Gato tras la puerta

Un año viví de alquiler en una casa grande y fea. Muy fea. Sus ventanas exteriores daban a una calle llena de tráfico, las interiores a un patio con colgajos negros, aceitosos.

Era un primero, casi  al mismo nivel que la parada del autobús y desde mi mesa de estudio veía pasar caras y caras viajeras. Las caras también me veían a mí, estudiando. Tenía la sensación de que la que me movía era yo. Los cristales temblaban.

Como la casa era muy grande y apenas había muebles, me dedicaba a pasear de un cuarto a otro. En cada vuelta comprobaba lo fea que era y meditaba el porqué de haberla alquilado, el motivo de que estuviera viviendo en ella y no en otra menos fea.  No lo sabía.

Todas las noches, de madrugada, una loca se asomaba a una de las ventanas del patio y desde allí se peleaba a gritos con alguien que no estaba. Tras mi puerta dormía Carli Carlines, el gato culón de la portera, también culona.

Cuando por las mañanas salía temprano para ir a trabajar y abría la puerta, Carli Carlines huía espantado escaleras abajo todo lo rápido que le permitía su trasero y al momento la voz de su ama,  lenta y fatigosa,  me daba los buenos días y el parte meteorológico como si fuera una radio humana. También, como un noticiero, me anunciaba alguna catástrofe: “se ha incendiado una casa, se han caído tres árboles del paseo, un atentado  con bomba lapa, cinco muertos en accidente de tráfico”.

Nunca cociné en la cocina de la casa fea. Comía latas,tomates, manzanas, yogures y sopas de sobre. Crema de mariscos, ponía en la caja de los polvitos que se disolvían al añadir el agua caliente formando un caldo rosado.Me parecía una cena entre asquerosa y distinguida.

Hollín en todas las ventanas, sobre la mesa, sobre los libros. Y cuando me duchaba, la radio humana me advertía desde el bajo, “Natalia, la ventana se transparenta”. Siempre me llamó Natalia y nunca la corregí ni puse cortina. Me iba a ir de la casa fea, no merecía la pena modificar nada. De hecho ya me estaba moviendo, claramente lo notaba mientras las cabezas viajeras pasaban y pasaban, aburridas, por delante de la mía.Me miraban un instante como yo a ellas y luego desaparecían.

Abajo, en el paseo lleno de tráfico, cada mañana me recibía con gran alboroto una panda de gorriones desde la copa de uno de los plátanos, animándome. En la fuente de la plaza, tres patos metálicos aleteaban con ritmo sin alzar nunca el vuelo, alguna paloma se posaba encima de las alas condenadas y subía y bajaba como en un tiovivo aviar.

La casa era muy fea , el gordo Carli Carlines dormía cada noche tras mi puerta igual que la loca gritaba enfurecida por el patio negro, pero yo solo estaba de paso. Alguien agitaba constantemente el caleidoscopio de la vida, todo se movía y descolocaba a gran velocidad, también la casa fea, también yo.

 

 

63 comentarios en “Gato tras la puerta

  1. Qué difícil vivir en un lugar que no puedes querer. La sensación de estar de paso en este caso resulta esperanzadora… Por cierto, a mí el tipo del taller me ha bautizado Virginia. Le corregí un par de veces, pero después lo dejé. Ahora respondo también por ese nombre.
    Un beso

  2. Y que seríamos sin esas experiencias extrañas? Curiosamente, yo tambien recuerdo muy bien aquellos días. Al igual que tú viví un tiempo en una casa fea, de paso, sin apegos ningunos. Tampoco yo cocinaba y tiraba de sopas y comida congelada…¿Qué será de aquel lugar? me pregunto a veces, con lo poco mio que fue y es curioso lo bien que lo recuerdo.

    Un abrazo, Eva.

  3. Lo he visto pasar como una película…
    : )

    Sabes? a mí me pasó algo parecido pero en mi caso el piso era diminuto.Fue al llegar a Madrid.
    Me puse manos a la obra y tras innumerables intentos fallidos encontré un apartamento preciosísimo,de precio medio,con una luz espectacular,vistas de un mirador a los jardines del Moro y un portero que era la amabilidad personificada (nunca he vuelto a conocer uno así).
    Eso sí…en el piso lóbrego y diminuto nunca tomé sopa,eso sí que noooooo!! ajjajaja
    ; )

    Un besazo luminoso.

    1. Huy, Carmen, qué maravilla, con vistas a los jardines del Moro….
      Es que no sabía cocinar, de ahí la cutre-sopa, bueno, era crema de mariscos, jajaja, eso ponía en la caja.

      Muchos besos

  4. Detesto a esa gente que mira tras los cristales —yo no lo hago— y con el fin de escarmentarlos agarre un papelito chiquito y con letra menudita escribí:”Pirulin pirulea. a la mierda el que lo lea”
    y la primera persona que se asoma fue mi padre —que tampoco tiene la costumbre de mirara tras las ventanas— y me ordenó sacarla. Yo trate de explicarle, más el no atendió mis razones.

    Besos

  5. Me muevo yo, ya que mi cuerpo no puede, y vuelo lejos de lo feo. Y ni respiro al ducharme, haciendo saber, que yo siempre estoy de viaje. No voy a cambiar nada, pues el apego de los recuerdos nos amarra a lugares feos.

  6. A veces tomamos decisiones precipitadas, el alquiler de una casa es cosa de pensar. Cuando no se está cómodo hasta aceptamos una sopa de sobre. Todo es un cúmulo de circunstancias que da un aire de decadencia.

  7. Aprovecho la ocasión para darte las gracias por ese vecino joven voyeur que puntualmente se asomaba al patio de luces con la luz apagada para verte ducharte a través de esa ventana sin cortinas que no era transparente pero sí traslucida y dejaba entrever las formas y el resto se lo imaginaba. Me dijo (telepática-imaginamente) que cuando tù te fuiste el patio de luces se apagó.

    1. Me alegra que te hayas fijado en ese detalle porque a mí también me gusta. Lo veo un poco así, con unos cuantos elementos se forman figuras muy distintas a base de pequeños movimientos.
      Un beso, Marta y muchas gracias.

  8. Hola Natalia. Carli Carlines, el gato culón, jajaja…por lo menos parece que el gato te cogió cariño…o no, quizá era de costumbres fijas, o quizá tenía mucho morro -o todo ello-. Sitio cutre, nunca me he visto en ésas, afortunadamente -supongo que el cuartel donde hice la mili no cuenta-. Por lo menos querías marcharte, pero debe angustiar.
    No sabías si te movías tú o esas caras…mira, me recordó aquello que comenté una vez de las teorías de Einstein y qué tren se mueve, si el que nos pasa o el nuestro, o los dos.
    Pirulín pirulea…es que tenías la solución tan cerquita…Esas comidas así de sobre nunca me han convencido. Solo te hubiera faltado algún espíritu en el apartamento. Mejor no pensar en eso…

    1. Hola, What. Me inclino por las dos últimas opciones respecto al gato.
      La verdad es que no estaba angustiada pero obviamente no quería quedarme ahí.
      Nunca me han dado miedo los espíritus ni los fantasmas, más miedo me dan los vivos.
      La portera sí me daba miedo, por pesada y por cotilla.

      1. Lo del gato me lo imaginaba…Sí, los vivos dan más miedo. Estas mujeres o vecinos pesados y escandalosos son casi inevitables. A mí me hubiera taladrado la loca que discutía con el fantasma que tú no veías.

  9. Hola Paloma! Lo de la loca me ha traído recuerdos. Yo tenia una vecina que… bueno, esa es otra historia.
    Muy sugerente la imagen del caleidoscopio. Con poco se puede conseguir cambiar mucha cosas.
    Besetes, guapa.

  10. Como siempre nos llevas a nuestros propios recuerdos. “Fuí ajena y extraña en aquel pueblo, una intrusa.Vivi en la casa de alquiler muy barata porque nadie queria alquilarla en ese pequeño pueblo , se había suisidado la antigua dueña de la casa ahorcandose en el cuarto de baño. Sin muebles, con una sola cama . No tuve más remedio por la cuestion económica . El pueblo de los mineros era triste, hostil y negro. Me parecía que todo el mundo detras de mi ventana era boracho, feo y monstruoso. Viví en el mundo paralelo , en una burbuja observando con el horror ellos y ellos a mi. Simplemente pensar -¿ acaso es un lugar para el resto de mi vida? – me daba ataques de pánico y xenofobia”…

      1. Es que simplemente quisiera decir que hay casas peores y la verdad es que no son lugares, sino las circunstancias de tu vida es lo que nos hace ver las cosas que nos rodean como buenas o como horribles.

  11. Y mientras leo, también he recordado una casa en Oviedo, muy grande, y al portero cotilla, y el cielo nublado y ruidos en una pared, como que crujía, y todas las historias que nos inventábamos para explicar los ruidos … cuántas historias me han venido, lo pasábamos genial, la verdad, fue durante la época de la universidad …
    Siempre me haces recordar. 🙂

    Un beso, Paloma.
    13 rue del percebe, ¡me encantaba!, jaja …

    1. ¿Tú no escribes, Rosa? Porque lo haces muy pero que muy bien. Me haces ver mucho con cada uno de tus comentarios.
      Yo también fui feliz en la casa fea, a pesar de todos sus inconvenientes. Estaba en muy buena compañía y al final eso es lo que más importa.
      Mi preferido de 13 rue del Percebe era el tendero timador del bajo, jajaja.

      1. Te venía a ver, jajaja, para decirte que mi preferido de 13 rue del Percebe era el tendero, jaja, y el sastre. Y recuerdo que un día, en clase de griego, mi compañera de pupitre me enseñó una viñeta del sastre, tomaba medidas a un señor muy gordo, y lo hacía en moto, alrededor de su barriga, jaja … nos entró tal ataque de risa a las dos, que la profesora paró la clase.
        Al final, nos reímos todos.
        Escribo trabajos de investigación :), realicé la tesis doctoral sobre mentalidades históricas.
        Tú también me haces ver y recordar mucho a mí 🙂

        Un beso, Paloma. Gracias.

  12. Retomo con placer la lectura reposada de tus letras después de unos días de locura 🙂
    Me aposento en esa casa fea y veo al gato culón de nombre extravagante, como su “ama-radio”.
    Y degusto esa sopa entre “asquerosa y distinguida”…
    A veces, las elecciones no son casuales. Quizá habitar esa casa fuera necesaria en ese momento. Conocer la fealdad es paso imprescindible para descubrir, por contraste, la belleza. Y, en tu caso, además, creo que te sirvió para descubrir la belleza que posee cualquier fealdad.

      1. Lo bonito siempre es preferible, es cierto, pero se ha de reconocer que lo feo, el desamor, el drama y la tristeza suelen dar obras de arte incluso más hermosas que la mejor de las bellezas. Al fin y al cabo, también forman parte de nuestra vida y de nosotros 😉
        Tú, desde luego, consigues que lo oscuro, meláncolico o triste sea atrayente.

        P.D. No sabes lo nerviosa que estaba viendo cómo se acumulaba en mi mail la lista de entradas 😀 😀 😀 😀

  13. Cuando uno cree tener una lógica, vivir en una lógica, cae de repente en lugares donde todo está fuera de su lógica.
    Unas veces uno se acostumbra, otras no.
    Los seres que habitan en esos lugares, unas veces te los terminan por hacer agradables y otras confirman su horror.
    Pero, con el tiempo, descubres a personas que se aterran por vivir donde tú vives y, entonces, te ves reflejado en ellos. Aunque ellos, en tí, no.

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