Piedras

Un verano mis hermanos y mis primos decidieron montar una tienda para ganar dinero. Se les ocurrió que podíamos vender piedras, dado que era lo que teníamos más a mano. Las recolectábamos en la falda del monte, justo al lado de  un arroyo. Una de esas mañanas en las que estábamos haciéndonos con mercancía para el futuro negocio, escuché por primera vez la palabra “puta” y pregunté qué quería decir. Se quedaron callados mirándose entre ellos y uno de mis primos me puso en la mano una piedra plana, grande y lisa y me explicó:”puta es un tipo de piedra, esta, por ejemplo. Todas las que veas así son putas”. Me lo creí.

Seguimos recogiendo piedras, sobre todo grandes, planas y lisas porque el plan era pintarlas con acuarelas.  Lo tenían todo muy planificado, también el lugar donde íbamos a poner el negocio, al final de la calle, en el único sitio que no estaba en cuesta. La cuestión era que por allí no pasaba nadie: algún perro, un camión conducido por un gordo que vendía fruta una vez a la semana  y muy de vez en cuando un cartero en moto del que estaban un poco enamoradas mis primas y mis hermanas. Pero que no fuera una zona comercial no les pareció importante, a mí menos. Yo seguía todas sus iniciativas, a veces con entusiasmo y otras a la fuerza, porque no me quedaba más remedio que participar. Esa de la tienda me gustó en un principio.

Cuando ya tuvimos suficientes piedras pintadas las colocamos en el suelo,sobre un mantel, y nos sentamos en  unas rocas a esperar clientes. Más que tenderos, éramos manteros. Mirábamos con un poco de nerviosismo la cuesta por si por el fondo, abajo, veíamos la silueta de algún comprador. Nadie.Después de esperar bastante rato vimos subir muy despacio al vecino de la última casa, Avelino el tuerto, con su parche de pirata y su bolsa del pan. Dimos unos cuantos saltos tribales para llamar su atención pero él, que nunca nos saludaba porque le caíamos mal, no se apartó de su camino y se metió en su casa. Después de Avelino, otra vez la nada. Un conejo salió dando saltos  de un matorral.

Nos aburríamos todos pero ninguno lo quería reconocer y mucho menos desistir a la primera dificultad. El caso es que se fueron dispersando todos con las excusas más variadas y me dejaron de encargada de la tienda solitaria. Estaba deseando irme también,  el tenderete estaba colocado a pleno sol y la diversión de observar cómo las hormigas troceaban un escarabajo   y lo iban llevando por partes hacia su hormiguero ya empezaba a agotarse. Para fastidiarlas les iba poniendo  unos palitos por delante a modo de obstáculos, pero también eso terminó por aburrirme. Estaba ya a punto de abandonar cuando apareció por la cuesta una vespino roja y a lomos de la misma el cartero.

Se bajó de la moto, se paró delante del tenderete, miró las piedras como si de verdad le interesaran y me compró una pintada de rojo y verde que se guardó en la saca de las cartas. No entendía como ese hombre viejo de unos veinticinco años podía gustarles a mis hermanas y primas por muchos ojos azules que tuviera y por muy simpático que fuera, pero eso era otra cuestión. Lo importante es que había vendido una piedra, la primera y,  una vez roto el maleficio, aquello iba a ser el no parar de ventas.

Bajé corriendo la cuesta mirando un poco hacia atrás no fuera a presentarse otro comprador, una muchedumbre de compradores deseosos de tener piedras pintadas, entré en la casa muy sofocada y anuncié a gritos que había vendido una piedra. Mi madre, que estaba tendiendo la ropa dijo “qué bien” sujetando una pinza con la boca y en su estilo de poco interés. Para precisar un poco  y que me hiciera más caso, añadí, “era de las putas”. Me cayó un bofetón inmisericorde. Cuando me recuperé de la sorpresa escuché las risas de los otros.

En ese momento decidí que abandonaría a mi familia para siempre aunque todavía no sabía cómo. Volví al tenderete con la esperanza de ganar dinero para poderme marchar de esa casa odiosa cuanto antes. Otro conejo salió de debajo de una zarza, o a lo mejor era el mismo, las chicharras hacían ese ruido característico del verano, de repente se paraban, cogían fuerzas, volvían a tocar su áspero instrumental, descansaban,volvían,  las hormigas ya habían descuartizado por entero al escarabajo y ahora llevaban  trocitos de espiga, el camino se ondulaba y reverberaba bajo el sol.

La vida era verdaderamente asquerosa, horrible y sin esperanzas. Iba a llorar pero  apareció Negro Quinto, el perro de tío viejo y tía vieja, venía de una de sus parrandas por el monte y llevaba una oreja ensangrentada. Se sentó a mi lado, muy quieto, me puso la cabeza en las rodillas, como si me comprendiera.

 

 

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51 comentarios en “Piedras

  1. Pues es un nicho de negocio por explorar, seguro que lo de pintar huevos de pascua empezó de forma parecida. Sobre lo de puta prefiero no pronunciarme… dejémoslo correr… aunque pensándolo bien todas las piedras pueden llegar a ser putas… aquella puta piedra con la que tropecé, aquella puta piedra que me tiraron, me saltó una puta piedra al parabrisas del coche… mejor no sigo 🙂

  2. El negocio no parece mal, vender lo que ya tienes pero con una nota de color, claro que el “ojo” comercial debe ir ajustándose ¿no?
    De lo gracioso… ni hablamos

    Un beso

    1. Eso de poner una tienda creo que lo han hecho casi todos los niños alguna vez, pero con tan poca visión comercial no sé, jajaja, no pasaba nadie por ahí.
      Un beso, Ilduara.

  3. Un relato lleno de vida. Me ha traído muchos recuerdos, quién no montó esta clase de negocios. Los míos eran más del tipo masajes a treinta pesetas y lavar coches por cincuenta. Pesetero, intrusismo laboral y autónomo. Apuntaba maneras pero por suerte sólo fue una etapa. Gracias por compartir un relato tan lleno de vidas, como siempre!

  4. Aysss ora vez me has tocado la fibra…mi hermana y yo pusimos una tienda de conchas de playa.
    Y a mí que me daba pena desprenderme de casi todas…qué desastre de negocio!

    Me ha encantado.
    Besos.

  5. Me hiciste reír y recordar tiendas de pulseras de abalorios, otra de cubos de madera, pintados, como los de Llanes (la plantamos allí, al lado del puerto), tuvieron bastante éxito.
    Pero la tienda más ‘caradura’ que he visto, fue la que montó un primo mío con zumo de aceitunas (que no era el zumo, sino el jugo, o como se diga, que se encuentra en las aceitunas de lata).
    Nos daba un vasito diminuto (como un dedal) y nos cobraba ¡una peseta! Decía: “Ummmm, qué bueno está”, con cara de éxtasis, y nosotros, como tontos, le hacíamos caso. Sabía fatal..

    Genial.
    He leído los anteriores, Lucrecia y Analisa me encantan.. Esas personas me producen mucha ternura.
    :).

    Un beso, Paloma.
    Me ha encantado, como siempre.

    1. ¡Qué bueno lo del zumo de aceitunas!, Jajajaja, qué morro y con cara de éxtasis, claro, hay que saber vender los productos.
      Muy emprendedores también vosotros, los cubos de colores al lado de los de verdad están pero que muy bien pensados.
      Un besazo, Rosa y muchas gracias por las lecturas.

  6. Pues vaya historia, increíble como siempre. Tu infancia un verdader filón de anécdotas, situaciones, personajes…Poner una tienda, sí, algo muy típico de los juegos de niños.
    Y por supuesto…jajaja, puta piedra. Y cómo me he reído, lo siento por el bofetón que te llevaste, cuando especificaste que era una piedra puta. Las terribles consecuencias del engaño y la mentira. Por fin he entendido la relación entre el sexo y el “pasarse a alguien por la piedra.”
    El cartero, la moto, la piedra roja y verde…me bullen mil ideas. ¿Llegaste a averiguar para qué quería en concreto esa piedra? Porque son casi los colores de un semáforo, o los del libre/prohibido o el correcto/incorrecto.
    Y encima acabas con un toque absolutamente siniestro, a lo Blue Velvet: El perro con la oreja ensangrentada. ¿Te das cuenta?
    El que me ha decepcionado mucho es el conejo. Creí que os iba a comprar algo.

  7. Me alegro de que te hayas reído, lo peor no fue el bofetón , fueron las risas acompañantes, eso sí que humilla.
    El cartero supongo que elegiría la piedra al azar, pero, no sé, lo mismo sí hay un significado, igual que la oreja ensangrentada, es que era un perro muy broncas y solía salir malherido de sus correrías. Pero me gusta ese misterio que le añades tú.
    El conejo un tacaño, desde luego, lo mismo que las hormigas, mira que no comprarnos nada….

    1. Vaya, tu observación me hace darme cuenta de que asumí quizá erróneamente que era una oreja humana. No lo era, ¿verdad? Debía ser de otro perro. digo yo -o del conejo, por agarrao-. Es que curiosamente creo que el día anterior me pasé por la web de Diccineario, la web de antoniomartingarcia, uno de los blogueros más presentes en los blogs musicales y en el de Raúl, y leí una crónica de la peli de Lynch. Hace siglos que la vi y me inquietó mucho. Me habrá influenciado esa lectura y de ahí conecté con el perro y su macabro trofeo. Y tienes razón y la tiene Margui, muchas veces las hostias duelen más en el orgullo.

  8. Tienes una manera de escribir limpia y divertida, un gustazo para todos los afortunados que hemos llegado hasta tu blog. El negocio de las putas siempre ha sido un buen negocio … Saludos.

  9. Yo creó que es una versión de Alicia en el País de las Maravillas con conejo incluido,que no tiene tiempo ; el de la moto debía ser el sombrerero loco que le caíste bien,negro quinto era parte del ajedrez y los tíos viejos otros personajes…es curioso como algunas palabras aparecen y se perpetúan en la memoria ami me pasó con la palabra aborto que los de mi generación utilizábamos para agredirnos verbalmente, sin saber su significado ya que eran temas que los adultos conocían pero no se atrevían a explicarnos,como el de las putas piedras o el misterio de las tortilleras, los palomos cojos….
    mi hija monta tenderetes en el pasillo y te vende las mejores sonrisas,rodeada de cachivaches,canicas,pelotas y billetes de monopoly…..genial

    1. Menos mal que no me hice grande y pequeña como en el cuento de Alicia porque eso siempre me ha parecido angustioso y que no apareció la reina corta-cabezas.
      Me imagino a tu hija en mitad del pasillo 🙂

  10. Me haces recordar cuando encerré a mi hermanita en un refrigerador con un paquete de crayolas y una linterna, sellé la caja con cinta adesiva de la color canela y la abandone durante siete horas.
    Los hermanos mayores podemos ser cretinos.

  11. Jajaja…ay Dios, al leer “llevaba una oreja ensangrentada” pensé “sujetándola en la boca”. O sea, una oreja ajena. Fijo, mucha imaginación y la culpa es de Blue Velvet y de esa crónica recién leída.

    1. Muchas gracias. Me alegro si te gustó. A mí también me gustan tus breves de cada día aunque todavía no tengo muy localizados a los personajes. Me hacen gracia los nombres: Madreselva, Osobueno…

  12. Me parecio ver a mis hijos, un verano en la costa ,vendiendo ilusiones, pedacitos de infancia, el mas chico siguio hasta sus 17 …es muy muchipersona, teatrero. escutor, dibujante, escenografo, tatuador ,cocinero…cuando tenia año y medio se hizo bastante popular representado por mi ,: Gustavo , el Tereeeeemendoo
    Comparto

  13. Descubrí la palabra PUTA escrita en las paredes de mi infancia. Cuando aprendí a deletrear e iba deletreando e intentando leer todo lo que veía. Como leía en las paredes PUTA y no sabía lo que significaba, un día le pregunté a mi padre. Mi padre me dijo que eso no se podía decir ni escribir porque la policía podía detenerme. Le creí pero al poco tiempo insistí.
    -Papá qué significa PUTA.
    -Calla hijo, no digas eso. Es el Partido Unificado de los Trabajadores Alcarreños y, como son muy rojos, Franco no se lo deja decir a nadie.
    -Ah.
    (Mi padre toda la vida fue en cachondo)

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