Desde la playa de Bakio

Cada vez que era el cumpleaños o el santo de alguno recibíamos una postal del tío Carmelo, un primo de mi padre que vivía en Bakio, un pueblo de Vizcaya. Hasta que se murió, jamás faltó a su costumbre de mandarnos la postal que ya, entonces, nos parecía un poco ridícula y pasada de moda.

El contenido siempre era el mismo, lo único que variaba era el nombre del destinatario. Decía: “A mi queridísimo sobrino (nombre correspondiente), desde la playa de Bakio, muchas felicidades en el día de tu cumpleaños (o santo). Firmado, Carmelo”.

En la parte delantera de la postal, con toda lógica, aparecía una fotografía de la playa de Bakio pero ahí si introducía ligeras variaciones. A veces mandaba una vista de la playa tomada entre dos rocas, otras una vista aérea y otras una ola gigante y unas letras de colores encima en las que se leía “Bakio”. La procedencia estaba clara y que el tío Carmelo se pasaba el día en la playa, también. Eso sí que era buena vida y no la nuestra. Sabíamos que no trabajaba, le habían dado la invalidez a causa de una enfermedad y la que ganaba el sueldo era su mujer, la tía Sabina.

Ella no tenía tiempo de mandarnos postales desde la playa aunque a veces firmaba en una esquina. Un garabato hecho a toda prisa con muchos picos agudos. Rúbrica que según mi padre delataba a las claras la mala leche que tenía. Pobre Carmelo, decía, se ha casado con Hitler, le debe llevar más que tieso. Él, sin embargo, es buenísima persona, se nota en la letra. Se notará en que lo conoces desde que tenías dos años y en que es tu primo más querido, decía mi madre desmontándole sus interpretaciones grafológicas.

Lo cierto es que no hacíamos ni caso a las postales del tío Carmelo, excepto para reírnos de que siempre escribiese lo mismo o para comparar entre nosotros cuál nos había tocado, si la de la ola, la de las rocas o la aérea y contar cuántas repetidas teníamos ya. Luego mi madre nos obligaba a que le llamáramos por teléfono para darle las gracias. Tampoco en la conversación había muchas variaciones. Decíamos, muchas gracias, tío, me llegó tu postal, muy bonita. De nada, contestaba él, ¿te ha gustado la playa? El año que viene, más. Y ya estaba.

Solo les vimos en persona tres veces, dos que fuimos nosotros allí en unas vacaciones de verano en las que no paró de llover y otra que vinieron ellos a Madrid. Tenían problemas económicos y no les iba a quedar más remedio que vender la casa de la playa. La tía Hitler-Sabina se resistía y gritaba como una loca levantado el dedo índice hacia el techo y dando golpes sobre la mesa, “Bakio no se hunde, no se hunde” y así sin parar. El tío Carmelo permanecía en silencio, le habían amputado una pierna y llevaba el pantalón doblado y sujeto con unos imperdibles por detrás de la rodilla. Qué impresión.

Esa frase de “Bakio no se hunde” se me quedó pegada y la uso para darme ánimos en los malos momentos. El caso es que muy eficaz no era porque sí que tuvieron que vender la casa y marcharse a vivir a Bilbao. Desde allí nos siguió mandando postales, pero ya no eran del mar, eran una pareja de hombre y mujer vestidos con trajes regionales. La tela de la falda de la mujer estaba bordada con hilos de verdad, me gustaba pasarle el dedo por encima.

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44 comentarios en “Desde la playa de Bakio

  1. Enviar postales es una práctica olvidada, todo y que hace unos días recibí una del Menorca y me hizo mucha ilusión 😀 😀 😀 Hoy día se felicitan los cumpleaños por Whatsapp o por Facebook. ¡Hay incluso quien los celebra en el blog! 😀 😀 😀
    Las postales con tela de las que hablas al final, a mí me alucinaban (aún hoy me llaman la atención por lo extravagantes). ¿No tendría el tío Carmelo banderines colgados en su casa? En mi imaginario infantil ambas cosas iban juntas 😉 Los banderines de los lugares que visitabas eran de lo más típico.
    Leerte es ayudar a mantener a flote los recuerdos del pasado, así que diremos contigo: “¡Bakio (o la memoria) no se hunde!” Sospecho que esta frase la habré de recordar muchas veces 😉

  2. De lo de los banderines no me acordaba pero ahora que lo dices sí que creo que algunos de mis primos tenían colgados en sus cuartos esos banderines. El tío Carmelo hoy nos hubiera metido la tarta del guasap y nosotros le hubiéramos devuelto la carita sonriente. Ahora es más cómodo, hay que reconocerlo, jajaja.

    La frase es muy pegadiza, ten cuidado 😉

  3. Me gustaría oírte diciendo “Bakio no se hunde”, es genial, jajaja. Qué historia tan triste. Me encanta el rollo de tu padre con la caligrafía, la verdad es que no es moco de pavo.
    Besos, guapa.

  4. Mi abuelo siempre enviaba una postal, pero en sobre Jjj y con un billete de 500 pesetillas, mis hermanos y yo nos volvíamos locos
    Alguna guardo con la falda de telita. Ahhh porque soy de las que todo lo guarda
    Besos

  5. El colmo, llamarle Hitler a la única que trabajaba. Los hombres siempre salimos bien parados. En cuanto a vuestra suerte playera, es para reirse, toda la vida tragando postales de Bakio, imagino que soleadas, y cuando vais allí, zas, agua va.

    1. Jajaja, es verdad, pero es que era un poco mandona. Lo de la lluvia suele pasar en el norte, tú lo sabes que eres de esas tierras tan verdes y bonitas. Pero en las postales no llovía nunca, claro.

    1. En que todo se acaba estamos de acuerdo pero, vamos, que sea una suerte que venga la muerte ya no lo tengo tan claro. Si llega antes de tiempo o cuando estás bien ya no es tanta suerte.

      Un beso, Xavi.

  6. La frase es muy buena, aunque el grito guerrillero quizá me suena como “Bakio unido, jamás será vendido!!!”. Pues yo en algunos viajes al extranjero me he hinchado a mandar postales, y de esto no hace tanto, o también en mis vacaciones playeras. Y las postales tardaban una eternidad en llegar a España, a veces volvías tú antes. También he tenido banderines en mi habitación, y algunos de lugares pintorescos, otros del Barça, claro. Gran persona y gran corazón Marcelo. Creo que nunca deberíamos dejar de mandar postales o escribir cartas en papel, yo era muy aficionado a esto, y algunas largas de verdad, mis amigas del instituto hasta las guardaban. Por más que avancen tecnologías o smartphones creo que es muy bonito hacerlo, no debería parecer ridículo o motivo de risa.

    1. Lo que nos daba risa no era la postal en sí, nos hacía gracia que siempre pusiera lo mismo en ella, es que era un poco mecánico felicitando, como un tío robot de los santos y cumpleaños. A pesar de eso tenía mucho mérito el que se acordara de todos y no desfalleciera en su costumbre.

      A mí también me gusta recibir postales y cartas escritas a mano, ya ni te digo, lo que pasa es que ya nadie te escribe en papel y por correo, pero es bonito, estoy de acuerdo. Me imagino la cartas a tus amigas muy, muy largas y divertidas.

      Besos.

  7. Una mujer que fue mi cuñada y ahora es mi amiga siempre me entregaba su paquetito con una prolija tarjeta que rezaba :*con mucho amor,* me daba risa
    Ahora le manda regaltos a mi nieta, adora a mi hijo y dice:
    Para Mina con mucho amor *y la niña se emociono .era la primera tarjeta que recibia , con su nombre y le hiso ilusion de ser mayor
    Yo tengo mi frase de aliento: Aun estoy viva! de Caligula de Camus

  8. En casa de mis padres todavía hay postales de esas, con un escueto “Felicidades de tus tíos”. Para que luego digan que antes nos comunicábamos más. Ahora sin embargo estoy en un grupo de whatsapp con toda la familia Molina y tengo alguna tía que no para de escribir. Casi mejor eran las postales. Siempre que visitaba una ciudad nueva, compraba una postal, pero no se la enviaba a nadie, porque si no me quedaba sin ella.😀

    1. Los grupos familiares de “guasap” son un peligro mundial, lo digo como lo siento.
      Mira tú qué lista quedándote la postal, la elegirías tan bonita que luego no la querías soltar.

  9. Lo de Bakio no se hunde, me recuerda los pueblos casi despoblados que ahora quedan. Son miles.
    Pero a la gente le ha dado más por defender al lobo que por evitar que desaparezcan estos pueblos para siempre.

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