Casa abandonada

La casa del pueblo de mis abuelos estaba situada en un camino en cuesta con más casas del mismo estilo a cada lado. Al final  había un llano con rocas y zarzas donde muchas tardes subíamos a jugar. Desde ahí, subiendo un poco más, serpenteaba otro camino que terminaba en una puerta pequeña de metal. Solo con empujarla se entraba directamente al  monte. Una vez que pasábamos al otro lado siempre corríamos y gritábamos bastante exaltados hasta que se nos pasaba el efecto libertario que daban los pinos.

En ese segundo camino también había viviendas pero no tan juntas, se separaban cada vez más y más como si a medida que nos acercáramos al monte se fuera extinguiendo la vida civilizada. Una de ellas estaba deshabitada pero sus dueños, como querían venderla, habían contratado dos tardes a la semana a un señor muy viejo, llamado Aristóbulo, para que con un rastrillo oxidado y una carretilla más oxidada todavía, peinara la tierra, recogiese las hojas y piñas y mantuviera un cierto orden.

Impresiona bastante observar la gran capacidad que tiene el caos para adueñarse de todo si no se le pone freno y la velocidad a la que trabaja enmarañando, revolviendo, desdibujando y a la vez creando nuevas formas.  Por mucho que el viejo de Aristóbulo trataba cada dos tardes de que aquello no se le desmandase, aquello, el jardín de esa casa que no estaba ya habitada, se había declarado en rebeldía y crecía y se desarrollaba como le daba la gana.

Cuando pasábamos por delante nos parábamos un rato a saludarle y así mirábamos la casa más de cerca. Era un poco lúgubre, con dos cipreses pegados a los muros como si fueran los soldados guardianes, por una de las ventanas de la planta baja se veía una biblioteca  y una escalera. Cada día teníamos más ganas de entrar, sobre todo mi hermana que era muy partidaria de todo lo que estuviera prohibido y fuera ligeramente peligroso. Hablábamos mucho de la casa abandonada y de cuál sería la mejor hora de hacer una expedición exploratoria.

Una tarde a las cuatro, mientras todos veían amodorrados la tele o dormían la siesta, nos escapamos las dos y  uno de mis hermanos medianos. Mis hermanos iban muy decididos a saltar la valla, yo no tanto porque era patosa y estaba segura de que me iba a caer pero no hizo falta, la puerta no estaba cerrada, Aristóbulo se había olvidado de echar el candado. De todas formas, mi hermana entró saltando la valla para que no se le estropeara la aventura. También estaba abierta una de las ventanas de la planta baja por lo que pudimos entrar en la casa con toda facilidad.

Pasamos muy nerviosos de un cuarto a otro apretándonos los brazos y parándonos un poco ante cada puerta. En realidad, la casa no tenía ningún misterio, quedaban algunos muebles, tan abandonados como ella, trozos de papel pintado levantado, manchas de humedad y la biblioteca que se veía desde fuera con una colección de libros de la editorial Austral muy amarillentos.

Solo nos quedaba entrar en el cuarto del fondo y aunque seguíamos fingiendo que nos daba miedo y que aquello era de lo más interesante, en realidad ya nos estábamos aburriendo. En ese cuarto había solo una mesa y encima un barreño. Al acercarnos a mirar vimos una escena repugnante y que durante mucho tiempo me ha perseguido, atormentándome: muchas ratas muertas flotando en una especie de miel o de líquido viscoso. Salimos corriendo de la casa abandonada y se nos quitaron las ganas de nuevos allanamientos.

Debimos de dejar alguna huella de nuestro paso por la casa porque Aristóbulo, cada vez que nos veía pasar por delante, en dirección al monte, se reía astutamente masticando un palillo y apoyado en el rastrillo decía,” ¿qué?, tunantes,  ¿os asustaron las ratinas?”

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38 comentarios en “Casa abandonada

  1. Esto me recuerda un chalet enorme que había de camino a casa viniendo del colegio. Estaba abandonado y como muy bien describes la naturaleza en su estado más salvaje se había apoderado de todo. Un día a alguien se le ocurrió saltar el muro e investigar. Con más miedo que siete viejas pasamos al interior y nos quedamos flipando con los enormes jardines, las fuentes con estatuas, unas decapitadas, otras sin brazos y algunas directamente en el suelo. También había una enorme cochera, sin coches pero aún se podían adivinar restos de aceite y alguna que otra herramienta oxidada.
    Pero lo guay era entrar en la enorme casa. En fila india nos adentramos en la entrada y comenzamos a subir las escaleras. Como siempre tiene que haber un gracioso, no se quién empezó a decir que si ahí dormían mendigos y comían ratas y gatos. En esto que escuchamos un ruido y salimos pitando sin hacer caso a la estatuas decapitadas, ni a los jardines ni a nada, Hasta creo que saltamos el muro sin tocarlo.
    Al día siguiente contamos nuestra aventura en el cole, eso si omitiendo los detalles más humillantes jajajaja.

    Un saludo Eva.

    1. Me ha encantado tu historia, eso de las estatuas decapitadas, sin brazos, tiradas por el suelo como después de una guerra. Las cocheras sin coches….vamos, que te tenía que haber consultado antes para añadirle misterio a la mía. Nuestra casa no era tan intrigante.
      Eso sí, salimos corriendo igual, jajaja.

      1. Hoy los jardines de esa son un parque. Se ha conservado alguna construcción, como unas jaulas enormes para aves, pero han desaparecido las estatuas. Los senderos supongo que serán los mismos, y los árboles centenarios dan sombra a las cuidadoras de Jacobines jajaja.

  2. Vaya con Aristóbulo…y sus ratitas en salsa…
    Yo cuando era jovencita estuve en un rodaje en un cementerio…allí tan pancha…que si la sala con mesas de mármol para los muertos,que si los panteones…si llega a ser ahora,salgo de allí escopetada!

    Tu hermana era balilla eh,como la mía!
    ; )

    Besos muahahaha

    1. Estarías pensando en otras cosas que no tenían nada que ver con los muertos ni con lo fúnebre.
      Es lo que tiene ser muy joven, ¿y tú actúabas? Te pega mucho.
      Besos

      1. Era jovencita y la muerte la veía como algo tan lejano…

        Sí,actuaba.
        Pero fue la única vez,aquello no era lo mío…jajajajjaja

  3. Desde luego, la historia contada por Salva se parece en buena medida a la tuya. Pues Aristóbulo…tremendo nombre, y jamás lo había oído, y desde luego era listo el hombre, o muy observador. Esto de la rapidez cómo el caos o la naturaleza salvaje se adueña de un entorno abandonado me ha hecho pensar en el concepto de entropía, algo que siempre me llamó la atención y un día investigué qué narices era. Ahora no quiero dármelas de intelectual. La entropía se usa en ciencias, de hecho tiene unas fórmulas, pero hace más referencia a conceptos de la termodinámica y digamos que transferencia de energías, por ejemplo entre cuerpos fríos y calientes. Pero es fascinante porque guarda cierta relación con el concepto de desorden. La wikipedia nos dice:
    “Coloquialmente, suele considerarse que la entropía es el desorden de un sistema, es decir, su grado de homogeneidad. Un ejemplo doméstico sería el de lanzar un vaso de cristal al suelo: tenderá a romperse y a esparcirse, mientras que jamás será posible que, lanzando trozos de cristal, se construya un vaso por sí solo.”
    Bueno, me estoy enrollando, lo que quería decir básicamente es que el universo parece tender al caos constantemente, al desorden de los sistemas y la mezcla de elementos, aunque paradójicamente veamos armonía también en la naturaleza. Y ese monte salvaje comiéndose la casa es un buen ejemplo. Del caos, no de la armonía. Ese jardín parecía un peinado muy rebelde de peinar. Y ese anciano intentaba peinarlo con un rastrillo oxidado.

    1. Aristóbulo es un nombre de origen griego, lo que no sé es por qué lo llevaba un hombre de un pueblo castellano.
      Yo también he leído algo acerca de la entropía, si tú eres intelectual pues yo lo mismo, hala.
      Ahora en serio, me interesa el tema. En realidad nos pasamos la vida luchando contra sus efectos y tratando de mantenerla a raya y siempre nos gana.
      Me gusta la observación final de tu comentario.
      Besos

  4. Nombre griego…es interesante. Menudo rollazo que te he pegado con la entropía, aunque sí que es interesante. De hecho hoy he estado pensando un rato en el tema. En la naturaleza, el caos, el desorden, etc. Los científicos también se interesan en todo esto al enfocar el cosmos, las galaxias, y también la materia y las partículas. El ejemplo que has puesto de un bosque, o una jungla, creciendo sin control es muy bueno. También un buen ejemplo son los océanos con su fuerza desatada, y en realidad todo el ciclo de la naturaleza del agua -mares, evaporación, lluvia, borrascas, etc- es un ejemplo curioso de sistemas que se desordenan sin parar y al mismo tiempo buscan una compensación y un equilibrio, es cuestión de causas y efectos, de caos y armonía al mismo tiempo. ¿Es caos una tormenta o un huracán, o solo lo vemos así porque causa perjuicios al ser humano? ¿O un terremoto, movimiento compensatorio en definitiva de las placas tectónicas?
    Y después pensé en plan de broma: “El peinado indomable de la naturaleza y el rastrillo oxidado”. Próximamente en todas las librerías. O…”El peinado entrópico y el rastrillo de Aristóbulo”. Me parecen títulos chulos.

  5. No hubo casa abandonada en mi infancia pero si un corralon con su caballo.Pertenecia a la panaderia que mis padres habian comprado Dejaban de ser obreros y pasaban a ser industriales panaderos Yo tendria 7 años, mi hermana 11, pero siempre fue sensata..Yo no, me habian aconsejado, ordenado mejor dicho, que no me acercara al caballo, yo no es que fuera desobediente sino que era exploradora…me acerque por atras y el caballo me pego un tremendo patadon…LLore pero no dije nada.Eso si, a un caballo por atras no me acerque nunca mas. Mi hermana se rio mucho cuando se lo contaron…como yo hace diez años cuando el caballo la tiro de culo…

  6. Foto de promocion de una funcion, bah , fueron dos.El director, un delirante tanto que a la segunda me perdio …me fuiiiiiiii….. es del 2011 la foto, muy buena para mi gusto .

  7. Con unos diez años, a mis tíos les dejaron un par de veranos una casa en Llanes, um antiguo palacete, a cambio de arreglarlo un poco, pues estaba hecho una mierda. En el jardín había una pequeña casita, en la wue nos contaron que el músico de la familia practicaba. Nos prohibieron entrar, era peligroso pues no sabíamos el estado.
    Pasamos el mes de julio mirando la casa… Era nuestro destino, sino entrábamos habríamos sucumbido al miedo… Lo hicimos jajaja éramos ocho cabezas pensantes Jahsha….
    Nos calló la del pulpo pero él hallazgo fue la leche… Toda la casa llena de partituras antiguas…
    No sé porque dejamos como basura tantas cosas que tenemos
    Besos

    1. Ayyyy, un precioso relato dentro del comentario.
      Yo también hubiera entrado, basta que algo sea secreto o esté prohibido para que caigas en la tentación.
      Besos, Margui.

  8. Contrasta mucho lo de las ratas con el detalle de los dos cipreses.
    ¿Sabías que los cipreses se plantaban junto a las casas para indicar bienvenida a los extraños?
    Solían plantarse de uno a tres, como las estrellas de los hoteles, y si había tres siempre serías bienvenido.
    Eran antiguos signos de hospitalidad que se han perdido con el tiempo y que hoy no se llevan y muy pocos, si se llevaran, podrían interpretar.
    Por eso contrasta el amable símbolo de los dos cipreses que plantaron los antiguos dueños con lo que dejó dentro el cabroncete del viejo.

    1. No conocía ese simbolismo de los cipreses, pues es bonito. Las ratas no nos las puso a nosotros, era una trampa para atraparlas pero él sabía que nos las íbamos a encontrar. Cabroncete igualmente.

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