Hortensias

Que sepáis que el abuelo se ha hecho viejo, nos dijo un mañana la abuela Martina, en la cocina, mientras desayunábamos. Nos lo dijo en voz baja, como un secreto. Se ha hecho viejo y me deja todos los días sin pan para desayunar, se lo da a los pájaros. Enfadada, nos señaló con la cabeza la ventana para que contempláramos la escena. Fuera, en el patio de atrás, estaba el abuelo en pijama lanzando migas y mirando cómo los gorriones bajaban de la copa del castaño para comérselas con voracidad.

Me reconocen, proclamó muy satisfecho al entrar en la casa sacudiéndose las manos. En cuanto me ven salir, bajan, eran tímidos al principio pero ya somos amigos y me esperan, todas las mañanas me están esperando.

¿Qué os he dicho?, se ha hecho viejo,toda la vida odiando a los pájaros porque le ponían el patio perdido y ahora les da mi pan, les llama amigos y dice que le esperan.Y otro día sin tostadas.

Pues sí que se había hecho viejo y no sólo por eso. Él mismo lo reconocía y nos lo contaba: mirad, guapos, vuestro abuelo ya casi no ve, apenas oye, huele poco y toda la comida le sabe a lo mismo, sólo me queda el sentido del tacto. Pero, eso sí, todavía me subo la cuesta, cuido el jardín y respiro y eso no lo pueden decir todos. Ahora os asomáis a la valla y le pedís al vecino el ABC que quiero leer las esquelas. La gente se muere mejor en el ABC, se muere más grande y con más datos, es lo único que me gusta de ese panfleto. Voy a ver cuántos han diñado entre ayer y hoy y a qué edad y luego, a las seis, riego ¿Habéis visto las hortensias? No están tan grandes ni tan preciosas en ningún jardín, a veces me preguntan que qué les hago, que si les pongo abono especial, la gente es tonta, solo las cuido, pero todo el año, también en invierno. La primera hortensia la traje en el año…

Y ahí salíamos corriendo porque si te pillaba en el relato de la genealogía de las hortensias podías prepararte a morir sin haber conocido otra cosa. Era muy peligroso y como todos lo habíamos sufrido alguna vez evitábamos como fuera volver a caer en la trampa. Había que ser fuertes y no sucumbir a la piedad ni a la buena educación. Correr sin mirar atrás ni decir adiós.

Íbamos a buscar el periódico que nos había pedido y se lo dejábamos deprisa encima de la mesa para que no nos enganchara otra vez con lo mismo. Así se pasaba entretenido buena parte de la mañana, leyendo con satisfacción la de gente más joven que él que había dejado ya el mundo, orgulloso de su capacidad de supervivencia. O admirándose de lo lejos que habían llegado otros, ¡ciento tres!, ¿será posible? Luego se dormía un rato y cuando se despertaba miraba el reloj, no se le fueran a escapar en un descuido las seis de la tarde: hora del riego.

Cuando llegaba esa hora le gustaba anunciarlo: son las seis y voy a regar. Y muy torpemente abría el grifo del agua, desenroscaba la manguera y se ponía a la tarea. Nunca se tropezaba con las raíces de los pinos que sobresalían del suelo,cosa que sí nos pasaba a veces a nosotros, se conocía de memoria el territorio. Avanzaba despacio y con cara de sufrimiento. De pequeña no entendía por qué si estaba haciendo algo que le gustaba tanto ponía esa cara de estarlo pasando mal. Ahora creo que esa cara procedía de que le dolía, le pesaba o le incomodaba el cuerpo, se le había vuelto desobediente como suelen hacer los cuerpos cuando tienen excesiva confianza y se interponía entre él y sus placeres como un enemigo infiltrado.

Se había hecho viejo, viejísimo. Hablaba con los pajaritos y les daba de comer, leía esquelas como si fueran un género literario y su mayor placer del día era regar sus maravillosas hortensias arrastrando su cuerpo doloroso. Se había hecho viejo y solo quería hablar de sus chicas de colores, “la primera hortensia en llegar al jardín fue la azul, esa de la esquina, más bonita no puede ser. Después traje las moradas y luego en el verano de la gran tormenta cuando se cayó un pino y otro se tronchó llegaron las blancas del fondo y a continuación…A continuación, con esa poca empatía tan típica de la infancia, salíamos corriendo.

47 comentarios en “Hortensias

  1. Somos tontos. Yo me arrepiento un montón de no haber hecho millones de preguntas cuando aún estaban vivos. Tienen tanto que contar… Y sin embargo, los dejamos tan solos que se tienen aferrar a algo, hortensias y pajaritos en el caso de tu abuelo, para sobrevivir y no morise de asco y soledad. Ahora , cuando me quedo sola con mi madre la acribillo a preguntas sobre su pasado y el de sus padres y es alucinante lo que uno averigüa y muy interesante…
    Me encantó tu relato.
    Besos.

    1. Yo también hago eso con mi madre, de hecho es mi principal fuente de información. El otro día le estaba preguntando por algo y me dijo, “no te lo cuento que luego lo escribes”. A mí siempre me ha gustado que mis abuelos y mis padres me contaran cosas de su pasado y preguntaba mucho pero es que lo de las hortensias, de verdad que era un poco cansino, jajaja, pobre. Luego te arrepientes , es verdad.

      Besos, Celia.

      1. ¿Paloma, recuerdas? De ello mismo fue un comentario mio para tu entrada. Ya se fueron mis padres sin contarme lo que querian contar y yo con la prisa de la vida cotidiana no les ni escuché ni pregunté sobre muchas cosas, pensando que teniamos por delante mucho tiempo. Me arrepiento y lloro.Tu respuesta me alivió. Para recuperar ,de tal o de otra manera lo perdido, estoy escribiendo las memorias de sus parientes vivos. Besos Celia. Un buen relato.

      2. Claro que me acuerdo. Me alegro mucho de que estés escribiendo lo que puedas recuperar, es una forma de mantenerlos vivos. Espero poder leerlo alguna vez.
        Besos

  2. Jajaja…ahora les llama amigos. Pues me parece muy hermoso, aunque se pueda calificar o ver desde fuera como asco, aburrimiento y soledad -que a ese abuelo tampoco lo veía tan aburrido-. Gorrriones, la copa de un castaño y migas de pan, me parece muy bonito. También muy gracioso lo de las esquelas del ABC. A mí me ha gustado esa corta genealogía de las hortensias y ese maravilloso párrafo final. Y aunque no soy un anciano, pero estoy en camino, conozco muy bien esa sensación de que te duela todo el cuerpo. Saludos al abuelo desde aquí. Ni gorriones ni hortensias necesitaron leer ninguna esquela para llorarle y echarle de menos, notar su partida.

    1. No, para él no era aburrido, él lo pasaba bien con esas cosas sencillas y el relato de las hortensias tenía su interés, pero no para que te lo contaran diez veces al día, compréndelo.
      Seguro que flores y pájaros le echaron de menos. Nosotros también, en realidad.

      PD: (Ya he visto Baraka, me ha gustado muchísimo, las imágenes son impresionantes y hacen pensar. Muchas gracias por la recomendación)

      1. Ya, tenía su interés esa historia y esas pequeñas cosas parecían hacerle feliz. ¿Ah, ya has visto Baraka? Me alegro mucho, sí, es maravillosa e impresionante aunque ahora mi percepción se ve alterada por mis vagos recuerdos, hace años que la vi. La tengo en el ordenador y un día la vuelvo a ver. Desde luego que te hace pensar, ves el mundo en el que vivimos y a la vez muchas realidades y escenarios que parecen absolutamente alejados de nosotros. La expresión ésa es muy cierta: Hay muchos mundos dentro de este mundo.

  3. Yo conocí a una persona que tenía como máxima afición comprobar en las esquelas de “La Vanguardia” los conocidos que habían fallecido.
    Cuando encontraba alguno se levantaba de la silla como un resorte y proclamaba a los cuatro vientos su hallazgo.
    Después nos obsequiaba con anécdotas varias de esa persona mientras repetía en voz baja, “no somos nada, no somos nada…”

    Besos.

    1. Jajaja, lo has descrito muy bien y me ha hecho gracia que le resultara tan sorprendente que sus conocidos se muriesen. Te ha faltado decir quién era, pero lo dejamos en “persona” y ya 😉

      Besos

  4. Obligaciones adquiridas para dar sentido a mi vida.
    Un quehacer, una rutina, unas flores que respiran. Si. No las mimo se mueren, como el vecino de la esquina.
    Quien sino tu, que me dedicas tu vida

  5. A mi me gustaba leer esquelas, me reía con los apodos de la gente y que muchas veces ponían (supongo que lo siguen haciendo) y también me gusta visitar cementerios, el arte funerario, leer los nombres de los enterrados y que ponen debajo notario, ingeniero de caminos, como si lo que hubieran sido en esta vida valiese para algo al otro lado (si es que hay otro lado). Ahora ya sabré que soy viejo cuando les de de comer a las palomas en lugar de desear su muerte entre horribles sufrimientos.

      1. Una no molesta, pero no me gusta que me revoloteen por si sueltan algún “proyectil”, ni tener que ir apartándolas cuando camino.

  6. Jo, me veo un poco en esos niños. Menos mal que aún conservo a mis abuelos y aún puedo hacerles todo el caso que quizá de pequeño evitaba hacerles. Un lujo, de verdad que es un lujo de lo más envidiable. Un relato de lo más nostálgico ^^

    1. Desde luego que es un lujo que todavía los tengas, eso indica además que eres muy joven o que tus abuelos son muy longevos , y eso se hereda. O las dos cosas, mucho mejor todavía.
      Sí, estoy últimamente de un nostálgico que no me aguanto ni yo 🙂
      Besos, Holden.

  7. 🙂 Tendemos a endulzar los recuerdos, como dice Serrat en su canción, pero la verdad verdadera es que cuando has oído mil ciento sesenta veces la misma historia ya no la soportas y sales por piernas. Ni gorriones, ni hortensias, ni abcs que valgan 😀 😀 😀 😀 ¡Hay cosas que no se pueden aguantar por muy buen nieto que seas!
    Yo soy muy de idealizar el pasado y a las personas, pero luego te das cuenta de que si hiciste lo que hiciste es porque, en ese momento, era lo que de verdad querías hacer.
    Como Celia y como tú, soy de preguntar hasta ser pesada para averiguar cosas del pasado. Me gusta mirar fotos antiguas y leer los viejos cuadernos de mis parientes (sí, como el de doña Marga) y me gusta guardar cosas imaginar quién las atesoró… Y como Chus y tú, me encanta visitar cementerios, leer lápidas e imaginar vidas. Será por eso que elegí una casa antigua para vivir… “Pintada, no vacía, pintada está mi casa del color de las grandes pasiones y desgracias”.
    ¿Has visto el efecto que produces en mí? 😀 😀 😀 Si es que es leerte y salir en torrente palabras, recuerdos e imágenes 🙂

    1. Una cosa es lo que haríamos en un mundo ideal donde nadie es pesado y todos nos queremos muchísimo y otra la realidad. Ahí puede que también nos queramos mucho pero con los incordios del día a día y de la convivencia.
      Ya te imagino en plan preguntona investigadora, lo cierto es que son relatos orales y encima verdaderos, yo creo que por eso nos gusta oírlos.
      Y, nada, podemos quedar para ir de Cementerios, jajaja.
      ¿De dónde es la cita que has puesto sobre la casa pintada?, me gusta.

      1. 😉 Creo que con él aprendí a amar la poesía. Me regalaron un libro de él el día que cumplí 13 años y me aprendí de memoria muchas de sus poesías.

  8. Amiga, al futuro no le gusta ver a nadie bien. Los viejos, en general, se arrepienten de haber sido, también en general, discretos la mayor parte de su vida y llega un día en que no se cortan y le cuentan su vida hasta a las flores. 🙂
    Un abrazo.

    1. Una amiga mía dice que uno es viejo no cuando se repite porque no se da cuenta si no cuando se da cuenta pero no le importa.
      Viene a ser parecido a lo que tú dices.
      Pues me parece muy bien, pero la opción de salir corriendo también es respetable.
      Otro abrazo, Soros

  9. Me encanta tu abuelo, y me hubiera encantado también conocer su jardín y sus hortensias.
    Me has recordado a mis abuelas y su cariño a las plantas. Me gustaba mucho estar con ellas, las miraba … las recuerdo tanto …
    Muy dulce lo que cuentas.

    Un beso, Paloma.

    1. Era un jardín precioso, gracias a sus cuidados aunque entonces no lo supiéramos apreciar en su justa medida.
      Me alegra que te haya traído recuerdos bonitos de tus abuelas y de sus plantas.
      Muchas gracias, Rosita.
      Un beso

    1. Para que no llores te diré que lo queríamos muchísimo y que le escuchábamos muchas otras historias. Por ejemplo, la del niño quemado, era muy truculenta pero nos encantaba oírsela y eso que también nos la había contado mil veces. Con la de las hortensias sí corríamos, qué malos.
      A ti la Bella nunca te hará eso, estoy segura.
      Muchos besos, Malque.

  10. Bueno, mi papá era viejito, siempre lo vi así. Cuando yo era niña ya se había jubilado y experimenté con su vejez por muchos años. Me duró más de lo que muchos pensaron haría. Tenía 97 cuando murió. Y le gustaba atender el jardín, arreglar cosas, sentirse útil. Tu abuelo era un guerrero que no se cansaba de serlo. Y los niños, pues los niños usualmente son así.

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