Día: 22 octubre, 2016

Mirada

Hace unos días, paseando por el parque, vi esa mirada tuya. Entonces me acordé de cuando venías cada día a las cuatro de la tarde y yo refunfuñaba por el pasillo mientras iba a abrirte la puerta y me quejaba de lo pesado que eras por venir cada día a las cuatro de la tarde, tan temprano, a esa hora que a mí me parecía mala, como si las horas fueran malas o buenas. Estaba cansada y quería dormir.

Me pedías un café, siempre me pedías un café, te lo tomabas de pie en la cocina y luego me decías, ¿dónde está el niño, está dormido?  Te sentabas al lado de la cuna y mirabas dormir a Manuel. Solo eso. Era esa misma mirada, exacta a la que vi en el parque: de ternura, de emoción, de misterio, como si mirando a un niño dormir uno pudiera entender algo de la vida y sus enigmas. Una mirada un poco triste pero también ilusionada. Una mirada maravillosa que yo no sabía apreciar porque entonces me parecías el inoportuno que se presentaba cada día a las cuatro de la tarde.

Entonces, ¿por qué la añoré tanto el otro día? Primero me puse muy triste porque ya no estás y es imposible que mires ,porque lo que mirabas tampoco está ya y porque me arrepentí de no haberla sabido disfrutar cuando la tenía, pero luego me alegré de que esa mirada siga existiendo en otros aunque no me pertenezca ni sea la tuya, en cierto modo sí es la tuya. En esos ojos estabas tú .

Me alegré, igual que uno se alegra de que existan árboles, música o estrellas. Así, de forma general y no exclusiva, para  embellecer  el mundo.

(Cuaderno de DM)

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