Día: 20 de marzo de 2017

Doctorado honorífico (o algo así)

Iba yo muy contenta esta mañana dirección parques y jardines mirando las bellezas de la primavera y pensando qué nos deparará la nueva estación, si algo nuevo como corresponde a tanto esplendor o más o menos lo mismo de siempre pero con flores por las esquinas, lo cual siempre es de agradecer.

El Toni dice que  mi  facilidad para el contento es de hacérmelo mirar y que él ya lleva tiempo intentando descubrir qué clase de tara genética relacionada con la simpleza portan mis carnes serranas, pero que no termina de averiguarlo. Yo creo que el tarado es él pero, claro, cada uno lo ve desde su hemisferio, por así decirlo.

La Esme también lo ve todo desde el suyo, que no tiene porque ser ninguno de los anteriormente citados y ya me estoy haciendo un lío. El caso es que estaba esta mañana la mujer en uno de sus días exultantes, esos que anteceden a los de hundida en la miseria,  ya me voy sabiendo manejar en su mundo de altibajos.

Mira, Eva, se me pone, están floreciendo los árboles del amor, ¿ves que profusión de flores moradas maravillosas? Tenemos que celebrarlo de alguna manera, no vamos a dejar que se nos escape otra primavera de las manos y lleguemos al verano, si es que llegamos, con calores y la  misma cara de idiotas.

Bueno, venga, pues sácate unas cervecitas y una bolsa de patatas fritas y nos sentamos al sol tan ricamente. Pero no era eso, ella quería algo más aparatoso y segunda vez en la mañana que me llaman simple. Va a ser que lo soy si desde todos los hemisferios se me contempla de la misma manera.

Me refería a algo mejor, nos vamos a homenajear y a condecorar porque si no lo hacemos nosotras… ¿qué prefieres, la cruz de Alfonso X el Sabio o un doctorado honoris causa? Mejor el doctorado que es más largo. Prepárate que empieza el acto solemne. Ponte aquí a mi lado que vamos a ir en comitiva hasta el banco de enfrente, que se venga también la Morganina para hacer bulto. Mira, nos sigue un gato, es que ayer le di de comer. Mejor, él que sea del consejo de gobierno y la niña del consejo de dirección. Ya estamos todos, nos tienes que visualizar vestidas con indumentaria académica.

Oye, yo le he seguido la corriente por si al final se estiraba con las bebidas y las patatas. Hemos ido hasta el banco y allí ha dicho señalando a sendos pájaros ¿oyes como nos canta el Orfeón? Y ahora voy a  proceder a leer el acta del acuerdo por el que nos nombramos doctoras honoris causa por la Universidad de la vida misma. Hago como que te pongo el birrete y tú haces como que me lo pones a mí, también te doy el anillo de la sabiduría y el libro de la ciencia, toma, se me pone dándome nada.

Qué emocionante, Esmeralda, he exclamado para disimular. Espera, guapa, me dice, que ahora viene lo mejor, el gaudeamus igitur, verás que bonito, atiende que vas a llorar y todo, «nuestra vida es corta, en breve se acaba, viene la muerte cruelmente, no respeta a nadie, ¿dónde están los que antes que nosotros pasaron por el mundo?, tras la alegre juventud y la incómoda vejez nos recibirá la tierra ¡ Viva Eva, viva Esme !» Pero corea los vítores, tía sosa.

Ya está, somos doctoras honoris causa y eso no nos lo puede quitar nadie. La vida sí pero el doctorado honoris causa que me acabo de sacar de la manga, no.

Mira qué bien, y ahora el aperitivo.

De aperitivos nada,  que es muy pronto, si acaso un helado a la Morganina para que se vaya iniciando en la comida basura, que ya va teniendo una edad. Pero para que veas lo generosa que soy, te voy a imponer también la cruz de Alfonso X el Sabio,  ale, toma.

Yo diría que lo que me ha puesto o impuesto es un pin de propaganda en el que pone «repuestos Paco». Pero claro, como soy simple y carezco de fantasía…