Día: 9 febrero, 2017

De la ciencia a la conciencia

Madre mía el Toni, qué malos humores desprende por las mañanas, solo le falta expulsar fuego por la boca cual dragón de los suburbios. Digo, hijo, Toni, alegra el careto que parece que en vez de ir a currar vas a hacerte el harakiri.

Lo preferiría, va y me contesta con el entrecejo más fruncido que ojos humanos hayan podido contemplar.

Le gusta mucho exagerar, eso de siempre, por eso no le hago caso, eso de siempre también. Anda, majo, no te hagas tanto la víctima que todos tenemos nuestras esclavitudes diarias. Yo tengo que aguantar a la Patricia y pasar la mopa por unos pasillos que no se terminan nunca y cuidar de dos niños que a veces se ponen muy pesados y lloran y portan virus altamente contagiosos.

Por lo menos a ti no te hacen fusionar y maridar, me dice. Creía yo que el Manolo era inmune a esas tonterías  y que íbamos a seguir siendo un ejemplo típico de cutre bar español donde la gente se acoda en la barra y ante una tapa de torreznos y otra de bravas pasadas de fecha, arregla el mundo y el fútbol. Un bar donde se habla de Trump, de lo ladrones que son todos los políticos, de los malos arbitrajes. Con eso ya tenía más que suficiente para odiar al ser humano pero no, todo puede empeorar y así ha sido, ha empeorado.

Pues a ver, a mí no me parece mal que os modernicéis un poco, si tú mismo estabas criticando lo de antes. El Manolo quiere innovar  el negocio porque ha visto que con eso va a ganar clientela, es sagaz.

Es humillante, me siento ridículo, se me pone sacando parte de su vena trágica, solo parte, menos mal.Tengo que ir por las mesas con una ensaladilla rusa a la que previamente hemos rociado de wasabi y explicar que está elaborada con productos de la huerta almeriense- mentira, lo compra en ¡Ay madre, la fruta!- fusionada con esencias orientales. A la tortilla de patata la recubre de pétalos de flores por encima, me temo que proceden de los geranios que tiene en casa,  gastrobotánica, lo llama y quiere que probemos a ver si nos sale eso de la luminiscencia con el pulpo a la gallega. Ayer nos tuvo toda la mañana ensayando guarrerías en la cocina. Lo que te digo, preferible abrirse en canal y se acabaron las gilipolleces.

Anda,Toni, pues yo eso de los experimentos lo encuentro divertido, mientras estás en la cocina haciendo mejunjes fusionados y maridados no aguantas al personal que es lo que a ti más te sulfura.

Sí, ya, que te crees tú eso, como tardábamos mucho en servir las mesas teníamos un motín al otro lado que ríete del que inició la Revolución Francesa, no sabes cómo se pone la gente cuando tiene hambre y el camarero no llega, he visto mi cabeza peligrar. El Manolo salió a calmar los ánimos diciendo que se esperasen un poco que estábamos pasando de la ciencia a la conciencia, que invocaba al postmaterialismo y que estábamos cociendo a fuego lento las emociones. La parrafada se la ha copiado tal cual a uno de esos chefs filósofos con muchas estrellas. Por un momento pensé que nos iban a matar, pero no, se quedaron como anestesiados asimilando las palabras. Habla en un lenguaje que nadie entienda y tiempo que ganas para salir por patas.

Raro suena pero lo mismo tiene razón, venga, Toni, tú no te desesperes que en cuanto la cocina experimental del Manolo se haga famosa, dale tiempo al tiempo, ganarás tanto dinero que por fin te podrás liberar del yugo del trabajo y te podrás ir al pueblo y pasarte el día triscando por los  montes como el troglodita que eres y leyendo poesía pesimista en grado sumo.

Platos en los que nada es lo que parece, me siento indigno, se ha ido diciendo, y perder la dignidad  es lo peor que le puede pasar a un hombre. Polvo de gamba y corteza de acacia madrileña,  hay que joderse,  ha dicho también, eso ya no sé por qué.