Entre cosas raras

A Edgar, mi compañero de mesa, el flequillo le caía como una cortina rubia sobre el ojo derecho. Se lo soplaba, subía un momento despejando la frente y  volvía a caer. Soplaba y soplaba mientras hacía dibujitos en los márgenes del cuaderno : árboles altos y frondosos, hiedras trepadoras, camaleones y un dragón incendiando la hoja desde una esquina.

Un día le pasó algo horrible desde nuestro punto de vista, lo peor que le podía pasar a uno: su abuela vino a  buscarle a la salida de clase,  cuando estábamos todos en corro, antes de dispersarnos. Y no sólo eso, se acercó y dijo por detrás, “Edgar” Y al momento, otra vez. Dos veces llamado por su nombre. Pobre Edgar, qué vergüenza, una abuela, venir a buscarle, llamarle, decir su nombre. De algo así era difícil recuperarse.

Pero a él  no pareció importarle mucho,  se sopló el flequillo como hacía siempre, dijo”hasta luego” y se alejó cruzando la plaza con la señora vieja. Luego nos contó  que habían ido al hospital a conocer a su hermano recién nacido. Su padre se había vuelto a casar con una mujer más joven. Al niño, en un arranque de creatividad, le habían llamado Sirius.

Sirius, Sirius, como la estrella más brillante de todo el cielo nocturno. Nos enseñó una foto en un recreo. Era un bebé rubio y gordo, muy blanco, luminoso.  En los márgenes del cuaderno empezó a aparecer el hermano, la luna tenía su cara o estaba dentro de un nido, en la copa de un árbol.  Los dibujos cada vez ocupaban más espacio en el papel, comiéndose los apuntes. Los apuntes cada vez más escuálidos, perdiendo terreno, invadidos por la hiedra.

La tutora, esa mujer a la que llamaban” la Guernica” porque tenía los ojos colocados a distinto nivel y la boca torcida, le dijo en mitad de la clase de arte, “Edgar, vas a suspender todas como no espabiles, pásate por el despacho de la orientadora.”

Entrar en ese despacho no era muy agradable si estabas desorientado. Lo sabía bien porque ya  había estado allí, sentada en la silla  de la supuesta ayuda, mientras ella  se miraba las uñas pintadas de rojo y preguntaba con desgana, ¿qué quieres estudiar?, no lo sabes, ¿verdad? Era de suponer, los resultados de los test indican que tal vez te iría bien algo relacionado con el servicio, de trato humano, ¿enfermería?, ah, no, que estás en letras. No sé, tú verás. Con estas notas, solo un milagro te puede salvar.

Un milagro para mí y otro para Edgar, a él también le dijo lo mismo. Tampoco era tan imposible. Sucedían cosas raras a cada momento. A primera hora, antes de entrar a clase, habíamos visto una paloma ahorcada en el edificio de la iglesia. Eso era una cosa rara. Edgar se pasó toda la mañana soplándose el flequillo  y diciendo qué fuerte, qué fuerte.  Porque lo era y porque le gustaba decir eso como resumen vital.

Nuestra mesa se encaminaba hacia el precipicio. Él hacía dibujitos y yo los miraba con fascinación.  Sirius dormido en las alas de un pájaro, acostado sobre una nube, enganchado a una rama junto al camaleón, coloreado como él. Desde la esquina contraria, el fuego del dragón caía rojo y naranja inflamando los apuntes. La Guernica pasaba diapositivas de arte románico. Nos íbamos a quemar los dos, la desorientadora lo había dicho.

Sí,tenía razón mi compañero, todo era muy intenso: nuestro revoltijo interno, nuestros deseos, nuestra confusión, nuestras emociones. También debió de serlo el milagro. Porque aquí seguimos, entre cosas raras, entre cosas pero que muy raras, viviendo.

Qué fuerte, pero qué fuerte, Edgar, compañero de pupitre, creador de bellísimos mundos de lápiz , hermano mayor de la estrella más brillante.

 

 

 

 

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64 comentarios en “Entre cosas raras

  1. Es tan fascinante este relato que me pregunto si es verdad o producto de tu imaginación.
    Qué preciosidad más grande has escrito, niña. Me quito el sombrero, qué maravilla leerte.
    Muchos besos, chulapa.

  2. Inútil si no estudias medicina, inadaptado, si no puedes parar tus manos de trazar lo que fluye en tu cerebro. El que nada hará porque solo en su mundo de fantasía puede estar….
    Que será de los que adornábamos las cuentas con nuestros mundos paralelos

  3. Qué fueerte. Qué fuerteee. Que fuerte.

    Doc se preguntaba si en el futuro habíamos sufrido una mutación por la que todo nos parecía muy fuerte.

    Quizás era eso lo que no entendía la desorientadora…

    Ahora lo que no entiendo muy bien es por qué los jóvenes dicen siempre “en plan”.

  4. La prmera frase ya con el flequillo rubio de Edgar es cantidad de graciosa, y el primer párrafo tan bonito que es para enmarcar. En realidad todo el relato es precioso, me ha encantado lo de hacer dibujitos en los márgenes del cuaderno. Los apuntes cada vez más escuálidos invadidos por la hiedra, es muy poético. Entre otras cosas yo también hacía dibujos en los márgenes de los apuntes, aunque siempre formas abstractas sin sentido. De hecho lo sigo haciendo de adulto, por ejemplo si hablo por teléfono y tengo que anotar algo mientras.
    No me extraña que el bebé fuera luminoso si le pusieron Sirius, jajaja, vaya nombrecito, eso es propio de unos padres hippies.
    No sé en cuanto a la desorientadora, pero Edgar apuntaba a artista o pintor y tú ya eres escritora.
    Y una última cosa…en la próxima reencarnación quiero ser tu compañero de pupitre. ¿Quedamos ya?

  5. Es muy bonito. Me encanta cómo escribes y cada día lo haces mejor.
    Me ha matado lo de la Guernica. Jajaja.
    Por cierto, yo también soy muy de resumirlo todo con “qué fuerte”. Y me gusta remarcar mucho la r. Qué fuerrrrrte.

    Besotes!!!

  6. El mote era muy cruel pero estaba muy, muy bien puesto.
    El “qué fuerte” hay que decirlo así, como tú haces, arrastrando la erre, para que sea fuerte de verdad. Pega con casi todo.
    Y muchas gracias!!!

  7. Orientadores que desorientan,profesores que necesitan urgentemente terapia psiquiátrica…un panorama demasiado frecuente!
    Me ha gustado conocer a Edgar y sus dibujos.
    Es que a mí también me gustaba dibujar (y me gusta…)
    ; )

    Besos,Paloma.
    Siempre me voy de aquí cargada de sensaciones.

  8. ¡Menudo nombrecito el de Sirius! El problema no es que la criatura lleve ese nombre, sino para sus conocidos tener que llamarlo.

    Una buena parte de los problemas de los estudiantes de carácter permanente e irresoluble se gestan en los despachos de los orientadores, allí entran con las ideas poco claras y salen con ellas extremadamente oscuras.

    Un relato magnífico el de hoy, lleno de ternura y a la vez crítico con el mundo de la escuela, que está para formar individuos tipo y es crítica con aquellos que no siguen las normas estipuladas.

    1. Con los nombres hay que tener cuidado, que luego toda la vida cargando con uno demasiado original…
      La verdad es que no conozco lo suficiente el sistema educativo de ahora y por eso no me atrevería a criticarlo, lo que cuento es una experiencia personal. Por suerte, también tuve profesores majos y buenas personas que nos aguantaban con paciencia. Que también teníamos lo nuestro 😉
      Besos, Ilduara.

  9. Dos compañeros de pupitre que me encantan.
    Creo que la orientadora no daba pie con bola. Sencillamente.

    Recuerdo el colegio con mucho cariño, estudié con monjas encantadoras y profesores, en su mayoría, muy buenos, siempre lo digo y lo diré, no los idealizo, eran así 🙂
    En la facultad, ya me encontré más variedad, de todo …

    Un beso, Paloma. Siempre me haces recordar …

    1. A mí me gustó más la Universidad que el colegio aunque también tengo buenos recuerdos del colegio. Estuve en varios así que tengo de todo,algunos malos también.
      Tu mirada siempre es muy positiva, buena como me parece que eres tú.
      Otro beso para ti.

  10. Pues es raro ver una paloma ahoracada, vaya que sí: yo una vez vi un gorrión en tan penosas circunstancias y no me gustó ni un pelo. Creo que fueron unos niños, esos monstruos cuellicortos.
    Creí que Sirius por el personaje de Harry Potter, mira si seré friki jajaja

    1. No es que me gusten mucho las palomas urbanas pero la verdad es que me impactó verla colgada por el cogote de una cuerda. Es una imagen que tengo grabada por lo macabra que me pareció. Gorrión, todavía peor.
      Sirius es normal que te recuerde a Harry Potter pero entonces no existía, fíjate qué tiempos tan pleistocénicos.

  11. Yo a Edgar me lo imagino como al actor jovencito del flequillo que salía en las pelis de Rocío Dúrcal….Me encantaban, lo confieso.

    Un relato precioso. Yo también pintarrajeaba los apuntes y sigo haciéndolo con la lista de la compra, pinto margaritas, o algo así, me relajan.

    Un besito

    1. Jajaja, qué graciosa, pues no sé cómo era ese actor.
      Yo también pinto flores y árboles pero no tan bonitos como los suyos, ni mucho menos.
      Un beso (¿qué tal estás?, espero que subiendo escalones)

      1. Estoy un poco mejor, esto es lento y aparece un bajón en cualquier momento pero creo que voy llevándolo con más serenidad.
        Gracias por preguntarme.
        Un besito
        Cómo me gusta leerte!

  12. ¿Eres consciente de que en tus descripciones hay un mundo? Los dibujos que iban comiendo terreno en ese cuaderno, el precipicio al que os dirigíais, la forma en la que Edgar soplaba el flequillo…
    Seré pesada y por enésima vez te lo volveré a decir… ¡Me encanta tu modo de escribir! Como decías en la entrada de Esme, tú eres de las que no mira SEO, ni estadísticas, ni hace florituras en las redes y nos tienes aquí, pegaditos a la pantalla del ordenador con la magia de tus letras. Cuando quieras tirar adelante el libro, dímelo y te ayudo en lo que haga falta.

    1. Jajjaja Martes te contaré un secreto…cuando conocí a Paloma, con otras personas, teníamos la teoría de que es una escritora famosa pero aquí está de incógnito. Quien sabe eh?

  13. Qué sabrá la tuerta lo que serán esos dos. A mi me ha parecido muy tierno, sin avergonzarse por su abuela, orgulloso de su hermanito, me ha dado mucha ternura, seguro que será alguien importante o hará cosas importantes algún día.

  14. Siempre pensé que los orientadores eran una figura educativa que trajo consigo nuestra entrada en Europa. Al principio el resto de profesores solían llamar a los orientadores “Los Paquistaníes”. Un día le pregunté a uno del gremio por qué les llamaban así. Y como en esos chistes tontos me dijo:
    -Pues porque cuando les empezaron a colocar, uno en cada colegio, los demás decíamos “¿Y estos pa-qui-están?
    Lo siento.

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