El cumpleaños de Anabel

A mitad de verano, en uno de esos días radiantes de agosto que tienen tanta luz y tanto azul que parecen eternos, como si fuera imposible que el tiempo los atravesara y evolucionara a otoño, Anabel celebraba su cumpleaños.

Ya desde julio hablábamos emocionados del cumpleaños de Anabel, anticipándonos. Porque no era una celebración normal como podían ser las nuestras, con unos cuantos niños, un par de platos con patatas fritas y una tarta en medio para soplar las velas, eso si tenías suerte y te lo celebraban. El mío pasó desapercibido bastantes veces porque muchos años tuvo la mala idea de coincidir con el primer día de colegio.

El caso es que el cumpleaños de Anabel era una fiesta mayúscula y uno de los acontecimientos del verano, casi tanto como la feria o los fuegos artificiales. Todos los niños de los alrededores, a muchos ni los conocíamos, estaban invitados. Se celebraba en el jardín de sus abuelos que era uno de los más bonitos y grandes del pueblo. El abuelo, un señor con aspecto de galán de cine, de piel muy morena que contrastaba con un pelo y unos dientes muy blancos, era muy rico, aunque no sé de dónde le venía esa riqueza. Es inmensamente rico, nos gustaba decir para admirarnos.

En el jardín había muchos escalones y recovecos llenos de rosas, un pozo de piedra ,una piscina, una pista de tenis y un cenador cubierto de hiedra. Justo debajo colocaban una mesa llena de comida, o de manjares, porque aunque lo que hubiera sobre la mesa se pareciera a nuestra tortilla de patata, a nuestras croquetas o a nuestros bocadillos, se trataba sin lugar a dudas de los manjares propios de los inmensamente ricos.

Requisito indispensable era ir disfrazados, lo cual molestaba mucho a mi madre que era poco amiga de que le complicasen la vida más de lo que ya la tenía, pero aún así nos apañaba algún disfraz. Con mis hermanos no había problema, ellos siempre iban de futbolistas del Atleti incluso cuando no había que ir de nada. Y nosotras nos vestíamos de supuestas hadas o princesas, según la imaginación del que nos mirase porque el disfraz siempre era igual: una tela vieja atada a la cintura y uno de los collares de mi madre, o más de uno.

Claro que había niños que llevaban disfraces de verdad, no manufacturados por una madre desganada, pero nos aguantábamos. Para consolarnos nos dejaba sus pinturas. No nos poníamos más carmín, más colorete ni más sombras azuladas porque no nos cabían en la cara. Nuestro ideal de belleza estaba muy lejos del minimalismo.

Era un cumpleaños muy organizado, eso ya no me gustaba tanto, incluso me inquietaba porque todo lo que fuera competir me ponía nerviosa. A mis hermanos sí, ellos disfrutaban y hasta ganaban. Se hacían carreras de sacos, de relevos, el juego de las sillas, el pañuelo y al final una piñata que había que romper pegándole palos con los ojos vendados. Después de tanto esfuerzo ya nos podíamos avalanzar sobre los manjares y correr sin normas por ese jardín de maravillas. Mi madre siempre nos advertía, “por favor no comáis como fieras corrupias que os conozco y va a parecer que pasáis hambre”. No hacíamos caso y nos comportábamos como pirañas voraces.

Para redondear la fiesta contrataban a Fermín, un hombre del pueblo muy estrafalario que vivía de poner en la calle un puesto con cachivaches viejos como tijeras, un colador oxidado, una cajita de música, caramelos de menta pegajosos o una regadera. A veces, milagrosamente, vendía algo. También tenía libros sobados, casi todos novelas del oeste o de amores cursis, y fotos de sus familiares difuntos. Cuando alguien se acercaba a mirar, decía señalando las fotos, “que se jodan todos, ya están muertos”.

Para el cumpleaños de Anabel se vestía con una capa negra, de vampiro totalmente, y se colocaba muy serio detrás de su mesita. En vez de los cachivaches habituales, los padres de Anabel habían puesto golosinas y él hacía el papel de falso pipero. Se las podíamos comprar a cambio de una piedra o de una hoja. Como nos causaba gran emoción tener a nuestra disposición todos los dulces que quiséramos sin pagar, nos pasábamos la fiesta yendo y viniendo a su puesto. Era un vendedor muy siniestro, nunca se reía ni hacía bromas y nos miraba a todos, niños y mayores, embozado tras su capa, como si eso fuera un teatro del absurdo y él el único y lúcido observador.

Jamás conseguí no estar mala al día siguiente mientras que mis hermanos, de naturaleza más fuerte que la mía, salían intactos aunque hubieran comido lo mismo o más. Me lo pasaba vomitando, con dolor de tripa y una especie de resaca alucinada en la que bailaban niños disfrazados, revoloteaban como polillas los ahora repugnantes manjares, el abuelo galán de cine sonreía con sus dientes destellantes de inmensamente rico y Fermín me perseguía para obligarme a beber tazas y tazas de manzanilla letal.

Ya te advertí que no te pasaras comiendo, me recordaba mi vengativa madre, ella sí de verdad con una taza de la asquerosa infusión en la mano.

Anuncios

28 comentarios en “El cumpleaños de Anabel

  1. Menudo cumpleaños. Mis primos eran como tú y tenías que correr para que quedara algo y no se lo zamparan todo.
    Niña, cierro una temporada, voy a desconectar, no estoy de humor… ya sabes 😦
    Muchos besos y hasta pronto, espero.

  2. Si los otros niños corrían. yo iba despacio, desde niño quise marcar la diferencia, Los otros niños tragaban, yo no. Siempre guardaba uno o dos caramelos para mi abuela.

    Besos

  3. Muy buen relato, muy bonito y gracioso, y como siempre ha habido frases que me han gustado mucho. Me ha hecho mucha gracia esa pesadilla final en plan resaca, la vomitera y las imaginadas tazas de infusión asquerosa. Pero con lo que me he reído de verdad es con la expresión “fieras corrupias”. Hacía años y años que no escuchaba ese adjetivo tan gracioso que significaría…¿desbocadas, salvajes…? Supongo, algo así.
    “Como si fuera imposible que el tiempo los atravesara…” El tiempo lo atraviesa y nos atraviesa a todos, y de qué manera, brutal y despiadada.
    “caramelos de menta pegajosos”
    “No nos poníamos más carmín, más colorete ni más sombras azuladas porque no nos cabían en la cara…” es buenísimo.
    Y alguna que otra más. Yo no recuerdo fiestas de cumpleaños tan sonadas y floridas, desde luego la mía propia para nada. Y por supuesto, la tortilla de patatas de los inmensamente ricos parecía otra clase de tortilla de patatas…Jajaja, qué bueno, aunque el hambre me entra igual. Hace semanas que no como tortilla de patatas, no puede ser…

    1. Es verdad que el tiempo nos atraviesa a todos sin hacer distinciones, a los inmensamente ricos también, en eso se comporta con justicia. Yo tampoco tuve nunca cumpleaños tan elaborados y casi que me alegro, soy un poco anti celebraciones tanto mías como de otros aunque si hay tortilla de patatas…

      Gracias por comentar siempre tan bien, tan atento a lo que cuento.

      Besos, “fiera corrupia” ( no sé lo que significa)

      1. Vaya, pues no es ninguna chorrada, porque tiene que ver con la mitología y la literatura. Sería una fiera horrible y feroz basada en la Bestia del Apocalipsis…
        “Una Fiera Corrupia es un tipo de animal mitológico de aspecto horrible, deforme y amenazador. Hoy nos daría risa, mucho más estando tan acostumbrados a la visión de bichejos tipo Alien. Pero entre los siglos XVIII y XIX pensar e imaginar una de estas bestias debía dar terror.

        Se popularizaron gracias a los romances de ciego y la literatura de cordel, esos pliegos atados por un cordel o una caña que se vendían al público contando fábulas, leyendas o acontecimientos de la época narrados por los ciegos que iban de un pueblo a otro ganándose la vida como juglares.

        Uno de sus temas favoritos eran este tipo de bestias apocalípticas cuyas andanzas atemorizaban al público y le encantaba escuchar. La más conocida fue la Fiera Corrupia. Según José María Iribarren en El porqué de los dichos, «La Corrupia -según las aleluyas y romances de la época- tenía cabeza de toro (con cuernos gachos, descomunales) y cuerpo de lagarto, lleno de escamas. Sus uñas eran como ganchos de romana (de balanza romana), y para su exterminio fue necesaria la intervención de todo un regimiento de infantería de línea».
        Esta era una de las descripciones más conocidas. Pero según la versión de cada narrador y el lugar donde se cantara el romance, el animalillo tenía aspectos diferentes, aunque igual de temibles. La cuestión es que, según Pío Baroja en su obra Vitrina pintoresca (1935), la Fiera Corrupia está inspirada en la Bestia del Apocalipsis y con el tiempo fue perdiendo su origen bíblico.”
        Es curioso que hayas usado esta expresión, quizá la has leído hace poco por ahí. Es increíble lo que queda almacenado en la mente humana. Bueno, somos fieras blogueras…

    2. Me ha parecido muy interesante la historia mitológica de la corrupia, me gustan esas leyendas de animales o seres entre mágicos y terroríficos. De verdad que esa expresión, “sois como fieras corrupias” la decía mucho mi madre y yo también la digo. Pero no creo que ella supiera su significado y yo hasta ahora, tampoco.
      Nada, que te retiro el adjetivo corrupio.

      Besos y gracias por la información.

  4. En mi familia siempre hemos sido de disfraces manufacturados: más de una vez fui de ‘El zorro’ (como no, je) con un sombrero viejo y una capa confeccionada con una bolsa de basura negra. Una espada de los tómbolos del pueblo y un antifaz que a saber de dónde saldría. Ahora escribiéndolo suena muy cutre, pero en verdad me encantaba.

    1. ¡Qué gracioso!, ya con las ideas claras desde pequeño. Me hubiera gustado verte con ese disfraz, tenías que estar impactante. Me encanta lo de la bolsa de basura de capa 😉

  5. Lo que escribes pasabamos todos en la infancia y , como siempre , tus relatos me despiertan mis recuerdos. Tambien me invitaba a sus cumpleaños una amiga mia… de los ricos.Hice ahi un montón de descubrimientos fundamentales..lo de servilletas blancas de lino, por donde se ponen los cuchillos y los tenedores etc. Y , lo más importante, sonata de Beethoven Claro de luna. Cada cumpleaños le obligaban a mi pobre amiga que tocara el piano y siempre Claro de luna.Y que fue imprescindible decir ¡ Ah..! y cerrar los ojos escuchando.Así lo hacian los invitados ricos. Escucho esa preciosa sonata , hasta ahora, siempre con los ojos cerrados ,sonriendo y recordando a mi amiga. Te queiro ,Paloma, por hacerme recordar esos momentos.

  6. Me hashecho reir con ganas
    Maravillosa
    Me ha salido trabajo Paloma mia!!!!!
    12 dias de gira descanso y mas
    iujuuuu iujuuu!!!
    Vuelvo a ser Maria Josefa a partir del miercoles

  7. 😀 😀 😀 ¡Qué bueno el relato! Esas fiestas debían de ser la bomba. Recuerdo a menudo la sensación de esas fiestas infantiles, en la que los niños más ricos tiraban la casa por la ventana. Ya entonces, en la niñez, había clases 😀 😀 😀
    La descripción del abuelo y del vendedor siniestro es impagable. ¡Eres una artista describiendo! Haces “ver” las cosas y eso ahora, en la que la tecnología visual nos devora, es de agradecer 😉

    1. Pues esos dos personajes, aunque no lo parezca, son reales, igual por eso están bien descritos, hasta lo de la capa es verdad. Ese cumpleaños era uno de los momentos estelares del verano junto a las fiestas del pueblo, con su correspondiente feria. Ahora no la piso ni aunque me paguen 😉

      1. 😀 😀 😀 Yo siempre envidié a las niñas de mi clase que tenían pueblo, yo era niña de ciudad y mis vacaciones eran muy distintas, gracias a eso me recorrí con mis padres España entera 😉

      1. Pues sí, pero lo del pueblo… Ahora los psicólogos infantiles me diagnosticarían un “trauma pueblerino” y mis padres tendrían que ponerme en tratamiento y regalarme un pueblo virtual 😀 😀 😀 😀

  8. Esas fiestas siempre conducían a una indigestión. Ahora los padres demandan a los anfitriones por los gastos de hospital. La época que relatas era maravillosa, aunque vomitara una todo el siguiente día. Jajaja.

  9. Eso de las fieras corrupias me ha llamado la atención por ser una expresión que ya no se oye. Creo que está relacionada con disfraces de fiera (animales horribles) que antiguamente se usaban en muchos pueblos, cuando esos danzantes misteriosos bailaban al son de la gaita (que solía ser una dulzaina) y el tamboril. Los pocos festejos de esos que aún se conservan son restos etnológicos y, supongo, que las fieras corrupias también.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s