Día: 10 octubre, 2016

Hortensias

Que sepáis que el abuelo se ha hecho viejo, nos dijo un mañana la abuela Martina, en la cocina, mientras desayunábamos. Nos lo dijo en voz baja, como un secreto. Se ha hecho viejo y me deja todos los días sin pan para desayunar, se lo da a los pájaros. Enfadada, nos señaló con la cabeza la ventana para que contempláramos la escena. Fuera, en el patio de atrás, estaba el abuelo en pijama lanzando migas y mirando cómo los gorriones bajaban de la copa del castaño para comérselas con voracidad.

Me reconocen, proclamó muy satisfecho al entrar en la casa sacudiéndose las manos. En cuanto me ven salir, bajan, eran tímidos al principio pero ya somos amigos y me esperan, todas las mañanas me están esperando.

¿Qué os he dicho?, se ha hecho viejo,toda la vida odiando a los pájaros porque le ponían el patio perdido y ahora les da mi pan, les llama amigos y dice que le esperan.Y otro día sin tostadas.

Pues sí que se había hecho viejo y no sólo por eso. Él mismo lo reconocía y nos lo contaba: mirad, guapos, vuestro abuelo ya casi no ve, apenas oye, huele poco y toda la comida le sabe a lo mismo, sólo me queda el sentido del tacto. Pero, eso sí, todavía me subo la cuesta, cuido el jardín y respiro y eso no lo pueden decir todos. Ahora os asomáis a la valla y le pedís al vecino el ABC que quiero leer las esquelas. La gente se muere mejor en el ABC, se muere más grande y con más datos, es lo único que me gusta de ese panfleto. Voy a ver cuántos han diñado entre ayer y hoy y a qué edad y luego, a las seis, riego ¿Habéis visto las hortensias? No están tan grandes ni tan preciosas en ningún jardín, a veces me preguntan que qué les hago, que si les pongo abono especial, la gente es tonta, solo las cuido, pero todo el año, también en invierno. La primera hortensia la traje en el año…

Y ahí salíamos corriendo porque si te pillaba en el relato de la genealogía de las hortensias podías prepararte a morir sin haber conocido otra cosa. Era muy peligroso y como todos lo habíamos sufrido alguna vez evitábamos como fuera volver a caer en la trampa. Había que ser fuertes y no sucumbir a la piedad ni a la buena educación. Correr sin mirar atrás ni decir adiós.

Íbamos a buscar el periódico que nos había pedido y se lo dejábamos deprisa encima de la mesa para que no nos enganchara otra vez con lo mismo. Así se pasaba entretenido buena parte de la mañana, leyendo con satisfacción la de gente más joven que él que había dejado ya el mundo, orgulloso de su capacidad de supervivencia. O admirándose de lo lejos que habían llegado otros, ¡ciento tres!, ¿será posible? Luego se dormía un rato y cuando se despertaba miraba el reloj, no se le fueran a escapar en un descuido las seis de la tarde: hora del riego.

Cuando llegaba esa hora le gustaba anunciarlo: son las seis y voy a regar. Y muy torpemente abría el grifo del agua, desenroscaba la manguera y se ponía a la tarea. Nunca se tropezaba con las raíces de los pinos que sobresalían del suelo,cosa que sí nos pasaba a veces a nosotros, se conocía de memoria el territorio. Avanzaba despacio y con cara de sufrimiento. De pequeña no entendía por qué si estaba haciendo algo que le gustaba tanto ponía esa cara de estarlo pasando mal. Ahora creo que esa cara procedía de que le dolía, le pesaba o le incomodaba el cuerpo, se le había vuelto desobediente como suelen hacer los cuerpos cuando tienen excesiva confianza y se interponía entre él y sus placeres como un enemigo infiltrado.

Se había hecho viejo, viejísimo. Hablaba con los pajaritos y les daba de comer, leía esquelas como si fueran un género literario y su mayor placer del día era regar sus maravillosas hortensias arrastrando su cuerpo doloroso. Se había hecho viejo y solo quería hablar de sus chicas de colores, “la primera hortensia en llegar al jardín fue la azul, esa de la esquina, más bonita no puede ser. Después traje las moradas y luego en el verano de la gran tormenta cuando se cayó un pino y otro se tronchó llegaron las blancas del fondo y a continuación…A continuación, con esa poca empatía tan típica de la infancia, salíamos corriendo.

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