Secuoya

Debería aprender algo de ti, mucho de ti. De tu manera silenciosa de estar en el mundo. Supongo que no tienes deseos ni pensamientos ni palabras para expresarlos y que por eso no sufres. Te basta con ser. Con alzarte majestuosa hacia la luz, extendiendo tus verdes brazos.

No haces planes de futuro, no añoras lo que se fue. Generosa, regalas sombra y pájaros de manera natural, sin darte importancia. Me gusta apoyar la mano en tu tronco musgoso y mirarte desde abajo, qué alta eres, ojalá pudiera envejecer así, creciendo.

Me siento en tu raíz, es tan grande que sobresale del suelo, parece que, deseosa de andar, hubieras sacado un pie. Pero no, a ti no te hace falta, eso son necesidades mías, soy yo la que deseo, siento, hablo, busco y no me conformo.

Sí que debería aprender a vivir como tú, sencillamente, sin miedo al rayo.

(Cuaderno de DM)

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36 comentarios en “Secuoya

  1. Quien pudiera ser un árbol o cualquier otro elemento de la naturaleza. La mente es una carga muy pesada para acarrearla toda una vida, al menos en muchas etapas y en un mundo tan cargante. Me encanta el texto.
    Besos, guapa,

  2. La secuoya sabe más de lo que expresa. Los árboles tienen su propio lenguaje, más antiguo que el nuestro, seguramente está agradecida por tus palabras 🙂
    Un saludo cariñoso desde Argentina, Eva.

    1. Bueno, sería bonito aunque no creo. Yo la considero una amiga, una especie de protectora aunque ella a mí ni me vea, estoy demasiado abajo.
      Gracias por tu comentario, Bella.

  3. Aynssssssssssssss, no he visto ninguna que no sea a través de una pantalla.
    Algún día podré acariciar alguna.
    Adoro los árboles y la secuoya siempre ha sido mi sueño de árbol.
    Si hay otra vida me pido secuoya.
    Y bien lejos de los humanos.

    Besos.

    1. ¿No has visto ninguna de cerca? No es por darte envidia pero las tengo casi al lado, ahora mismo no pero sí muchos fines de semana. La verdad es que son impresionantes, has elegido bien la especie.

  4. Pues Secuoyo es un nombre guay para varón, mola un montón porque se sale de lo habitual. Yo sería el Secuoyo acojonado y miedoso del bosque, y lo digo por lo de que te caiga un rayo encima. Tan altas que son…Mejor pensemos que son tan grandes y tan fuertes que un rayo les hace cosquillas, es una descarga que les da risa y les hace sentir bien. Quizá sí que tienen deseos, a su manera, sensibilidad seguro que sí. Ahora me has dejado pensativo…Resulta, y ahora no lo digo para presumir, en serio, que estuve en el Canadá en 1997, estuvimos 3 semanas recorriendo la British Columbia, partiendo desde Vancouver, viendo los parques nacionales. No hay palabras, la naturaleza allí es majestuosa. ¿Por qué digo esto? Porque no sé si vimos secuoyas, pero no lo recuerdo. Desde luego que me hinché de ver bosques y árboles, sobre todo abetos y piceas. Cabe la posibilidad de que viéramos en algún enclave, tendría que preguntarlo a los que me acompañaron. Por cierto, volviendo a las primeras reflexiones: Aunque los animales y seres vivos puedan tener y sentir miedo, por puro instinto de supervivencia, no creo que en general ni animales ni vegetales piensen en la muerte (lo digo por el rayo). ¿O sí? ¿Tendrá un gorila, un gran simio o un chimpancé, o una ballena, un delfín o un elefante conciencia de lo que es la muerte, y quizá miedo? Ya me estoy enrollando, as usual…

    1. No te creas que tan cosquillas, también las puede tumbar el rayo, obviamente no lo saben y por eso no tienen miedo. He leído que entrelazan las raíces unas con otras para hacerse más resistentes pero eso es una defensa natural, no premeditada, por muy romántico que suene.

      Seguro que si estuviste en Canadá verías alguna, o no, pero da igual, qué viaje más bonito de todas formas, por la naturaleza. No he estado, ya veo que has viajado bastante.

      Yo tampoco creo que los animales piensen en la muerte pero igual me equivoco.

  5. 🙂 El miedo al rayo nos acompaña a todos, lo que ocurre es que los rayos que tenemos son distintos: el rayo de la enfermedad, de la vejez, de la soledad, de la pobreza, de la injusticia, del dolor, del compromiso… Todos y cada uno de nosotros tememos ese rayo que, si no consigue derribarnos, si dejará en nuestro tronco una marca. Nadie es inmune a ellos. Las tormentas de la vida son inevitables 😉

  6. De chico descubrí ese árbol, el único que había en mi ciudad. Estaba en el corral trasero de una funeraria. Mi amigo, el hijo del dueño, me lo enseñaba orgulloso de él, como si fuera un tesoro que sólo tenía su familia.
    El corral es ahora un Mercadona, mi amigo, un asesor del alcalde. La secuoya debió morir sin un susurro.

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