Teodoro y el pájaro

Cuando Teodoro hacía gimnasia en su jardín lo espiábamos a través del seto. Por reírnos. Teodoro era viejo y para sus ejercicios matinales se ponía en bañador. Levantaba los brazos y hacía molinillos como si fueran dos alas atrofiadas a las que quisiera devolver sus cualidades voladoras. Después echaba el cuerpo hacia delante levantando un poco los talones, también como si quisiera alzar el vuelo. Nada, ni despegaba ni se le arreglaban las alas. Por no tener ni siquiera tenía aspecto de pájaro, más bien de animal terrestre, pesado y torpón.

Fanny, su mujer, sí. Ella sí parecía un pajarito pequeño desplazándose a saltitos por el jardín para satisfacer todos los deseos y necesidades de Teodoro. No habían tenido hijos y Fanny se comportaba como una madre con él porque, pese a lo viejo que era, nunca había dejado de ser un niño fantasioso necesitado de cuidados. Después de su gimnasia, que tanta gracia nos hacía, se pasaba la mañana sentado con la cabeza inclinada sobre sus libros. Leía sobre astronomía, tenía un telescopio en la terraza. Pero antes de que se hiciera de noche y pudiera dedicarse a las estrellas, salía a pasear para ver pájaros.

Cuando nos cruzábamos con él, en vez de mantener la típica conversación de cortesía entre adulto y niños, Teodoro nos hablaba de temas inusuales como fuerzas telúricas, misterios del Universo o los pájaros que se había encontrado, “hoy un petirrojo, tres herrerillos capuchinos, dos mirlos, un pica pinos y varios agatedadores, ¿qué os parece?” Nos parecía un chiflado y nos teníamos que contener para no soltar la carcajada. Todavía nos daba más risa si le daba por hablarnos de la abubilla, el pájaro de sus deseos.

“No la veo, no la veo, sé que hay muchas por aquí porque se comen las orugas procesionarias y esto es zona de pinos y de orugas, pero no se deja ver, es esquiva y solitaria, si por casualidad os encontráis alguna, me avisáis corriendo”.

A continuación nos la describía: “tiene un penacho de plumas en la cabeza, como una cresta, un pico largo y curvado, el pecho rojo y las alas de rayas negras y blancas, el que la ha visto no la olvida jamás. Tiene mala fama porque huele mal, utiliza el mal olor como defensa, pero es un pájaro de buen agüero, ¿queréis saber por qué?”

En realidad no queríamos porque no nos importaba nada la abubilla pero él nos lo contaba igual. Al parecer ese ave era la protagonista de un poema persa muy antiguo titulado La conferencia de los pájaros. “Posee el conocimiento secreto del mundo espiritual”, nos decía señalando al cielo y levantando su cabeza loca, desde nuestro punto de vista, en dirección al mismo.

Muchas veces le gastábamos la broma de la abubilla. Desde nuestra casa gritábamos, “Teodoro, la abubilla, la abubilla, corre, corre que está subida a un pino y te la pierdes” Siempre se lo creía, pegaba un empujón a la silla, abandonaba el libro de estrellas y se acercaba hasta nuestro seto todo lo rápido que podía. “Pues ya se ha ido pero la hemos visto, tenía la cresta en la cabeza, el pico así como curvo y las alas de rayas”, decíamos repitiendo su descripción.

O era muy bueno y nos seguía el juego o era más infantil que nosotros. “Sois niños afortunados, vuestro corazón será ardiente y siempre estará lleno de
esperanza”, esa frase, que nos hacía retorcernos de risa en cuanto se iba, formaba parte del poema persa de los pájaros. Fanny también se aproximaba para oírle dando saltitos avícolas, todo lo que él decía lo escuchaba maravillada. Amaba mucho a su marido niño.

Ayer vi una abubilla.

Anuncios

33 comentarios en “Teodoro y el pájaro

  1. Qué personaje tan entrañable y maravilloso Teodoro, y también su mujer Fanny. Esa locura llena de fantasía, ensoñación, de evadirse en su propio mundo y a la vez de plena atención a la naturaleza. Esa ilusión propia de los niños que le hacía quizá más niño que ellos -los que ya tenían malicia-. Me he sentido algo identificado, no sé por qué. Ni hago ejercicios matinales ni entiendo de pájaros. Será por la locura infantil y porque en parte también vivo en mi propio mundo. Si viste una abubilla el te habrá leído y ahora estará sonriendo y feliz por ti.

    1. Yo también soy un poco Teodora, en mi estilo propio. De hecho me emocionó muchísimo ver a la abubilla y recordé todo esto. Las personas que no tienen algo de locura infantil me suelen resultar aburridísimas.
      Besos

      1. Marilyn Monroe dijo algo así como que más valía pecar de ridículo que pecar de aburrido. Al explicar las evoluciones de Teodoro en el jardín, y que parecía querer echarse a volar o desplegar las alas, establecí una conexión mental: Me acordé del hombre ya mayor -el actor es más joven que yo, de hecho, cágate, es su look con barba- que protagoniza el vídeo de The Old & The Young de Midlake. Cuando sale loco de alegría de la caravana y hace esas evoluciones en el prado, hay momentos en que parece casi querer salir volando, o que hace una especie de equilibrios en plan tai-chi. Recuerda a tu Teodoro, si te paras a pensar. Ciao, fiera corrumpía. Muy corrumpía.

  2. Qué descripción tan preciosa, las personas que has conocido en tu vida tienen mucha suerte, ahora son personajes fascinantes.
    Mucho te reías tú de don Teodoro, pero la abubilla ya forma parte de ti y nunca has dejado de buscarla 😉
    El final me ha encantado, ahora tendré que buscar yo a mi abubilla. Abrazos de agosto 😉

    1. Bah, nos reíamos porque éramos muy tontos pero en el fondo Teodoro nos caía bien, la prueba es que me acuerdo de todo lo que nos contaba. Eran más interesantes en la vida real de lo que yo cuento aquí, una pareja especial, los dos seres sensibles y espirituales, con sus defectos terrenales también. Ella había estudiado música, tocaba muy bien el piano.

      Busca la abubilla, yo quiero verla otra vez pero me parece que no voy a tener tanta suerte.

      Muchos besos.

  3. Que tuve que buscar lo que era el bendito pájaro. Bendito hombre, vivía de ilusión. No es mala la vida así, aunque una parezca una loca. Me ha gustado mucho esta historia. Creo que a todos nos ha tocado un Teodoro con una esposa-madre. Saludos amiga, aquí poniéndome al día contigo.

  4. Uy, creía que había visto muchas abubillas en el campo pero lo del pecho rojo me hace dudar. La próxima vez intentaré fijarme bien.
    Muy bonita la entrada, veraniega.
    Voy poniéndome al día.

    Un besito

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s