Familia de la cama de al lado

En la cama de al lado se instaló una familia entera, con su padre, su madre, su hijo, dos tías y un sobrino. Dentro de la cama se encontraba la madre, a la que acababan de operar, y a su alrededor se situaban como planetas girantes todos los demás.

Y vaya que si hacían ruido los planetas, no son silenciosos los planetas tías ni los planetas sobrinos ni el planeta hijo, algo más  el planeta marido y un poco dado a desorbitarse para salir a fumar. Pero por lo demás, un sistema de lo más pesado, ruidoso y molesto habitaba la cama de al lado.

Al otro lado de ese sistema planetario, separadas por una cortinilla que hacía de frontera y era tan artificial como todas las fronteras, sólo estábamos dos. Dos no llegan a constituir sistema ni familia, ¿qué eramos? No lo sé, tal vez la familia planetaria nos había clasificado de alguna manera pero lo más seguro es que solo fuésemos “las dos de la cama de al lado” o “esas dos”.

Nos quitaron una silla, pidiendo permiso, claro, pero nos la quitaron, lo cual ya suponía una victoria de sus recursos contra los nuestros. Después se entrometieron en nuestro espacio por el hueco que no tapaba la cortinilla y, sobre todo y, lo peor, nos invadieron los pensamientos. Como si a la fuerza nos hubieran puesto una película y tuviéramos que verla y oírla: la película de la familia pesada planetaria.

El que llevaba el papel protagonista era el hijo. Era guapo hasta  que hablaba y como hablaba mucho casi nunca era guapo. No era lo que decía sino la forma de decirlo, su voz destrozaba las frases y las hacía parecer idiotas. Después lo que se derrumbaba era su toda su belleza.  No quería oírle, ni a él ni a su primo, obsesionado con la ciudad de Oporto, “está toda rota, tío, no vayas”, “toda rota, toda vieja”, repetía a cada momento y el guapo se reía con una risa que era aún más apaga encantos que la voz.

Como la madre tenía hambre, las hermanas empezaron a relatar recetas de cocina para alimentarla con la imaginación. El padre emitía sonidos parecidos a los que hace alguien cuando come algo que le gusta mucho, el primo había dejado ya en paz a Oporto y le mostraba al otro sus nuevos tatuajes. Para no ver los tatuajes del primo, me puse a leer pero no conseguí pasar de la primera línea. La familia planetaria se había metido entre las frases, y por ellas se paseaban como si fueran amplias aceras, riendo, hablando y  contando su propia historia con mucha más fuerza que la historia escrita.

Cerré el libro, odiándolos. Puede que el hijo guapo se diera cuenta porque empezó a pedir silencio a los otros de vez en cuando. No se callaban y él hacía mucho ruido pidiendo silencio, pedía silencio muy ruidosamente. Ni siquiera me quedaba el recurso de mirar el cielo por la ventana porque la ventana estaba de su lado, en el nuestro solo había una pared con un cartel despegado en el que se leía, “no está permitido más de un acompañante por paciente”. Como estaba en nuestro lado, los planetarios debieron de pensar que no iba con ellos.

A mi acompañada no parecían molestarle, puede que se encontrara demasiado mal como para que le importara o que los analgésicos y sedantes que le habían puesto hicieran de barrera protectora. De vez en cuando abría los ojos, reconocía el lugar y a mí y se volvía a dormir. Mi odio por la familia invasora crecía por momentos y se unía al aburrimiento, a la incomodidad y a la angustia.

Hasta que por una rendija de la cortina frontera se coló la mirada de Conchi, la madre. Era una mirada simpática y buena, compasiva.  Entendí al momento que era el nexo de unión de todos los planetas y que si desparecía ella, el sistema se desintegraría. Ahora ya no podía odiar a su hijo, ni a sus hermanas dadoras de recetas ni a su marido fumador  ni al sobrino de cuerpo ultra tatuado.

Además, comprendí que estaban nerviosos y que por eso se aglomeraban y hablaban y hablaban. Que sus palabras eran una estrategia para protegerse y protegerla a ella de la enfermedad y el miedo. Nosotras dos no teníamos estrategia y me sentí sola y con ganas de unirme al grupo. Estuve a punto de contarles alguna receta o de decir “Oporto qué rota y qué vieja”, para integrarme, pero salí al pasillo a dar vueltas.

En el pasillo un hombre lloraba y dos mujeres le intentaban convencer de que se comiera un azucarillo. “Yo siempre llevo uno en el bolso por si me mareo”, decía una de ellas. Pero el que lloraba sabía que eso no valía de nada y solo decía, sonándose los mocos “solo quiero  irme a casa para poder llorar a gusto,estar con mi música y mis libros,  ojalá tuviera perros y gatos”.

Volví corriendo al cuarto a refugiarme con los planetarios, a que me echaran encima sus palabras como una manta,  ahora me alegraba mucho de que se hubieran instalado en la cama de al lado.

Mira, tío, dijo el primo, “en este hueco del antebrazo me voy a poner dos guitarras”. Con las patatas panaderas queda buenísimo, dijo una de las hermanas rebanando el aire y el padre hizo ummmmm.

Anuncios

37 comentarios en “Familia de la cama de al lado

  1. El otro día vi en programa de Iker Jiménez el extraño caso de un hombre que asegura haber visto un gitano en Urgencias esperando solo.
    ¿No lo habrás visto tú? porque nos forramos 🙂

    1. En realidad eran insoportables pero acabé tomándoles cierto cariño y me sirvieron de evasión.
      Pero Forlán no sé yo la que te tendría preparada a tu vuelta 😉

  2. Estando una vez de visita en el hospital, llego a visitar a un chico que estaba en la cama de al lado su novia y se metió en la cama con él, pero meterse de meterse, no sentarse, asi que yo ya me lo creo todo… menos lo del gitano solo esperando en urgencias, eso es una leyenda urbana.

  3. Ufff yo no hubiera soportado a la familia planetaria,seguro.
    Me ha gustado tu manera de contarlo,pero me ha recorrido un escalofrío con el tema…

    Besos solitarios.

    1. Es que en los hospitales no se pasa bien y se viven y se ven escenas duras, pero también es muy fácil crear lazos, hasta con las familias planetarias inaguantables.
      Yo también prefiero la soledad, casi siempre.
      Besos

  4. No soporto esos jolgorios en los hospitales. Son demasiados planetas haciendo ruido y molestando a los de la cama de al lado, los sufrí muchas veces y no soy tan considerada con ellos como tú, es cuestión de dosis, aunque entiendo que una familia se desmiembre con la desaparición de una madre.

    1. Yo tampoco lo aguanto y me parece mal, pero en este caso y no sé muy bien ni por qué, por la madre que me cayó bien y me dio pena o porque estaba agobiada y veía situaciones tristes, consiguieron distraerme.
      Pero sí, lo normal es que resulte insoportable si te toca un patrullón de esos al lado.

  5. No sé si es falta de presupuesto o humanidad el compartir habitación. Los que hemos comoartido meses de hospital creamos lazos y comprensión. Anima egoístamente que no estás solo y que joder… Podría ser peor

    1. No es muy agradable esa falta de intimidad, pero a veces acabas cogiendo cariño al de al lado, aunque solo sea porque estás en una situación parecida y lo comprendes.
      Pues siento que hayas estado meses, no se pasa nada bien.
      Besos, Margui.

      1. Se llama empatizar.
        Fue hace mucho ya.. Mi madre pasó largas temporadas y casi sentías como famia a los compañeros. Además su enfermedad era reducida e reincidente y volvías a coincidir casi dos por tres con las mismas personas. Sentías alegría por encontrarte y pena a la vez por el motivo…

  6. Hola Paloma, guapa. Ya de nuevo por aquí 😉
    A mi me ha encantado tu familia planetaria. Es bonito que te arropen así… aunque sea por un instante.
    Besetes, mi niña.

  7. Odio a esas familias en los hospitales. Yo soy de la clase sargento y aviso tres veces: la primera con educación, la segunda con un poco de mala leche y la tercera golpeando con el libro en la cabeza. Por suerte (o no lo has mencionado), no tenían la tele puesta, porque este tipo de gente la tiene de fondo para alborotar mas. Grrrrrrrrrrrrrrrrr, los homines tumultu son una de las peores especies de la Tierra 😀 😀 😀

    1. No, le tele no la tenían, con ellos mismos se bastaban.” Homines tumulto”,también muy bueno 🙂
      Pero yo a esta familia la acabé queriendo, extraño pero así fue.

  8. Tu humor tan compasivo Palomita
    Me ha encantado
    Lo vivi varias veces con mi mama internada de urgencias y siendo yo en ese entonces muy popular..soy muy paciente…fue un infierno. Gracias por tu humor

  9. Siento que lo pasaras mal, Edda, no te dejarían en paz.
    En los hospitales se viven muchas situaciones trágicas pero también muy cómicas. La vida misma.
    Gracias a ti por la lectura.
    Un beso muy grande.

  10. Muy bueno, me ha encantado. Me ha recordado, en menor medida, unos días que mi madre estuvo ingresada y los de la cortinilla de al lado eran más y hablaban bastante, pero no al nivel bestia que explicas en el relato. He pasado de sonreír y reirme…
    “Su voz destrozaba las frases y las hacía parecer idiotas” es buenísima, insuperable.
    …a ponerme triste, imaginarme la historia y sentir cosas más serias e íntimas…
    “Era el nexo de unión de todos los planetas y que si desparecía ella, el sistema se desintegraría.”
    “Estaban nerviosos y que por eso se aglomeraban y hablaban y hablaban. Que sus palabras eran una estrategia para protegerse y protegerla a ella de la enfermedad y el miedo.”
    Has puesto el dedo en dos llagas muy dolorosas y verdaderas. Es que en mi familia hay cosas que no acaban de funcionar como deberían y me he puesto a pensar en lo que inevitablemente vendrá. Pero el relato está muy bien, refleja muchas verdades.

  11. De verdad que el hijo hacía algo muy raro con el lenguaje, jajajaja.
    Ya me acuerdo que me comentaste algo en Navidad. En las familias pasa de todo y no siempre es bueno, creo que es bastante normal pero no por eso se deja de pasar mal cuando te toca.
    Me alegro de que te haya gustado el relato.
    Besos

    1. Estupendo relato, tienes un mundo entero en tu cabeza, lleno de planetas , estrellas y agujeros de esos que te atrapan y te llevan a otra dimensión….Me alegro de haberte conocido por Raúl y aquel de cuyo nombre no llego a acordarme y que el si…Sin duda has hablado de lo solos que estamos y que en el fondo incluso un hospital es un lugar de encuentro de esas soledades…Desde aquellos que hacen de la calle una prolongacion de su casa y no conoce n el verbo empatizar,hasta los que se consuelan con convertir esas sábana s en un cine por el que transcurren todos esas estrellas o planetas para llenar ese silencio planetario…..Yo también tuve una experiencia parecida , la semana que pase en el hospital cuando nació mi hija y que sirvió para conocer un poco más a toda esa invasión de cuerpos que rodeaban a las mamás…..Sin duda hubiésemos preferido no compartir otras historias pero cuando veo los de Jos de mi hija y su risa estoy feliz de haber compartido con otras familias ese sistema sanitario tan vapuleado últimamente…Saludos sonoros desde otro planeta

      1. Muchas gracias por tu comentario, tan largo y tan bonito. Y por la lectura.
        En los hospitales se vive todo con mucha intensidad, lo bueno y lo malo,son una fuente inagotable de historias humanas aunque mejor no tener que visitarlos mucho.
        El nacimiento de un hijo es un buen motivo, un motivo alegre, para estar en uno.

  12. Tantas historias que se ven en los hospitales. Supongo que allí te llenaste de ellas con esa sensibilidad que tienes. Espero que tu enfermita se haya mejorado. Un beso, mi reina.

  13. El último recuerdo de una habitación de hospital lo tuve hace poco. Yo era el único satélite del planeta yacente. Ya previne a los de la otra cama:
    -Es que la pobre tiene demencia senil.
    Y luego a mi planeta:
    -Estate tranquila y no des gritos. Quieta, mujer, quieta.
    Mi planeta dijo:
    -¿Quieta yo?, ¡la Carmen no se queda quiete ni muerta! ¡A mi no me sujeta ni Dios!- dijo chillando a grandes voces agudísimas, que es lo que vienen a venir siendo los chillidos.
    Para no cansar, no describo la noche. A la mañana siguiente nos cambiaron de habitación (bueno hubo tales quejas que nos echaron).
    A llegar a la otra habitación con mi planeta, yo, como buen satélite, dije:
    -Es que la pobre tiene demencia senil (Y, para mí, pensé a ver cuánto duramos en ésta)
    No tuve tiempo de confraternizar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s