Día: 9 enero, 2017

Dinosaúricas perdidas

Me he pasado toda la noche haciendo  lo mismo que hago de día: quitar el polvo y barrer. En el sueño, además de autoplagiarme,  intentaba escribir para huir de tan monótonas tareas, otro plagio, pero en vez de ordenador utilizaba una maceta. Por mucho que le daba a las teclas invisibles de ahí no salía texto alguno así que volvía a barrer y a quitar el polvo.

Tal vez por eso tenía hoy el ánimo bastante a ras de tierra cuando he llegado a casa de la Patricia. El Jacobín tampoco tenía el suyo muy al alza, estaba sentado en una silla con los brazos cruzados, embutido en el uniforme del colegio como si fuera una camisa de fuerza, un dinosaurio enorme en la mano y dando patadas cerriles a la pared, primero con un pie y luego con el otro.

Por el camino hacia el colegio me he enterado del motivo de su disgusto, además del fin de sus vacaciones: ese dinosaurio que con tanta furia iba saltando de coche en coche y rugiendo a los viandantes a través de su voz, no era lo que él esperaba de los Reyes Magos. Él había pedido uno de verdad, de ahí su decepción con ese sucedáneo  de plástico. He intentado explicarle el concepto extinción pero creo que no lo ha entendido.

Mis esperanzas de elevarme la moral estaban puestas en la Esme pero resulta que ella también ha tenido una noche monótona, ha soñado que estaba dentro del quiosco , colocando una y otra vez y otra y otra y otra latas de refrescos en la máquina refrigeradora.

Pues estamos buenas, Esmeralda, ya ni en sueños dejamos de hacer lo que hacemos ni de ser lo que somos, le he dicho esperando hallar consuelo por el simple sistema de exponer y compartir el malestar.

No te preocupes, Eva, que nuestra suerte va a cambiar, me ha dicho ella infundiéndome ánimos. A peor, ha añadido a continuación desenfundiéndomelos.

Esme, maja, no me fastidies, que pareces el Toni, ¿desde cuándo eres tan pesimista y ceniza, acaso crees que estamos condenadas de por vida a seguir siendo lo de siempre: una chacha yo y una vendedora de quiosco tú?

Lo digo porque puede que pronto,  pero que muy pronto añoremos nuestros obsoletos oficios, en menos de nada nos sustituirán sendas máquinas y pasaremos a formar parte de los desahuciados por la tecnología. Pero para que veas que no soy como el Toni te voy a dar una salida antes de que la cuarta revolución industrial nos aplaste sin piedad. Busquemos nuevas profesiones, por ejemplo, ¿te apetece ser diseñadora de avatares o prefieres hacerte controladora de drones? Elige.

Bueno, es que ya puestos a soñar, preferiría dedicarme a algo más artístico, como mi jefa, a escribir, por ejemplo,  pero no en maceta.

“Ladrará la verdad el viento airado”, se pone mirando al horizonte de árboles invernales y echando vaho por la boca, ¿te ha gustado el inicio de esa poesía?

Lo que me faltaba, ahora también la Esme con las declamaciones a destiempo aunque tengo que reconocer y eso mismo he hecho, que los versos no estaban mal.

Pues que sepas que los ha escrito un robot, díselo a tu jefa para que se reinvente ella también. Menos mal que yo cuento con numerosas ventajas competitivas, soy persuasiva, tengo inteligencia emocional y capacidad de enseñar a otros. Suplantarme a mí una máquina, más quisieran, hombre…

Entonces, ¿qué hacemos, Esme? Estoy un poco asustada.

De momento, seguir soñando, tal vez en el siguiente sueño se nos ofrezca alguna revelación o pista onírica.

¿Y si no es así?

Ya se me ocurrirá algo, no me presiones tanto que es lunes. Vamos a visualizarnos como ingenieras robóticas, ¿te ves?

Pssss, tanto como verme…¿tú sí te ves?

Pero no me ha contestado, es lo que hace cuando no sabe por dónde salir. O sea, que estamos dinosaúricas perdidas, al borde mismito de la extinción laboral, vaya plan.

 

 

 

 

 

 

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