Hojas del calendario

En Nochebuena, el tío Juan cenaba en pijama en una esquina de la mesa. Apenas comía, se limitaba a hacer sus dibujos misteriosos sobre el plato con la comida cortada minuciosamente en pequeños trozos y en cuanto podía, se escabullía a ver la televisión o se quedaba mucho rato con la cara muy pegada al cristal, mirando por la ventana las sombras de los pinos.

Como estaba deprimido nadie se atrevía a decirle nada. Sufre, el pobre sufre, le disculpaba la abuela Martina aunque cundía la ligera sospecha de que se aprovechaba de su malestar para hacer lo que le daba la gana. En sus ratos libres, que eran muchos, veía películas y a base de analizar muchas, había llegado a la siguiente conclusión cinematográfica: “para que se note que el tiempo pasa, se pone un calendario en primer plano  y que vayan cayendo las hojas, una detrás de otra, una detrás de otra” y hacía un movimiento despacioso con la mano,- la enfermedad le había vuelto hombre a cámara lenta-, de algo leve que revoloteaba y después desaparecía.

Visto en la distancia tengo la sensación de que en esas cenas navideñas los adultos hacían una función de teatro, cada uno con su papel bien aprendido y que durante muchos años lo representaron a la perfección. Mi abuelo se ponía en la puerta de entrada con el reloj en la mano para controlar las llegadas, era muy puntual y le alteraban los retrasos de los demás.  Ese control horario cabreaba a mi padre que siempre le decía a mi madre, en cuanto nos bajábamos del coche y lo veía  asomado, “ya está tu padre cronometrando, hay que joderse, cualquier día nos hace fichar como en la oficina”. “Haya paz”, contestaba ella. Esa frase de “haya paz”, en impersonal,  la tenía que decir varias veces a lo largo de la representación, estaba así en su guión y formaba parte de la personalidad apaciguadora de su personaje.

Antes de entrar, mientras cruzábamos por el jardín, que olía a frío y a leña, a invierno, un olor que me encantaba, mi padre iba relatando con aburrimiento anticipado todo lo que iba a pasar y las posiciones de cada uno, “si es que me lo sé de memoria, os lo digo de verdad, casi que me doy media vuelta, me marcho a casa, me pongo el pijama como Juan y se acabaron las historias”. Para mi padre la palabra historias era sinónimo de algo malo  y pesado. El caso es que ese hartazgo suyo y que nos lo contara también formaba parte de la repetición.

Pero no se equivocaba en casi nada,  el tío arboricida ya estaba dentro enredando con los troncos y la chimenea. Los demás intentaban disuadirle porque la chimenea estaba mal construida y no tiraba, pero él seguía arrodillado haciendo bolas de papel de periódico, sudando, y dándole a la leña con un atizador. La tía Susana, muy arreglada y pintada, soltaba su frase mítica , “de aquí salimos todos oliendo a sagato”. Nunca supe lo que era el famoso sagato pero lo intuía porque  cuando nos íbamos, toda la ropa y el pelo nos olía a ahumado.

Los niños nos sentábamos en las escaleras, esperando, no sé muy bien a qué, nerviosos, con emoción de estar todos los primos juntos, otra vez en la casa del verano. La abuela Mila se levantaba varias veces a comprobar en el espejo de la entrada que no se le hubiera arrugado la falda ni torcido el collar,  el abuelo Tomás, después de la cena, se quedaba dormido en un sillón con la boca abierta. Nos daba risa y asco a la vez. Mi hermano José organizaba bailes y funciones dentro de la función general,  el tío Andrés se ponía muy contento y colorado, mi padre se miraba el reloj, deseando irse. Y la  abuela Martina, cuando llegaban los postres, se ponía agorera y decía, ” ya ha desfilado el primero, se refería al abuelo que faltaba,  a ver quién es el siguiente, esto termina pareciéndose a Diez Negritos, ya lo veréis”.

Lo vimos. Al cabo de los años, la única superviviente de su generación fue ella.  Entonces ya no decía lo de  Diez Negritos, solo, “voy a repetir cordero aunque me siente mal porque, total, las próximas navidades ya no estaré aquí…Aunque duró muchos años más, bordando su papel de abuela longeva y glotona, sorteando hábilmente la caída silenciosa y traicionera de las hojas del calendario.

 

 

 

 

 

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48 comentarios en “Hojas del calendario

  1. Muy bueno el detalle del calendario en primer plano.

    En todas las familias podemos ver patrones de comportamiento estos días.
    Mi madre repite cada año “a ver si aprendéis a hacer la paella,yo no voy a poder siempre”.

    Besos,Paloma.

  2. Jajjaja, genial… joder, es como si estuviera yo allí… que arte tienes escribiendo.

    Es una maravilla leerte.
    De verdad que no me canso nunca.
    Gracias por compartir tu don… me has hecho disfrutar mucho todo el año.
    De corazón.

    Un besazo muy agradecido.

    1. Jajaja, las familias y los familiones…qué miedito dan aunque se las quiera.
      Muchas gracias a ti por tus comentarios, este y todos los demás.
      También de todo corazón.
      Otro beso enorme.

  3. Qué bueno el detalle de las hojas del calendario.

    En mi casa mi madre cada año repite “a ver si aprendéis alguno a hacer bien la paella,que yo no voy a estar siempre”.

    Pues eso…
    Y un beso.
    ; )

  4. ¡jajaja! No sé de quién será el guión original pero hay que ver la cantidad de plagios que ha tenido en casi todas las familias, en algunas simplemente “cortar y pegar”. A pesar de eso te (os) deseo que disfrutes de ese conocido guión y que haya variantes sorpresa y agradables. Feliz solsticio, felices fiestas de fin de año. Besos, abrazos y demás (como dice el guión pero con cariño sincero)

    1. Yo no recuerdo peleas pero sí algún que otro enfado disimulado. Es difícil llevarse bien cuando se junta tanta gente por obligación, cada uno con su manera de ser y sus manías.
      Lo que sí sé es que yo me lo pasaba muy bien en todo ese lío como niña que era. Ahora ya me pasa como a mi padre, que me lo sé antes de empezar.

      1. De pequeña recuerdo pasarlo en grande, siempre mucha gente, y mi madre siempre avisando, y siempre alguno la liaba pero se pasaba rápido.
        Hoy en día, somos más, y los mismos la siguen liando. Espero que los que cogemos el relevo nos portemos mejor

  5. Nosotros no teníamos ese circo. No teníamos familia en Sucre, la navidad era como cualquier otro dia, lo unico que lo hacia diferente es que estrenabamos ropa Nada de árboles ni nacimientos.
    Mi abuelo fue honesto y me dijo que ni el niño ni los magos traen regalos.
    Y tal vez por eso esta fiesta no me atrae ni siento la magia de la navidad.
    Cuando aparecieron mis hijos tambien aparecio la navidad, el árbol, las luces y los paquetes forrados con papeles multicolores y papa Noel y la picana para navidad y el lechón para año nuevo

    Besos

  6. Mi cielo, mientras jestejamos solitos los cinco, papa , mama, los tres hermanos, fue maravilloso porque todos eramos imprevisibles
    Despues y aunque se cambie de escenario las fiestas , que me encantan, me hacen llorar…Comparto Palomita

  7. Me quedo con el jardín, que olía a frío y a leña, a invierno… ese olor a mi también me encanta, igual que la Navidad. Aunque tengo muchos años ya, sigo siendo niña en ese aspecto y disfruto las reuniones familiares, y me gusta transmitir las tradiciones y la magia de esta época a mis hijos. Felices fiestas, guapa, y sigue escribiendo así!!

  8. Hola preciosa:
    Vengo a desearte unas Felices Fiestas y un año 2017 maravilloso.
    Supongo que tardaré aún bastante en volver. Muchas veces te leo desde el email aunque no comente. Me encantas.
    Besazos.

    1. Celia, gracias a ti por todos tus comentarios a lo largo del año, me has hecho compañía y me he reído mucho contigo. Yo también te deseo un año feliz y lleno de cosas buenas. Te las mereces.
      Muackkkkkk.

  9. A mí, de estas fiestas, lo único que me pone triste es, precisamente, esas hojas que han caído en el calendario de forma irremediable, llevándose con ellas a personas queridas. No sé si es porque sigo teniendo una parte de niña en el alma (o será que nunca he madurado del todo), pero me sigue gustando la Navidad, las caras sorprendidas de los niños, los gritos, las canciones, los cuentos, la comida en familia, las risas, los juegos, los versos, el aguinaldo, la espera de los regalos, los turrones… 🙂

    1. A mí no me gustan, por las hojas caídas y tal vez porque las tengo idealizadas. Siempre tengo la sensación de que les falta magia y que se han convertido en algo feo y aburrido.
      Pero pásalo muy bien, haz un cuento de las tuyas, tú sabes.

  10. No recuerdo patrones de comportamiento, salvo mi abuelo que fumaba un puro que parecía la gloria por la cara que ponía y que siempre bebía vino de Toro, sólo él lo tomaba, disfrutaba. Yo miraba ese vino tan negro y me preguntaba cuál sería su gracia. Nunca lo he probado, ahora que lo pienso.
    Las navidades las recuerdo con tal cariño, que ahora sigo igual, me encantan, lo pasábamos muy bien, los niños y los mayores. Mi padre nació el día de Navidad, y a las doce en punto, siempre le cantábamos ‘Noche de Paz’, su villancico favorito. Lo vivía. Ahora, lo seguimos haciendo. Murió hace tres años, el día de Reyes. Sigue estando 🙂
    Y es el villancico que le voy a dejar a Toro, se ponga como se ponga, jajaja …
    🙂
    Y, como siempre, disfruto mucho leyéndote.
    Un beso, te deseo una muy feliz Navidad, Paloma.

  11. Puede que las Navidades sean el calendario familiar que íntimamente marca la lenta demolición de todas las familias.
    Los niños, a la expectativa, disfrutan. Pero los demás han aprendido por la repetición que de ese calendario cada vez pueden esperarse menos cosas buenas.

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