Espacio vital

La tía de Chamberí vivía en una casa enorme. Cuando íbamos a visitarla nuestro entretenimiento consistía en ir pasando de un cuarto a otro, probando el territorio. Nos tumbábamos en las camas, camas perfectamente hechas en las que no dormía nadie, nos sentábamos en las sillas, nos asomábamos a las ventanas para comprobar qué se veía desde cada una, deambulábamos por el pasillo, un pasillo larguísimo que hacía curva y así pasábamos el rato mientras la tía de Chamberí y mi madre hablaban en el “segundo salón”. Así lo llamaba ella, el primero era más grande y no lo utilizaban casi nunca. No utilizaban casi nunca nada, era una especie de casa muerta para dos vivos: ella y su marido, el tío de Chamberí.

En su dormitorio tenían un anexo, conocido como el gabinete, separado por un biombo. Lo del biombo me entusiasmaba, me hubiera encantado tener uno para parapetarme detrás y construirme un refugio aislado de mi ruidosa familia. Al gabinete no nos dejaba pasar porque decía que era donde despachaba. No sabíamos a qué se refería con eso del despachado y sigo sin saberlo, supongo que leía facturas y las ordenaba. Desde la cocina salía otro pasillo, una galería acristalada llena de plantas con mucho más sitio para crecer que el que teníamos nosotros.

Me imaginaba que cuando nos íbamos y se quedaba sola, la tía de Chamberí se dedicaba también a circular de un lado a otro sin hacer nada más, disfrutando de su casa enorme pero al parecer no hacía eso, casi siempre estaba en el segundo salón, acantonada, y el resto de la casa apenas la pisaba. Un claro desperdicio y un muy mal reparto de las riquezas.

Porque en mi casa estábamos apelotonados y si de algo nos chivábamos a todas horas era de que nos estaban robando terreno, el ” no me me deja sitio”, se oía constantemente, incluso cuando no era verdad, por pura inercia de chivateo. La respuesta de mi madre, cuando la daba, era esta, “ojalá tengáis tanto sitio en el cielo”. Era la típica contestación absurda. Para empezar tenías que creer que había un cielo, lo cual no estaba el todo claro, hacer la aburrida oposición para entrar en él y todo para comprobar, una vez dentro, que estabas más apretado que en la penosa tierra. Se te quitaban las ganas de inmediato de acceder a semejante paraíso aglomerado.

En el colegio padecía el mismo mal. En un pupitre de dos nos acoplaban a tres, éramos muchas y la clase pequeña. Estaba prohibido poner los codos al escribir, se consideraba falta grave por apropiación de mesa indebida. Si la de al lado acaparaba terreno, y siempre lo intentaba acaparar, tenías tres opciones: chivarte, no era muy eficaz y hasta te podían castigar, empujar para oponer resistencia lo que incluía pisotear por debajo y pasarte la clase batallando enfurecida, o ceder el terreno y resignarte al encogimiento.

Y todo por no haber nacido en Chamberí, el barrio que en realidad nos correspondía, según decía mi madre. Ella lo consideraba su barrio porque había nacido y pasado su infancia en él. Como si el lugar de nacimiento fuera genético. En el mítico y maravilloso Chamberí habríamos ido a otro colegio, un colegio que nos enseñaba al pasar por delante, grande, con cuatro pisos, patio, niños con uniforme rojo y gris y seguramente pupitres individuales. Hasta nos hacía pararnos para que lo admirásemos como si fuéramos los turistas de la vida que podríamos haber tenido. ,

Pero había pasado “eso”, eso que nunca nos precisaba del todo pero que sospechábamos,por datos sueltos que iba lanzando, que se trataba de alguna guerra familiar por una herencia y en la que ella había salido perdiendo. Al final todos los conflictos vienen a ser por lo mismo, grandes o pequeños, desde el codo en la mesa hasta las invasiones napoleónicas, una lucha por el territorio y sus recursos.

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40 comentarios en “Espacio vital

  1. Pues sí,casi todos los líos vienen de esa lucha.
    Y qué mal repartido está todo…

    He visto muchas casas (algunas incluso pequeñas!) con un primer salón que no se usa por mantenerlo impecable para “las visitas”.Es fuerte que haya personas que no puedan dejar de vivir de cara a la galería ni en su propia casa!

    Como soy muy peliculera he imaginado que la tía de Chamberí se refugiaba en el misterioso gabinete para escribir apasionadas cartas de amor a un amante que vivía en Lavapiés…

    Besos.

    1. Pero, ¡claro!, y yo pensando en facturas, me gusta mucho más lo del amante en Lavapiés, por eso no quería que fisgáramos, por si descubríamos el romance.
      Y luego se iría a suspirar y a ponerse nerviosa a la galería de las plantas, jajaja.

      Besos, Carmen, gracias por tu añadido. Es muy bonito.

  2. Yo tenía unos tíos en cascorro…. (Uy, que Memorias de África me ha quedado), y 4 hermanos somos y fuimos apelotonados, y con la cartilla bien leída íbamos de visita. Ayyy el tiempo del baño…
    Besos

    1. Más que de Memorias de África te ha quedado de Memorias del Rastro, muy bueno Margui.
      Lo de las peleas por el baño es capítulo aparte pero eso no lo voy a contar, creo.
      Besos, guapetona.

      1. Esta peli sería un poco de terror, por la sordidez y el olor a rancio de la casa, Jajaha
        Creo… Algún día algo se te escapa, y a mí los comentarios, creo

  3. Si no has nacido en Chamberí no eres chulapa de pura cepa 😛 Yo vivía en Chamberí en mi primer año en Madrid.

    Mis amigas y yo también teníamos una tía, que no era tía, la tía Patro, un vestigio del siglo XIX que vivía sola en una casa grande en la que mis amigas y yo nos colábamos para hacer exactamente lo que hacíais vosotras. Su casa era como internarse en un laberinto mágico. Lo único es que en una época nos dio por meternos en sus armarios y hacer pis. Pobre mujer. En nuestra defensa diré que no teníamos más de siete años.

    Besos.

    1. Mira, Celia, he soltado la carcajada y todavía me estoy riendo con lo del pis en los armarios. Creo que me va a dar para unas buenas risas durante bastante tiempo, pero qué malas, jajajaja.

      Pues que sepas que sí he nacido en Chamberí pero fui trasladada de inmediato a otro lugar más lejano. Bueno, tampoco tiene tanta importancia ser de un sitio o de otro, pero lo del pis en los armarios….jajajaja

  4. Siguiendo con las tías….yo también tenía una que vivía en una casa grande, más bien “servía” en ella, tenían salón de baile y esas bañeras de patas. Eso sí, la vida, la hacían en una salita. Besos

    1. Tener salón de baile me parece lo más de lo más y las bañeras con patas son muy bonitas, claro que si lo tenía que limpiar ya no tienen tanta gracia ni el salón ni la bañera 😦

  5. Lo del biombo que separaba del gabinete es un eufemismo. Te digo yo, que se que mucho de esto y sobre todo he visto muchas películas, que lo utilizaba para hacer strip-tease de ese y todo se transparentaba a través del biombo.

  6. ¡Qué manía la gente de no usar las cosas! Tener cuartos y no entrar, vajillas de fiesta que jamás salen de los armarios, cuberterías buenas que se llenan de polvo, cristalerías que no se usan por no romperlas… ¡Qué desperdicio! Es mejor tener poco y disfrutarlo a tope. Más felices eráis vosotros que los pobres tíos ricos de Chamberí.

    1. La verdad es que muchas veces son más divertidos los comentarios que el propio texto. Y más ingeniosos. Tú también eres una de esas buenas buenas comentaristas. Os tengo que dar las gracias a todos.

      1. Bueno, yo hablo por experiencia.
        Doble experiencia.
        Aquí el barrio es la Bonanova y recuerdo una familia que vivía en una mansión con un jardín inmenso y unos muros inexpugnables…
        En fin…

        Besos.

  7. Chaly sí que sabe de la vida, joder, y lo demás son tonterías. ¿Qué pasa con Chamberí, es un barrio selecto y para ricos? Perdón, soy barcelonés y me pilla fuera de contexto. Pues vaya pedazo de casa, el pasillo haciendo curva me ha encantado, por cierto. Yo he conocido gente así, familia además: Comían en la cocina para no ensuciar ni gastar el comedor. ¿Eso es vivir y disfrutar de tu casa? Impresionante lo de las pugnas por el pupitre, estas cosas tienen que dejar algo de huella, yo no lo he vivido. El final con eso de una posible herencia perdida tiene un aire muy de misterio y de continuará…bastante novelesco.

    1. No, tampoco tanto, es un buen barrio pero los hay mejores.
      Sí, Chaly siempre tiene alguna guapa implicada, no sabe nada…
      Lo del codo, juro que es verídico pero, vamos, no me ha traumatizado excepto en que me gusta tener espacio libre alrededor.

  8. Siempre hay un “eso” en las familias. He estado en casas así, recuerdo una en particular que tenía hasta una cadena como las del cine, entre el salón principal y el otro (como tu secundario). Con tus historias me activas los recuerdos. Besos, Paloma.

      1. Siempre digo lo mismo a Paloma..como si fueron mios, de otros lugares y personas pero de la misma escencia nostálgica y un poco triste. Porque ya no existen ni esos lugares ni personas.

  9. Recuerdas detalles de la infancia que, habiéndolos vivido todos (eso de los codazos en el pupitre), casi nadie recordamos. Pero al leerlos sabemos que eran verdad. Nos devuelves, muchas veces, al lejano territorio de los niños.

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