Día: 23 febrero, 2017

El reino encantado

Se me asemeja muchas mañanas la casa de la Patricia a un reino encantado.Cuanto más me aburro más semejanzas le encuentro con uno de esos reinos. Lo veo  todo tan bonito, tan largo el pasillo, tan amplias y bien amuebladas las estancias y tan altos los techados que a cada momento estoy esperando encontrarme a algún duende agazapado en un recodo. Por ahora no lo he visto,  no son los duendes seres muy encontradizos, pero estoy casi segura de que alguno se habrá mudado del bosque a este barrio,  a poco listo que sea. Están los bosques muy húmedos y llenos de alimañas. Al Toni le gustan pero es que el Toni es muy de hábitats agrestes.

Observo de reojo a la Patricia con su cabellera rubia, no pelo como el mío y el vuestro, cayendo en cascada sobre las teclas y sus largas manos pulsándolas con elegancia sin par y veo talmente a un hada de nuestros días de ahora mismo. No sé lo que escribe porque en cuanto me aproximo minimiza recelosa, pero estoy segura de que por sus letras se pasean  unicornios, gigantes, ninfas, sirenas y demás tropa fantástica.

Como las hadas son seres tan sumamente despistados y están a sus varitas, a sus estrellas y a sus creatividades  no se ha dado cuenta de que su hijo el Jacobín ha caído preso de un encantamiento y anda enamorado de una princesa que vive enfrente, la  Jimena del sexto exterior izquierda. Tan es así que el niño, hechizado perdido, se ha asomado peligrosamente a la ventana para llamar a su amada.

Cuando esta se ha aparecido en  la suya, la larga trenza colgando muros abajo, el niño le ha gritado esto: Jimenaaaa, tú eres, tú eres….se lo ha pensado un poco y luego ha dicho muy nervioso:¡ una pinza! Es lo que tenía más cerca de su área de visión, hay que entenderlo. La princesa Jimena, que parece ser comprensiva, se ha reído y el chiquillo, envalentonado por la risa, ha seguido durante un buen rato asociándola con los más diversos objetos “tú eres, tú eres… una pared, una ventana, un pantalón” y ya, perfeccionando la técnica, “¡ una nube, una flor!”. Después se ha metido  corriendo en casa dando saltos y alaridos.

Su hada madre, ignorante de estos sucedidos ha abandonado por un breve instante su recinto de las maravillas para transmutarse con mucha magia en mujer hosca y tiránica y mandarnos pitando al colegio.  Por el camino, he intentado explicarle  al Jacobín que  princesa Jimena no le conviene mucho porque ya tiene veinte años  y que más bien debería colocar su arrebato pasional en  la princesa Casilda, la del tercero derecha, de cinco años recién cumplidos.

Hay amores imposibles, Jacobín, solo nos traen sufrimientos, yo me enamoré de un ogro gruñón que lo único que quiere es volverse al bosque de donde procede, es mejor que te centres y te olvides y…

Me ha rugido con fiereza. Está hechizadísimo el pobre.