Día: 16 septiembre, 2016

Traje viejo

En el callejón, como si fuera un traje viejo, me quité ese amor.

Lo tiré en la acera entre la tienda de juegos de ordenador y la de los abalorios para hacerse collares.

Relucían las cuentas de colores tras el cristal como pequeños ojos burlones. Uno de los jugadores salió a fumar. Era gordo, el humo de su cigarro ascendió en una voluta indiferente.

Arriba estaba la luna y por todas partes ese olor a fritos.

Despojada de él, caminé calle abajo. La gente entraba y salía de los bares, riendo y bebiendo, gritando, como si nada.

Arriba estaba la luna oliendo a calamares.

En el edificio gris de oficinas un único trabajador inclinaba la espalda sobre una pantalla.

Me subí en el 21, apoyé la cabeza contra el cristal y cerré los ojos.

Los peces locos de la M-30 nadando, nadando, nadando.