No era gris

Cuando el tío Antonio llegaba en coche por la cuesta que conducía a la casa de mis abuelos,  se anunciaba tocando la bocina con cuatro rítmicos toques. Esos toques sonaban como “Aúpa Atleti” y mis hermanos dejaban de inmediato lo que estuvieran haciendo, jugar al fútbol la mayor parte de las veces,  y se ponían a dar saltos de alegría y a corear los bocinazos.

Para ese tío nuestro, el mundo no era un lugar complejo ni difícil de entender, lo había dividido en dos mitades y así parcelado lo manejaba muy bien: los buenos, del Atleti, y los malos, del Madrid. Luego estaba la masa intermedia de los neutrales pertenecientes al resto de los equipos que viraban a un lado o hacia otro según se enfrentaran a los suyos o al rival. Si ganaban al Madrid pasaban de inmediato al lado bueno. No lo decía en broma, de verdad lo creía así, era un auténtico fanático  y aunque en su vida diaria se comportaba como un hombre serio que trabajaba en un banco y llevaba una vida ordenada y rutinaria, se volvía irracional si se trataba del fútbol y también muy sentimental.

Si estaba viendo las noticias e informaban sobre algún crimen, incendio, atentado, disturbio o catástrofe, él se lo achacaba a alguno del Madrid y no había más que investigar ni analizar. “Lo que pasa es que no lo quieren decir”, aseguraba luego con una media sonrisa ladina.

Cuando veía a mis hermanos con sus camisetas rojiblancas, regalo suyo igual que las bufandas, se le saltaban las lágrimas. “Me emociono, lloro cuando veo a las nuevas generaciones atléticas”, decía tocándose el corazón y secándose el sudor de la frente con un pañuelo.

Tenía dos hijos gemelos, Carlos y Toño, apodados los Catoños, pero, para su desgracia, no le habían salido demasiado futboleros, más bien eran aficionados a pegarse a todas horas. Constantemente estaban enzarzados en luchas, rodando en bola por el suelo, piernas y brazos enredados, sudando y en apariencia a punto de matarse pero solo en apariencia. De vez en cuando paraban, se quedaban tumbados jadeando como bestias malheridas, recobrando el aliento hasta que, ya recuperados, uno de los dos proponía mirando al otro, “¿otra pegadita?” y retomaban la lucha fiera.

Cuando no se pegaban entre ellos hacían otras burradas, por eso solían llevar puntos por las cejas o la barbilla y  alguna extremidad vendada o escayolada. Iban mucho a las urgencias y en cada una de esas visitas al hospital, el tío Antonio  les amenazaba con lo peor si no se portaban bien: “sois inaguantables, os juro que a la próxima….¡ os hago del Madrid!”. No lo hizo nunca, claro, pero sí les castigó llevando por primera vez a mis hermanos al Calderón en lugar de a ellos.

Volvieron tan impresionados por la experiencia que mi madre les tuvo que dar una aspirina infantil para que pudieran dormir, como también se la daba cuando perdía el Atleti porque se ponían casi enfermos del disgusto,  fueron niños fuertemente aspirinados.

Al día siguiente,  los Catoños llamaron a la puerta y tras atizar un par de puñetazos a los primos que les habían quitado el puesto, les sometieron a un interrogatorio. Querían saber de primera mano cómo había sido aquello pero mis hermanos solo decían, todavía impactados, “es verde, el campo es muy verde”. Como hasta entonces solo habían visto los partidos en la televisión en blanco y negro pensaban que el fútbol era un espectáculo gris.

 

 

 

 

 

50 comentarios en “No era gris

  1. 😀 😀 😀 😀 ¡Qué bueno! A mí no me gusta el fútbol en absoluto, pero si tuviera que elegir entre el Real y el Atleti, sería del Atleti sin dudarlo ni un segundo.
    Mi sobrina le preguntó a su madre un vez mientras miraban un álbum de fotos: “Mamá, ¿por qué cuando tú eras pequeña todo era en blanco y negro? 😀 😀 😀

      1. De todos es mi sobrina más especial 😉 Fue la primera y sus salidas nos dejaban a todos alucinados. ¡Podría escribir un blog entero con sus sorprendestes preguntas y respuestas! 😀 😀 😀

  2. Vaya tela…conozco a algunos colchoneros, y es verdad que son muy pasionales. Suele haber buena sintonía entre colchoneros y culés, también avivada por ese “enemigo” común, los blancos. Desde luego que describes muy bien ese comportamiento como “irracional”, hay gente así, incluso adulta (¿?). Divertida la historia de los gemelos y el mote Catoños. Creo que tienes el porcentaje de motes ingeniosos más alto de la blogosfera.

    1. Yo también conozco a unos cuantos adultos que dejan de serlo cuando se trata de fútbol. En el fondo envidio esa pasión porque te entretiene y te evade en muchos momentos de la vida.

      1. Sí, parece que te evade, aunque a mí me evadía más hace unos años, aunque he disfrutado mucho con la época Guardiola y en general de Cruyff hasta nuestros días. Muchos dicen que el fútbol vendría a ser la versión moderna o el sustitutivo de los coliseos romanos: Gladiadores luchando, leones devorando pobrecitos cristianos. Un lugar donde descargas adrenalina y agresividad. Muy pertinente la comparación.

  3. Buenísimo relato!! Y le encantó a mi marido, hincha fanático de Boca Junior.
    ( y esto casi en silencio…. para mí, el fútbol sigue siendo gris…)

  4. Menudas risas acabo de echarme. Me encantó tu relato.

    Hace poco que empecé a entender la pasión por el fútbol, se lo debo a un sobrino pequeño que es del Atletic. Mi debilidad por la criatura me lleva a invertir en cromos de fútbol.

  5. Ay, que bonito. Me ha encantado el título. Recuerdo la tele en blanco y negro, todo era en tonos de grises. El primer programa en colores que vi, la cantante que salió se puso un traje blanco y le preguntaron por qué y ella dijo que por costumbre. Me imagino la sorpresa de tus hermanos.

    1. Jajaja, qué gracioso lo del traje blanco.
      Pues fíjate que yo la tele en blanco y negro la veía en color, o eso me creía. Hasta que compraron una en color y me di cuenta de que no. Qué tonta!

  6. Muy bueno, en realidad hay mucho fanático del fútbolcomo tu tío, para mi ha dejado de ser un deporte para convertirse en un negocio. Pero punnto y aparte, reconozco que la mejor hinchada de cualquier equipo es la del Atleti, en las buenas y en las malas.

  7. ¡Los Catoños! Jajaja, creo que a Quevedo le ha salido una heredera. No me gustaba el fútbol hasta que he reído y releído este texto en versión original. Un besazo.

    1. A mí no me gusta nada, es más, le tengo manía
      El nombre de “los Catoños” no es de mi invención. Se llamaban así pero no eran los protagonistas de esta historia. Brutos también eran, eso sí.
      Gracias, Carlos
      Otro beso

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