Día: 25 enero, 2017

Sombras se ciernen

Digo yo esta mañana a modo de saludo normal para ir tirando: buenos días, Esme, qué frío hace, ¿verdad?.

Las sombras del día se ciernen sobre árboles y quioscos, me responde ella, bastante paranormal.

Más me ha parecido un recitativo del Toni que un saludo suyo porque sin saber exactamente qué significa cernir, me he imaginado que algo bueno no sería, viniendo como viene de unas sombras.

Anda, maja, sí que estás animada esta mañana, ¿se puede saber a qué sombras te refieres y por qué les ha dado por cernirse?

Tranqui, que no me refiero a nada. Es que leí ayer en un libro una frase que decía así, “las sombras de la noche se cernían sobre arbustos y campos” y no veía el momento de soltarla adaptada a mi entorno. Es verdad que con un día de sol como el de hoy no pega mucho, me tendría que haber esperado a la noche, pero no he podido. Ha sido verte y tenerla que decir.

Mucha gracia no me hace que mi presencia te recuerde a las sombras cerniciosas, sea lo que sea eso, más me gustaría ser para ti un ser luminoso. Y dime, ¿has pensado algo para entretenernos que no sea de gastar dinero si no todo lo contrario?

No, por ahora, no, pero no te preocupes, estoy en marcha por dentro, haremos como los almendros y, en breve, floreceremos. Tengo en mente unos cuantos emprendimientos a cual más imposible. Lo posible no me gusta, qué le vamos a hacer.

Huy, qué bien, eso me apetece, es que estoy un poco aburrida y tengo ganas de florecimientos, emprendimientos, advenimientos  y otras chorradas por el estilo. Y hablando de sombras, por ahí viene tu hija. No te escondas detrás del árbol que ya te ha visto.

Me debes dinero, salta la Anais  cerniéndose sobre su madre de muy mala manera.

¿Yo?, ¿de qué?, ¿no será al revés?

Del inglés, aclara la muchacha sin dejar de menear la cabeza al compás de la música que le sale de los auriculares. Aunque no haya ido hay que pagar igual. Date prisa que he quedado en la estatua del demonio con unas amigas.

Y se ha largado sin decir adiós y moviendo la cabeza como si llevara un cencerro colgado del cuello, dejando a la Esme con una cara de lo más sombría y cien euros menos.

Venga, Esme, que no te de el bajón  y recuerda las flores del almendro que están al caer, o al brotar, pongamos en ellas todas nuestras esperanzas.

“Fueron mis esperanzas como el almendro, florecieron temprano, cayeron presto”, va y me dice. He creído que  esa frase también la  había leído ayer,antes o después de la de las sombras,  tenía pinta de ser del mismo simpático autor. Pero no, ya me ha aclarado ella que se trata de una coplilla popular.

Pues vaya con las coplillas agoreras, qué poco me gustan.

 

 

 

 

 

 

 

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