Día: 21 septiembre, 2016

La Eufrasia

Durante toda mi infancia me acompañó una muñeca muy fea. Era una muñeca con los pelos de punta, imposibles de peinar por estropajosos, y manca después de que mi hermana la tirase por la ventana en un ataque de furia. Mis hermanos la llamaban la piojosa o la Eufrasia, como una de las locas de nuestro barrio. La Eufrasia verdadera era una señora que se pasaba todas las mañanas sentada en la mesa de una cafetería con un despertador. Lo sacaba del bolso y lo ponía al lado de la taza de café. Si la mirabas, te llamaba puta pero solo moviendo los labios, sin voz.

Me daba tanta rabia que le hubieran puesto el nombre de esa loca a mi muñeca y se me notaba tanto que cada vez se lo llamaban más, hasta que se quedó con la Eufrasia por derecho consuetudinario.

Fue una muñeca muy maltratada. Cuando me querían fastidiar, por aburrimiento o porque sí, la secuestraban y solo la podía recuperar previo pago de rescate, pero antes la estrellaban contra las paredes o la lanzaban contra el techo para aumentar el precio de la extorsión. Y yo siempre pagaba, en especie porque no tenía dinero o con trabajos forzosos.Por avenirme a pagar desde el principio, el secuestro se repetía con frecuencia. Es que no sabía vivir sin mi muñeca fea.

La Eufrasia también era muy pobre, solo tenía un vestido de lana verde lleno de bolas y enganchones y no llevaba zapatos. La quería mucho,pero también me portaba mal con ella cuando estaba de mal humor y yo estaba bastantes veces de mal humor. La infancia no es necesariamente más feliz que otras etapas de la vida, también tiene sus rincones oscuros y sus penas por mucho que para un adulto parezcan tonterías. Ya desde pequeños la felicidad viene y va.

Cuando yo no era feliz, la Eufrasia tampoco lo era. La castigaba dentro de un cajón que cerraba con mucha violencia y ahí se quedaba sufriendo, medio ahogada, hasta que me compadecía. Si me dolía algo, a ella también le tenía que doler pero los remedios que le aplicaba para curarla eran mucho más crueles que los que me daban a mí. Le puse muchísimas y dolorosas inyecciones y también la operé de un ojo, el que me solía doler, de apendicitis y del corazón, como a mi abuelo.

Si me ponían deberes, la Eufrasia también los tenía que hacer, conmigo al lado dándole órdenes y espiando sus fallos.Las matemáticas se le daban fatal y por no saber resolver los problemas de la distancia entre dos trenes que se cruzan y de los sacos de trigo del odioso agricultor, se quedó muchas noches sin cenar y sin dormir, sentada en una silla con el libro abierto delante. Era tan chapucera con el lápiz y lo apretaba tanto para escribir que le salió un callo en el dedo medio. Por eso llevaba siempre una tirita, para que no se le viera ese defecto.

Cuando a una de las brutas de mi clase, Mari Luz, le dio por entretenerse en los recreos dándome empujones y quitándome el bocadillo, las otras muñecas empezaron a pegar a Eufrasia. La estuvieron pegando durante bastantes meses hasta que logró defenderse y mató a dos. Ya tenía historial delictivo, Eu, la asesina manca.

Claro que también tuvo sus momentos felices, leíamos juntas cuentos, se bañó en la piscina y en el mar,se columpió y bajó por el tobogán. Tuvo,por obra y gracia mía y sin necesidad de parto, un bebé mucho más grande que ella que siempre estaba durmiendo. Y atada con una cuerda subía y bajaba desde el balcón a la calle, haciendo algo así como puenting.

La Eufrasia se murió cuando nos cambiamos de barrio, mi madre la tiró a un contenedor y dijo, ¡por fin nos deshacemos de este zarrio! Falsamente me reí como si no me importara, porque ya era un poco mayor para jugar con muñecas. La verdad es que esa noche, en la casa nueva que además no me gustaba, lloré. Y a la siguiente y a la otra y hasta una semana entera. Luego empecé el curso en otro colegio, mixto por primera vez, y me olvidé de ella por completo. Una pena que se muriera sin saber lo bonito que es enamorarse del compañero de pupitre y pasarse la clase mirándole de reojo mientras el profesor habla de no se sabe qué, borracha sin haber bebido.