Aportación al otoño

Abajo, en el contenedor, entre cascotes, pedruscos y polvo están las cosas de Manolita. Su cenicero en forma de hoja, sus cazos desportillados, el jarrón violeta con las flores secas, la manta escocesa, el cuadro de los patos nadando en fila por un río con bambúes a los lados, el espejo de marco dorado donde  se miraba antes de salir de casa, donde se arreglaba el pelo teñido de un negro muy negro y se daba el último repaso al carmín extendiéndolo por labios y dientes.

Los platos con el filo dorado que usaba en Navidad cuando venían a comer sus sobrinos, esos sobrinos misteriosos de los que siempre hablaba en el ascensor, con su voz  lenta y pastosa, como si acabara de comerse un polvorón, como si se pasara el día comiendo polvorones.  Las perchas de su armario, un abrigo con el cuello de astracán que pudo ser elegante hace dos siglos, novelas amarillentas de intriga y amor, polvo, polvo, mucho polvo, una alfombra que fue roja y ahora es gris, la tetera azul decorada con floripondios chinescos. Y más cosas y cosas acumuladas durante toda una vida. Queridas, deseadas, protegidas cosas que ahora parecen roñosas, feas y ridículas y que los obreros siguen bajando en sacos, mezcladas con los tabiques demolidos y con jirones de papel pintado.

Y casi al instante, rodeando el contenedor,  aparece un  gran grupo de mendigos, muchos van descalzos porque son la mafia de los descalzos, luego llegan los del clan de las muletas, bastones y otras prótesis que sueltan sin contemplaciones para ponerse a escarbar y después otros más, dispersos, autónomos, mendigos por cuenta propia. Los más profesionales  llevan carros de supermercado y dentro meten  con prisa  todo lo que pillan, sin pararse a hacer elecciones, hasta trozos de muros se llevan. Los demás se guardan lo que pueden en bolsas de plástico o en los bolsillos.

A los diez minutos no queda ninguna pertenencia de Manolita, así de rápido se liquida el rastro material de noventa años sobre la tierra. Solo polvo, nubes de  polvo blanco sobrevolando la acera y el cenicero en forma de hoja. A uno de los recicladores se le cayó al suelo,  justo debajo del árbol, junto a otras hojas verdaderas, como una extraña aportación al otoño.

(Cuaderno DM)

39 comentarios en “Aportación al otoño

  1. Curioso…la hoja para las cenizas es lo único que quedó entre la ceniza de polvo blanco…

    Me ha encantado la imagen de aportación al otoño,es muy lírica y potente.

    Besos,Paloma.

    Fue otoño en casa de Manolita,se fue cayendo todo a la calle.
    Ahora su casa es de invierno.
    Hasta que lleguen unos nuevos inquilinos y la arreglen.Entonces…
    …entonces ya nos contarás…
    ; )

    1. Si te digo la verdad, cuando lo he escrito no he pensado en lo de las cenizas y el cenicero, solo me ha hecho gracia que tuviera forma de hoja y estuviera junto a las hojas.
      Casi que lo has interpretado más bonito tú.
      Besos, Carmen.

    1. A mí no me ha parecido mal, solo me ha llamado la atención la rapidez con la que desaparece una vida entera o las cosas que acumulamos, en un momento.
      Siento otra vez si te he recordado algo doloroso, no hago más que meter la pata,me vas a coger manía. Espero que no.

      Besos

  2. Maravillosa entrada,.

    Conviertes en extraordinario cualquier gesto o acto cotidiano.

    Me pregunto qué harán con mis cosas, espero que el que las lleve aquel para el que tengan un significado.

  3. Yo es que alucino contigo. Me has dado casi ganas de llorar con esta broma que es la vida 😦 Asumo que, dadas mis pocas ganas de reproducirme o engendrar no tendré una buena prole que me honre guardando con cariño algunas de mis cosas así que… gracias por el vistazo al futuro ^^

    1. Pero qué desagradable soy a veces 😉
      En realidad las cosas están para disfrutarlas mientras vives, luego qué más da, que las aproveche otro o que las tiren, yo lo veo así.
      No quería deprimirte, de verdad.
      Un besazo!!

  4. Me gustó mucho esa imagen del cenicero
    Al principio, me ha dado pena que desapareciera todo tan rápido, pero, después, he pensado que es mejor que otros lo aprovecharan. Mucho mejor así si no tenía a personas cercanas.
    No sé si existió Manolita, parece todo tan real cuando describes …
    Siempre conservo algo, detalles pequeños y significativos para mí … y, ahora, estoy recordando una pipa …

    Un beso y buen fin de semana, Paloma.

    1. Pues sí que existió, era una señora muy cariñosa. Es verdad también que el cenicero de la hoja se cayó al suelo y ahí se quedó un rato.
      ¿Una pipa? Me gustan las pipas y el olor del tabaco de pipa.
      Besos, Rosa.

  5. Caen las hojas del árbol de la vida; incluso las de cristal.
    Después de leer tu entrada, he mirado alrededor y he decidido que seré yo quién se desprenda de mis hojas en un lento striptease sentimental, para no dar trabajo a los obreros el día que me toque marcharme 😉

    1. Qué chulo es eso del striptrase sentimental, pero tampoco exageres no sea que te quedes sin nada antes de tiempo.
      No me gusta tener muchas cosas y no tengo apego sentimental a casi nada material, de mi casa lo que más me gusta son las plantas, la cafetera ( por el café) , el ipad de mis vicios y la luz que entra por la ventana. En serio.

      1. Pues yo tengo toneladas de libros, montañas de puzzles y muchas plumas y libretas que esperan con paciencia de reloj de arena el texto perfecto que jamás llega 😀 😀 😀

      2. Yo también tengo muchos libros pero son de antes, ahora casi siempre los saco de la biblio.
        Tú insiste con las plumas y con las libretas, llegará el texto. Alguno ya ha llegado 🙂 tuyo, me refiero. Que yo te he leído cosas muy bonitas.

  6. 😀 😀 😀 😀 Eso me recuerda aquello que dicen que si pusieran a mil monos ante mil máquinas de escribir para que las aporrearan durante toda la eternidad, acabarían reescribiendo punto por punto El Quijote. Seguiré insistiendo a ver si suena la flauta 😉 ¡Que tengas un sábado de cuento! 😉

  7. Ohhhh!! No es que no me haya gustado….es que he sentido mucha pena…hace 5 años se fue una de las personas mas importantes de mi vida y este mes al fin he sido capas de ir desprendiendome de algunas de sus cosas… no soy nada material pero el apego emocional me destroza el alma….si lo se esta noche no te leo….buscare entre tus entradas, una con la que quitarme este sabor amargo…menos mal que me consuela saber que seguro que la encontrare

  8. Parece que el ciclo de la naturaleza funciona también con los recuerdos y despojos ciudadanos. Ese reciclaje natural que nos empeñamos en copiar de la naturaleza. Todos los mendigos han de ser parásitos, saprófitos o simbióticos. Qué imitantes. Claro que los demás, no sé yo.
    Pero, como diría el Toni, la industria fabrica como quiere, envasa como le da la gana y luego nos ponen a todos a reciclar para que salvemos el planeta. Como si fuera cosa nuestra.
    Perdón, me he salido del tema, como suelo.

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