La casa de abajo

En el piso primero A y primero B  vivían cuatro hermanos de edades cercanas a las nuestras. Su casa,”la casa de abajo”, era nuestro lugar preferido para jugar después de la calle  y cuando no podíamos estar fuera porque hacía mal tiempo, íbamos directamente a la casa de abajo, sin preguntar. El padre era pediatra y pasaba consulta en el lado A, el B lo utilizaban de vivienda. La madre dabas las citas y le ayudaba como enfermera, por eso en el lado B nunca había ninguna figura de autoridad y podíamos hacer lo que quisiéramos.

Era una casa muy caótica, mucho más que la nuestra, también estaba bastante sucia, no era raro encontrar algún trozo de filete o de tostada a medio comer recubiertos de pelusas por debajo del sofá o telas de araña enganchadas en los travesaños de las sillas. Muchos muebles tenían pegados trozos de esparadrapo o de cinta aislante porque se rompían y esa era la manera provisional y a la vez definitiva de arreglarlos. Parecía una casa malherida.

Por supuesto que todo eso no nos importaba nada,  podíamos correr por todas partes y, sobre todo,  bajar todas las persianas y jugar a las tinieblas gritando mucho de miedo y nerviosismo. Era el juego de esa casa, por lo menos el inicial, nada más llegar y sin que hubiera que plantearse qué hacer, nos poníamos a oscurecer el entorno.

Una puerta corredera  separaba los dos lados. De vez en cuando la madre, una señora con cara de andar flotando en un mundo paralelo, nunca se alteraba , la abría para pasar al otro lado a coger o dejar algo, indiferente a las sombras, a las carreras, al desorden general. Lo que en el lado B era un salón comedor en el A era una sala de espera. Allí, sentados en sillas puestas en círculo, aguardaban los niños enfermos con sus madres. En el centro  había un cesto con juguetes viejos para que se entretuvieran. También tenían durante todo el año un árbol de Navidad decorado con bolas de colores, no muchas porque se iban cayendo y rompiendo. Unas navidades no lo quitaron por falta de tiempo o de ganas y se quedó para siempre.

Sentado en la silla de la esquina estaba el abuelo de nuestros amigos leyendo novelas policíacas  de Lou Carrigan, en concreto una saga en la que aparecía una tía muy buenorra en la portada. Huía del jaleo del lado B y cuando se cansaba de leer se ponía a mirar a los niños que lloraban o jugaban con los trastos víricos del cesto. Solo con una  observación desde la silla ya  les hacía un diagnóstico previo y a veces hasta les ponía tratamiento. Tuviesen lo que tuviesen, gastroenteritis, gripe, urticaria o faringitis siempre era “de libro”.

Según mi madre, el abuelo, que no era médico, sabía tanto o  más que don Luis, el pediatra, y tenía mejor ojo clínico. Otras madres también pensaban lo mismo, así que cuando ya les tocaba entrar   en la consulta si el médico verdadero diagnosticaba otra cosa, se quejaban, “ya, pero es que su padre ha dicho que lo que tiene es una bronquitis de libro”. Entonces salía don Luis con cara de furia y le mandaba castigado por bocazas al lado B, donde las tinieblas.

Como en la oscuridad no podía leer ni diagnosticar, se quedaba dormido en el sofá. En  penumbras veíamos su boca entreabierta  y para darle más emoción al juego nos gustaba pensar que estaba muerto pese a los ronquidos que lo delataban como vivo.

En la casa de abajo las recomendaciones dadas en el lado A se ignoraban olímpicamente en el B. Ninguno de nuestros amigos estaba vacunado, su padre decía que no hacía falta,  ya que disfrutaban de la inmunidad general, no tenían hora de acostarse y se quedaban tumbados por el suelo viendo películas hasta las tres de la mañana, comían macarrones casi todos los días, nunca se lavaban las manos antes de comer y vivían sin vigilancia una vida libre y feliz, claramente “de libro”.

 

 

 

 

 

 

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56 comentarios en “La casa de abajo

  1. Me ha parecido ver una secuencia de una película.Interesante.
    Gracias.

    Conocí a la mujer de un pediatra que ríete del ama de llaves de Rebeca,le ayudaba como la de tu historia,y el primer día que me abrió la puerta…qué susto!
    Resultó ser todo un personaje y su marido también,además de excelente médico.Me lo pasaba bomba cada vez que iba,eran ácidos,irónicos,con unas ideas y un sentido del humor fuera de lo común.Me han venido a la cabeza.
    ; )

    Un beso.

  2. Qué bueno, y vaya historia, como siempre me muevo entre las dudas de si has vivido una infancia llena de experiencias increíbles y divertidas o si tienes una imaginación desbordante con la que mezclas cosas o inflas recuerdos. Perdón por esas dudas. Pues vaya familia, caótica y genial a la vez. Los pedazos de bistec y tostadas por ahí enmohecidos…pero ya me he tronchado con el árbol de Navidad sempiterno.
    Jugar a la oscuridad…me ha gustado, algo sé del tema, es genial mezclar horror, carreras, sustos y diversión todo a la vez.
    Y tela lo del abuelo, casi es lo mejor de todo, su ojo clínico y los conflictos de diagnóstico con su hijo, el pediatra. Buenísimo, esto solo ya es un filón para todo un relato o novela. Y quisiera ver esa tía buenorra de la portada, ya estás removiendo cielo y tierra…

    1. Aunque no te lo creas, que ya veo que no te lo crees, yo no tengo mucha imaginación. Casi todo es real pero con añadidos, mezclas y deformaciones.
      Si buscas por ahí seguro que encuentras a la maciza de la portada.

      1. Vale, pues entonces es que has vivido esa infancia llena de experiencias…Simplemente carezco de datos, pero como ya lo he planteado diversas veces no volveré a mencionarlo. La macizorra era medio broma. ¿El resto del comentario, nada?

    2. Puedes preguntar lo que quieras pero es que, en el fondo, da igual que sea verdad o mentira, lo que importa es que te entretenga mientras lo lees.
      Ya sé que estás de broma o medio broma con la macizorra y el resto de tu comentario es muy bonito, me alegra que te hayas fijado en el árbol de Navidad porque a mí es un detalle que me gusta.

      1. Tienes toda la razón, lo importante de verdad es que entretenga mientras se lee. Aunque ya no volveré a cruzar esa línea roja de dudar de la veracidad…esto también es broma. A mí también la sensación que me ha dado un poco esa familia es de evidente dejadez, con lo cual he tenido un poco el feeling de algo decadente y que da cierta pena. Pero solo por un lado, porque ese abuelo o la madre que parece tener la cabeza en otras cosas, o el despreocuparse de si unos niños juegan o hacen travesuras “fuera de control” me ha parecido genial, como que se guían por otros valores más importantes.

    1. Pues mira, el mayor es psiquiatra, la segunda, una chica, sé que se casó pero le perdí la pista y los dos pequeños siguen viviendo en la misma casa. La consulta aún existe. No me lo estoy inventando, solo espero que nunca aterricen casualmente por aquí.

  3. Inamovible, con el paso del tiempo, helado, se quedó el juego que tras décadas pasando de mano en mano, oscureció nuestras tardes.
    En tinieblas soñamos los primeros besos, y mientras buscabas adivinar el dueño del cuerpo…. hoy sigue el juego dando guerra, jajaja, que mis hijas juegan en cuanto pueden

  4. Menudo farde de casa, es el sueño de cualquier niño, tanto por la ambientación como por la anarquía que en ella se vivía.

    Yo me pasaba las tardes en una curtiduría con una familia numerosa muy peculiar.

      1. Un lugar en el que se curten y trabajan las pieles, donde se elaboran sillas de montar, cinturones, carteras… Recuerdo con gran admiración, eran preciosas, las pieles de lobo, marta, zorro…fruto de las batidas.

  5. Jajajaja es casi como la vida misma, uno parece que siempre puede verse identificado con aglgún personaje en tus entradas. En mi caso, normalmente es con los niños. ¿Seré un infatoide? ¿Un pseudodesarrollado? ¿Un maníaco inmaduro? 😀

  6. Que divertido Paloma!!! El pediatra de mis hijos era vecino, la niña ,su hija, hoy es actriz porque la lleve varias veces a verme acompañando a mis hijos. El mayor de los varones es un excelso violinista , me he pasado horas enteras escuchando sus practicas, el mas chico, no se a que se habra dedicado porque me mude y les perdi el rastro
    Hace un año me llevaron a un teatro a ver una comedia divertida con una mujer y dos hombres, les gustaba ella para hacer mi hija…..y era …mi vecinita. ..Madre de Dios que impresion!!!
    Hace poco me invitaron a un estreno de ella de la obra de un amigo…
    No se porque te cuento esto pero tu eres asi…kakaka…removedora
    Maravillosa Paloma

    1. Ya sabes que me encanta que me cuentes, es como intercambiar recuerdos o algo así.
      Lo de removedora me ha gustado aunque me suena a máquina grande de obras, como apisonadora 😉

  7. El personaje que más me ha gustado es el de la madre 😀 😀 😀 Debía llevar una coraza invisible que la aislaba del mundo.
    El otro que me ha encantado es el abuelo sentencias. «De libro». Creo que voy a hacer mía esta expresión D 😀 😀 Espero que no tenga copyright
    La verdad es que me importa más bien poco si esto ocurrió en esta realidad o en una paralela, porque desde el momento en que tú lo pones por escrito, creas realidades fascinantes.

    1. La madre era una señora genial, yo creo que estaba tan desbordada por las circunstancias que había decidido pasar de todo como método de relajación.

      Pero tú tienes que decir “de cuento” 🙂 en vez de “de libro”

      Si te digo la verdad, a veces ya no sé ni yo que parte es real y qué parte no.

      1. ¡No está mal la idea… «de cuento» suena bien 😀 😀 😀
        Todo es real, porque tú eres muy real y lo que cuentas, lo hayas creado o recordado, pasa a formar parte de la realidad que compartes con nosotros 😀 😀 😀 … Realmente, me he liado, «de libro y de cuento».

  8. Esto me habría venido bien saberlo antes, unos quince años. Con lo cansado que es poner reglas, lo poco que me gusta, y lo mal que se me da, y era tan sencillo como no hacer nada….

  9. Es curioso. Me acuerdo del bloque en el que me crié y me acuerdo de todas las familias que vivían allí, de quienes eran, en qué trabajaban sus padres, cómo eran los hijos, sus historias, de todos, y eran cuatro familias por cada uno de los seis pisos. (Me acuerdo del ruido, por las noches, del tenedor batiendo los huevos contra el plato de duralex para hacer una tortilla francesa)
    Ahora, va a hacer más de doce años que vivo en un nuevo bloque y no conozco a nadie. Ni los podría reconocer por la calle. Nos cuesta trabajo saludar si nos cruzamos en el portal. A menudo, ni lo hacemos.
    ¿Qué nos ha pasado?

    1. Tienes razón, yo ahora con mis vecinos tampoco tengo apenas trato. Puede ser que antes hubiera más niños y calle en la que jugar, como un punto de reunión, y eso terminaba uniendo a las familias. Somos más autistas, tengo la sensación.
      Ese sonido del tenedor batiendo el huevo es típico de mi infancia, también.

  10. Pues no sé qué decirte, lo que sí es más raro es que no les vacunaran siendo pediatra …
    Y me ha hecho mucha gracia lo del abuelo que diagnosticaba, es como una peli …
    Yo jugaba en casa de una de mis abuelas, era muy grande y lo pasábamos pipa, con un desván lleno de cosas, nos juntábamos con otros primos y cada día inventábamos, algunos eran algo trastos. Uno de los juegos preferidos era el de espiar por toda la casa. Me has hecho recordar tiempos muy bonitos.

    Un beso, Paloma.

    1. Pues es verdad, no vacunaba a sus hijos porque decía que como todos los demás niños ya lo estaban se protegían de forma indirecta.
      Lo del desván sí que es de película, siempre he querido tener una casa con un desván y baúles con vestidos para disfrazarse y trastos viejos que inspeccionar. El juego del espionaje tenía que ser muy, muy divertido.
      Besos, Rosa.

      1. Ya, pues esto sí que me parece peligroso, conozco algún caso y contrajeron la enfermedad …
        Tengo un hermano que es pediatra, adora a los niños, se implica mucho con todos, seguro que le echaría un rapapolvo, y me parece que con razón …
        Pero, también, me cae simpático este pediatra, no sé, me gusta, pero que dé gracias a Dios que a sus hijos no les pasó nada en cuanto a la falta de vacunas …
        Sí era muy divertido, había de todo en el desván, mi abuela nos dejaba subir, era muy buena. Sí, espiábamos por toda la casa, sigilosos, nadie se podía reír, qué intriga, los estoy viendo ahora a todos …
        Y mi otra abuela vivía en una casa con un patio enorme, con muchos árboles, arces, castaños y un nogal, y rosales (los rosales se encontraban en otro jardín, al lado, lo llamábamos ‘el paraíso terrenal’), ¡vamos a jugar al paraíso!, decíamos …

        Me gusta leerte 🙂

      2. A mí me gustan tus recuerdos, son muy bonitos, ese patio y ese jardín tenían que ser una maravilla.
        En lo del pediatra te doy la razón, me parece una burrada no vacunar.

  11. Creo que, casi todos, al menos “antes”, hemos tenido un sitio de esos. Un lugar donde jugar ajenos al “control parental”. Podrían ser los lugares más insospechados. Y, no sé la razón, pero los mayores no hacían caso de nosotros en esos sitios. Tuve mi sitio de esos, pero no voy a hablar de él porque sería muy largo.
    Gracias.

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