Día: 7 septiembre, 2016

No

Qué ganas tenía de volver a ver al Jacobín y a su tierna hermana y qué mismas ganas me han entrado a la media hora de que desaparecieran de mi vista. Es un fenómeno bastante común cuando de niños se trata. El chiquillo, antes tan conversador, se ha vuelto taciturno y sufre una reducción del vocabulario extrema, solo dice no. No a cualquier cosa que le propongas, incluso a las que le gustan con pasión. No, siempre, no, en cualquier situación. No. Hay que admitir que lo dice muy bien, con una pronunciación muy nítida y mucho convencimiento.Como es casi su única palabra, la tiene muy perfeccionada, todo un virtuoso de la negación y de poner de los nervios con su monosílabo opositor.

La Morganina, por su parte, está aprendiendo a andar y a descalabrarse, todo junto. Después, para animarse por el esfuerzo que le supone ir tambaleante de silla a silla o para consolarse del golpetazo, chupa las paredes. Sí, eso hace, cual si se tratara de una estrafalaria niña gourmet.

Y mientras el Jacobín niega y se opone a lo que sea y la Morganina comprueba en sus carnes la dureza del mundo material y hace catas de pintura, la madre de ambos sigue lloriqueando tras la puerta de su antro de la creación, acompañada de la lapa de la Poncho.

“No, es imposible, nunca podrá ser mío, tengo que olvidar y conformarme”, he oído que se lamentaba sorbiendo mocos. Digo yo que hablará de algún amor, a no ser que se refiera a un premio literario. Como los huecos los relleno yo, he decidido que sea romance, qué bonito, un culebrón en vivo. Pero en lo más emocionante de la radio novela, justo cuando la Patricia iba a decir un nombre, se han callado, debe de ser una técnica que utilizan para enganchar al oyente y es buena porque me he quedado con ansia de saber más.

En vez de palabras, por debajo de la puerta se escapaba un humillo raro y no era el incienso que suelen prender, era otro aroma más intenso, proveniente , me temo, de alguna droga blanda y fumable. Casi seguro porque al rato han salido las dos con los ojos enrojecidos, han deambulado hasta la cocina y se han zampado de pie y compartiendo tenedor media cazuela de albóndigas, sin calentar ni nada. Esa falta de finura en señoras tan aristócratas solo puede deberse a los efectos de algún narcótico. Yo es que lo flipo, ha dicho luego la Poncho observando con fijeza las cuerdas de tender. Y a mí que las cuerdas no me parecen nada flipantes…

Sinceramente, tenía muchas ganas de llegar a casa pero nada más entrar en nuestra cálida morada y lo de cálida no es solo un decir, ha llegado a mis oídos la siguiente parrafada: “quién pudiera ser el niño que juega con la arena de la playa, que se baña en el mar, que embebido de azul representa la más pura de las felicidades”.

No me digas que ahora el Toni quiere ir a la playa, pero si no le gusta y para que acceda a acompañarme hay que engañarle con los más sucios ardides.

A ver, Toni, qué dices de niño y de playas, pues hoy estoy yo de niños y mira que los quiero pero me han dado una mañana de las finas¿Quieres ir a la playa? Aclárate.

No, no quiero, no pienso aclararme, quiero vivir en la confusión puesto que todo es confuso, ojalá pudiera volver a la infancia cuando la vida era simple, bañarme en el río, cazar lagartijas.

Lo del mar ya no, entonces, ahora río y te recuerdo lo que les hacíais tú y tu primo a las lagartijas, a lo mejor se te quitan las ganas de ser infante otra vez, ¿has hecho la compra, por cierto?

No, no, no, claro que no. No me hables de la compra, lo haces todo aburrido y prosaico. Me duele mucho la cabeza, en el bar me hablan, viene gente, son feos y pesados,piden leche de soja, los odio. Quiero volverme al pueblo, Madrid está puerca y asquerosa, huele mal. Todo es mugriento, pestilente y descorazonador.No hay horizontes, solo coches. Quiero ser el niño que fui y jugar y…

Y decir a todo que no, seguro. Hay días que yo también chuparía las paredes o me fumaría algo, lo que fuera. Es lo malo de ser tan sana, no tienes más consuelo que el de tu propia química cerebral y no siempre voy tan sobrada de serotonina.