Qué me vas a contar

Los mejores amigos de mis hermanos eran otra pareja de hermanos, gemelos, muy morenos, con el pelo ensortijado y los ojos casi negros. Jugaban con ellos al fútbol pero sin que les gustara, solo porque eran amigos,  sus verdaderas pasiones eran las espadas y atrapar bichos en botes de cristal para luego destriparlos y torturarlos. Al fútbol jugaban despistados, pensando en otra cosa, y por eso se caían constantemente y una vez en el suelo se les olvidaba el partido y  se quedaban por ahí tirados, sobre la tierra, buscando bichos. También tenían el récord mundial del barrio de meterse goles en propia puerta. Cuando metían un gol de verdad lo celebraban entrechocando sus espadas ficticias. Hoy les hubieran acosado por las redes sociales pero entonces, como mucho, se llevaban algún puñetazo o algún insulto inmediato y volvían a integrarse sin mayores problemas.

La madre de los gemelos morenos era amiga de la nuestra y muchas tardes, mientras jugábamos en la calle,  se sentaban las dos en un banco a charlar y a pegarnos algún grito de vez en cuando para que pareciera que nos vigilaban con suma atención de madres. Una tarde que estábamos jugando al escondite utilicé el respaldo de su banco y sus espaldas para esconderme y, sin querer, escuché cómo la amiga le contaba a mi madre que se había quedado embarazada y que menudo disgusto tenía ¡Otro!, dijo exclamando con un tono de desolación tremendo. Qué me vas a contar, le contestó mi madre y las dos se quedaron calladas unidas en ese silencio cargado de desgracia.

El qué me vas a contar claramente tenía que ser yo puesto que era la última o a lo mejor la desgracia había empezado antes y mi hermana Almudena también entraba en el lote. Antes o después me tocaba de lleno, eso estaba más que claro y lo entendí al momento. No me habían traído al mundo voluntariamente. Tenía la sensación de que me querían bastante o no menos que a los otros, pero seguramente habían empezado a quererme más tarde, por costumbre, sobre todo.

Quise investigar un poco más sobre mis orígenes y subí a casa a preguntarle a mi abuela Mila. Estaba enfadada porque acababa de descubrir que le habíamos espachurrado  un pintalabios, era fanática de los cosméticos y la laca y bastante vengativa, así que su respuesta fue: no digas que te lo he dicho pero tú no eres su hija, te compraron a  los gitanos, ¿no ves que no te pareces a ninguno de tus hermanos?

Esa nueva y desconcertante información contradecía la anterior. Si era una “qué me vas a contar” no me podían haber comprado. Además mi abuela se había reído al decirlo, nadie que confiese semejante verdad lo hace riéndose. Lo de los gitanos era mentira y me fastidiaba porque por un momento me ilusionó poder diferenciarme del resto por mi procedencia zíngara y no por haber llegado la última y por accidente.

Volví a la calle arrastrando los pies, muy desencantada de la vida. El escondite se había terminado y también se había disuelto el partido de fútbol. Alrededor de los gemelos morenos  se acababa de formar un corro expectante. Habían atrapado una lagartija y tras extirparle el corazón habían metido en su lugar una piedra pequeña para comprobar si podía sobrevivir. No pudo.  Las dos madres, indiferentes al trasplante cardíaco y ya restablecidas de su desgracia, se reían de algo, el sol se ponía por el descampado, donde vivían los gitanos de verdad, y Macario, el portero cojo del bloque tres, acababa de sacar los cubos de basura y la manguera.

Uno  gritó, “la manga riega que aquí no llega”. Empezaba  la diversión de cada tarde a última hora. Corrí entre todos los demás para que no me alcanzara el agua, seguramente no era la única accidental en ese grupo  y había unos cuantos  que habían caído en la vida de rebote.  En ese momento de felicidad me daba exactamente igual. Ya estaba dentro, en el lío.

 

 

 

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49 comentarios en “Qué me vas a contar

  1. Esa es la típica conversación escuchada a hurtadillas que se puede utilizar luego en un momento de rabieta adolescente. Jajajaja.

    De todas formas, lo importante es ser feliz y jugar con la manguera y no darle tantas vueltas a las cosas. Un besotes!!!

    1. Todo puede ser utilizado en contra de los padres cuando llega el momento. Hasta lo bueno.
      Pero sí, lo importante es no desperdiciar los buenos ratos, eso está claro.
      Besos!

      1. Qué rabia!!!

        A mí me llegan comentarios de otras personas.
        No será que tienes que eliminar las cookies de tu pc?
        Bah, igual es cualquier otra cosa.

        Besos.

  2. Me quedo con ese final,que ya estabas en el lío.Es lo que importa.
    Y me alegro de que llegaras.

    Besos intencionados.

    Y muchas gracias por tus palabras en mi blog.
    : )

    1. Claro, lo importante es llegar.
      Pero tampoco os toméis muy literalmente todo lo que cuento. Mitad fantasía, mitad realidad.
      De nada por las palabras, Carmen. Ya te tengo mucho cariño. De verdad.
      Un abrazote.

  3. Llámame pesado o pelotero, pero me pareces increíble escribiendo, relatando, evocando. Me puedo pasar días incluso acabando una entrada -somos diferentes, en contenido y en muchas cosas- pero después entro aquí y en relatos como éste me desarmas emocionalmente por completo.
    Claro que tiene una vertiente cómica, esa confidencia que la niña escucha a hurtadillas, pero también podría resultar doloroso, traumatizante, totalmente desconcertante, porque afecta a tu propia vida y a los sentimientos de tus progenitores. No es que estos desaparezcan, claro, pero es como si un dato muy importante del cuadro te hubiera sido revelado.
    Quizá es que me pongo muy trágico. También me ha hecho pensar en un par de frases…
    Soy un accidente, un error de medida…
    Cualquier cosa podrá ser utilizada en su contra. Lo comentas tú, incluso contra tus propios padres.
    Lo de la abuela Mila y los gitanos, pues un poco cabronceta la señora, jajaja…
    Pero el fiinal es grandioso y hermoso, sin duda lo mejor. Ya estaba dentro, en el lío. Que nadie nos quite esos momentos de felicidad, sobre todo de niños.
    Frase del día, has ganado un CD gratis de los Pájaros Atacados.

  4. Qué manejo increíble que tienes en el tema de la “felicidad”. Es como ir en primera clase directo hacia ella…..Y cuando termino de leerte, respiro profundo con una sonrisa.diferente, que quizás el día no me dio….Gracias Palomaeva!

    1. Pero, bueno, si las gracias te las tengo que dar yo a ti. Los días es que a veces son un poco tacaños con esto de la felicidad, hay que sacársela a la fuerza pero no siempre se dejan.
      Un beso, Marta.

  5. En 5 años vivimos al mundo 4. Yo, en segunda posición, todavía tenía un pase, el resto, ya pesaba demasiado Jajaha.
    Recuerdo ir con mi madre un día a la farmacia, le entregaron un sobre y ella llorar y llorar. Conseguí que me diera el papel. Positivo decía. Al final no llegó a nacer pero sus lágrimas eras directamente proporcionales a mi ilusión Jjj
    Besos

  6. Yo jugaba al fútbol, aunque no me interesaba lo más mínimo. Sí disfrutaba cogiendo bichos, metiéndolos en frascos de cristal y alimentándolos con hierba y lechuga, nunca los operé, me daban pena. Mi madre, cuando se encontraba los frascos los tiraba al tiempo que me llamaba cochina, eres peor que un niño decía. Ya ves, las ciencias son cosas de hombres. 🙂

    Por aquel entonces muchos niños los traían y llevaba los gitanos, era un modo de atribuírles cualidades que nunca tendría un “digno payo”. También se decía, cuando te mostrabas encantadora, que estabas hecha una gitana.

    Cinco hijos y dos abortos tuvo mi madre, creo que esto se explica por si sólo. No sé cuántos embarazos, a partir del primero serían deseados.

    1. Eras una bióloga en potencia.
      A mí también me daba pena cuando maltrataban a los bichos, me tapaba los ojos o miraba para otro lado. Un poco de asco, también.
      Las mujeres antes lo tenían mucho más difícil.
      Gracias por contarme tus recuerdos, Ilduara.
      Besos, pasa buen fin de semana.

  7. ¡Jesús de Veracruz qué historia! Después de tres hijos estoy segura que ninguno es esperado. Somos accidentes, meros accidentes.
    Yo soy la quinta.
    ¿Qué son los que siguen de uno?
    Me dan ganas de llorar.

    Un abrazo

  8. Pues quizá sí fuimos «de rebote» (yo soy la última de cinco), pero como tú dices, entramos en la vida y fuimos felices con menos cosas, pero con más juegos e imaginación.
    Aquellas perezosas tardes de juegos simples, montando casas para muñecas recortables en cajas de zapatos, leyendo las aventuras de los cinco, peleando con nuestros hermanos o imaginando cualquier otro juego para llenar las horas hasta la cena son las que ahora alimentan estas letras con gusto melancólico que tú tan bien sabes escribir.
    Leyéndote, me es mucho más fácil recordar esos momentos ¡Gracias! 🙂

    1. Pastel de carne y cerveza de jengibre. Cada vez que leía eso iba a la cocina a buscar algo que se le pareciera un poco. Pero en mi casa no había nada comparable a esas delicias. Se pasaban el día comiendo Georgina y compañía.
      Gracias por tu comentario, Martes. Muy bonito. Yo también hacía recortables de papel.

      1. 😀 😀 😀 😀 ¡¡Hacía lo mismo!! Sin poder evitarlo, comía. Abría la nevera y daba un golpe de estado a lo primero que se pusiera por delante. ¡Me hubiera gustado tanto vivir una de esas aventuras y merendar con ellos esas delicias desconocidas! 🙂

  9. Me ha gustado mucho, Eva. Haces que pueda verte a ti y todo lo que relatas. Yo estoy entre rebote y lo del contenedor de basura. Un beso grande.

    1. Zíngara, perdona. Que es mucho más exótico. Pero zíngara de aquí de la zona centro.
      Un lío, jajajaja.
      Besos, Celia y gracias por felicitarme eso del findeeeeeee!!!
      Lo mismo para ti.

  10. En mi caso, somos tres chicos y yo soy el de medio,y siempre he tenido la pena de que mi madre hubiese deseado que fuese una chica,,,creo que algunos besos se perdieron por el camino,luego volvió el tercero y mi madre ya lo asumió y le devolvió los besos , entre otras cosas por ser el pequeño….la niña iba a ser la cuarta pero el sueño se trunco de nuevo ,……cuantos besos le hubiésemos dado….

    1. Ser el del medio tampoco es fácil. Pero el mayor dirá que peor es lo suyo y al que le hicieron mucho caso que ojalá le hubieran dejado en paz. Huy, qué difícil!
      Mi padre siempre prefirió a los chicos.

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