.
      Muchos besos.

  4. Yo tambien tenia mucho miedo que pasara *eso* que no queria que pasara
    , por eso no perdia de mi vista a mis amores…pero mi hermana, empezo el secundario .y fue una tortura para mi: como puede vivir lejos?,seis largas horas lejos de mi? Hoy, la Vida, esa bella malvada, me ha enseñado ,desapego

  5. Genial… consigues hacer volar mi mente a la infancia desde la primera línea. Y la reflexión final no podía se más cierta. ¿Sabes? Yo tuve un gato y lo llamé “GATO”, no recuerdo si fue comodidad, falta de imaginación, o que lo dimos por hecho (y eso que eramos cinco hermanos para decidir). Bsss

  6. Qué tierno.Me has recordado un poco a miguelito, que también ha sido un poco polluelo, y a veces me agobiaba, y él se aburría, y nos compensábamos con un trozo de tarta y él ya volvía feliz. Porque pocas cosas le hacen tan feliz como amigos y un balón, o un trozo de tarta 😊. Por mi parte durante muchos años tambièn me acompañó esa sensación de que la opción no elegida era la correcta….

  7. ¡Qué recuerdos me has traído!, mi madre tenía una que se llamaba Saladina, vieja, obesa, piso muy antiguo y oscuro con escaleras de madera en caracol que crujían. Yo no quería ir porque tenía un perro muy mal encarado que gruñía, ladraba y parecía que me iba a comer, nunca aprendí a perderle el miedo. Tenía suerte porque a mi si que me daba galletas. En cuanto a lo del helado, ahora mismo me voy a tomar un corte, me has dado envidia.

  8. ¡Qué recuerdos! 🙂 Las modistas que cosían los vestidos de nuestra infancia. La que nos hacía nuestra ropa se llamaba Lola y era soltera, no tenía gato, pero tenía también el suelo de su taller-casa lleno de retales. Al salir, en lugar de helado nosotras pasábamos por una pastelería cercana a comprar coca de piñones 😉 Era divertido ir a comprar telas, elegir botones o cremalleras a juego para los vestidos, los abrigos… hoy las únicas modistas que quedan son impagables o están en China 😉

    1. Qué rica la coca de piñones, las cocas en general. Esta señora lo único que nos hacía era unos babis bastante horribles para el colegio. Me gustaba cuando nos medía con la cinta, ya ves tú que tontería.

      1. 😀 😀 😀 A mí me fastidiaba horrores tener que desnudarme para probarme la ropa y si encima me pinchaba o en invierno me tocaba con las manos frías… ¡Arggg! 😀 😀 😀 Además en aquella casa olía raro. De hecho, en casi todas las casas huele raro, ese olor que no es el tuyo, ni bueno ni malo, solo distinto… extraño 🙂

  9. Eso de los olores de las casas es totalmente cierto, cada una tiene el suyo y en algunas, aunque no huela mal, es desagradable, como si no lo toleráramos. Me gusta para desarrollarlo como relato este tema de los olores y las casas.

  10. Parece ser que todo el aburrimiento que sentías valía la pena por el momento perfecto de comerte el helado con tu madre. Es cierto, es muy facil ser feliz cuando aprecias esos pequeños instantes de la vida. Besos, mi Reina de España.

      1. Pues en Puerto Rico, ni en Tejas hay reyes. Un montón de políticos imbéciles, sí. Por lo menos en España hay monarquías y títulos nobiliarios. Y como hace la reina de Inglaterra, que le pone “Sir” a sus súbditos preferidos, yo te nombro Reina de España y punto.

  11. Lo de los disgustos que hacen pasar del llanto a la risa, creo que es una demostración de que hasta las penas hay que llevarlas con alegría. Por el mismo precio, para qué te vas a condenar.
    Por otro lado, los niños de las familias numerosas siempre buscaban algún momento dedicado exclusivamente a ellos para sentirse especialmente queridos. Ahí, a todos nos encantaba competir.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .