El jefe

Vimos salir a Lucía del despacho del jefe sonándose los mocos con un pañuelo de papel. No era extraño puesto que Lucía utilizaba mucho esos pañuelos, tenía alergia al polvo y precisamente su función en la empresa era quitarlo. No la conocíamos apenas porque cuando ella terminaba su trabajo empezaba el nuestro. Solo coincidíamos durante un instante, el tiempo justo para comprobar que se sonaba los mocos con pañuelos arrugados de papel y que nos cambiaba las cosas de sitio y eso era un incordio porque luego no las encontrábamos y perdíamos tiempo. Y más tiempo que perdíamos quejándonos de ella, de que nos moviera las carpetas y los papeles y le diera la vuelta a los cables y luego hubiera que volver a ajustarlos para que funcionaran los ordenadores. De cualquier cosa que se estropeara a primera hora de la mañana le echábamos la culpa a Lucía.

Nos miró al salir y señaló con la cabeza el temido despacho de Wohlleben y luego se puso a llorar y salió llorando por la puerta, refrotándose los ojos con el pañuelo hecho un gurruño.  Wohlleben la había despedido, seguro, y lo habíamos provocado los demás por estar siempre echándole la culpa de todo lo que se estropeaba o no encontrábamos o no funcionaba a primera hora de la mañana o incluso a media mañana y hasta por la tarde. Ahora nos sentíamos mal y nuestro odio por Wohll, la persona más inhumana y cruel que habíamos conocido jamás, subía como espuma sucia.

El jefe se asomó a la puerta y con su voz cascajosa, de fumador, llamó a Gustavo, el de administración, un señor con el pelo blanco que estaba a punto de jubilarse y se pasaba el día hablando de lo que haría en cuanto se jubilara. Y lo primero que haría sería irse a vivir a una ciudad sin Corte Inglés, esa era su meta y en ella tenía puestas todas sus esperanzas. Gustavo no salió llorando del despacho pero se llevó la mano al cuello, hizo el gesto de rebanárselo y luego señaló la puerta. Otro más despedido.

Sin embargo, no recogió sus cosas ni se movió de su sitio, se sentó en su mesa y mientras tecleaba movía la cabeza de un lado a otro y decía esa frase tan tópica de “no somos nada”. También dijo, “como no me dé prisa me quedo sin probar lo que es vivir  sin Corte Inglés”. Te toca a ti, Paula, le comunicó a la de los archivos, la gorda cotilla a la que encantaban las noticias sensacionalistas, los rumores y los malos rollos entre compañeros.

Como de todo eso había en abundancia se lo pasaba muy bien mientras archivaba y comía caramelos que tenía en un bote. De vez en cuando se paseaba con el bote por las mesas ofreciendo caramelos y así, de paso, difundía informaciones, preferiblemente falsas, husmeaba y recababa datos. Cuando encontraba algo lo suficientemente escandaloso movía la mano derecha en el aire a modo de abanico, para que comprendiéramos la magnitud del seísmo en la escala de Ritcher.

Del despacho de Wohlleben salió abanicándose mucho  y así estuvo un buen rato pero no le prestamos atención porque estábamos más pendientes de quién sería el siguiente en entrar. Le tocó a María Ángeles, la secretaria a la que gustaba esconder paquetes y entregarlos solo cuando el destinatario llevaba ya unos días preguntando por ellos, diciendo qué raro,  o buscándolos por las mesas o culpando de su pérdida a Lucía, la del polvo. María Ángeles entró llorando, directamente y por si acaso. Cuando salió estaba muy blanca, se apoyó en la columna de la bajante, por dentro se oía ruido de agua cayendo, dijo bajito: se muere, se muere. Volvió a su mesa, sacó de debajo varios paquetes no entregados, los repartió cabizbaja.

Entró el siguiente. Uno tras otro fuimos entrando por orden jerárquico. Hasta para anunciar su muerte era Wohlleben estricto y organizado. Se nos fue la mañana en entrar, poner cara de circunstancias, eso y no otra cosa eran las circunstancias, comentarlo en corrillos, hacernos gestos por encima de las pantallas. Nos costaba asimilarlo, ¿cómo era posible que el jefe temido, el que tantas veces había estrangulado nuestra felicidad, dueño de nuestras horas y nuestros días,  se estuviera muriendo? Ahora entendíamos esa delgadez, esa mala cara, ese amargo rictus.

Tuvo un ataque de tos dentro del despacho, una tos horrible, pre agónica nos pareció. Alguien dijo que podía tener el detalle de marcharse a su casa, que cualquier otro saldría a dar un paseo por el parque puesto que era primavera y el día espléndido y que no comprendía cómo si solo le quedaba un mes de vida decidía malgastarlo en esa asquerosa oficina, encerrado.

El jefe segundo, conocido como Juanito, y al que nadie hacía caso, se paseó por el pasillo sacando barriga. Mirella, la auténtica jefa en la sombra, la que tecleaba silabeando y se parapetaba para espiarnos a todos tras una montaña de papeles, dijo con risa sardónica, “que te crees tú eso, Juanito”.

El jefe se estaba muriendo y a todos nos dio por pensar en que si Wollheben podía morirse, y sí que podía, cualquiera podíamos morirnos también, la muerte era de todos, ni a la jefatura  respetaba. A todos nos dio por pensar en nuestra propia mortalidad, pero  había otras cuestiones más urgentes, más vitales ,  como la de si  en esa  re colocación que vendría después, con un nuevo jefe, alguno quedaría fuera de la empresa y qué sería de los actuales favoritos y cómo todo ese mundo que hasta ahora parecía inamovible se empezaba a hundir para dar paso a otro nuevo en el que había que tomar posiciones.

Wollheben salió del despacho,  le colgaba el traje y hasta la misma corbata parecía lánguida y mustia. No nos miró al salir, nunca lo hacía, cerró de un portazo, como era su costumbre, lo vimos entrar en el bar de enfrente. ¡Joder, joder, joder!, dijo Miguel, al que el jefe había echado la bronca por trabajar con auriculares. Se los puso. El Dépor ha ganado la liga, anunció.

 

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63 comentarios en “El jefe

      1. Me da risa siempre recordandolo ,aunque ha pasado un montón de tiempo. La frase fue una auténtica “perla” del aquel reportaje. Hoy me he sorprendido mucho la coincidencia nuestra en eligir el fado como una canción de la vida. Reimos de lo mismo ,estudiamos en los mismos colegios, trabajamos en las mismas oficinas.En fin ,tenemos mucho en comun. Un beso.

  1. Qué duro… un mes de vida. Yo no estaría en el despacho. Era alemán, ¿verdad? Yo diría por el apellido que judio.
    Lo de vivir en un sitio sin Corte Inglés me ha hecho mucha gracia, jajaja. Con lo que yo lo echaba de menos en Viena… Allí no hay grandes almacenes. A mí me chifla pasearme por el Corte Inglés cuando hay poca gente y eso que no soy de ir de compras, pero tiene algo… Jajaja… Y ese súper que tiene de todo… Bueno, ya me callo 😛
    Besos, chulapa.

    1. El nombre no es real, podrían pillarme. La historia sí. Creo que seguir ahí era su forma de aferrarse a la vida, como si haciendo lo de cada día no fuera a morirse. En ese momento yo tampoco lo entendía.
      El señor que odiaba el CI sí es de verdad, siempre me hizo mucha gracia esa manía.
      Es verdad, el súper está muy bien surtido, tienen de tó 😉
      Besos

  2. Pero qué bien escribes. Y con qué facilidad. Y sobre todo lo pródiga que eres. Me impresiona tu capacidad de producir tantos relatos, personajes, historias… y poemas. Lo real y lo imaginado y lo poético… impresionante (creo que esto ya lo he dicho).
    Oye ¿has pensado hacer una novela? No sé si ya la tendrás si es así díme cóm o se llama y me la compro.

    1. Hijo, qué de piropos juntos.
      Muchas gracias 🙂 🙂
      No, no tengo novela. A lo mejor algún día, si no me muero antes y los editores me son propicios, cosa que dudo.
      ¿Y tú, tienes algo que se pueda leer además del blog?

      1. Tienes todos los ingredientes para hacer una novela: constancia, imaginación, experiencia, fluidez en la escritura. Y se te lee muy bien. Los editores se fijarán en tí seguro.
        Yo no tengo nada publicado salvo en algun cuento en revista literaria y poemas en antología

  3. Subía como la espuma sucia.
    Buenísimo el relato, me ha gustado mucho, realista, ácido y con suspense hasta el final.
    Nunca me ha gustado el CI, mira qué casualidad. Siempre los he encontrado unos careros de mucho cuidado, y lo que se dice comprar he entrado contadísimas veces. A otras cosas sí, por ejemplo adivina…a chafardear discos en la sección de música, obvio.
    Ya lo del Dépor ha sido la puntilla. Así es la vida, y la muerte.

    1. Realista, realistísimo.
      Yo vivo cerca de un CI y a veces comprendo ese odio de Gustavo y sus deseos de vivir lo más lejos posible, sobre todo en temporada navideña. Pero a veces también me doy unas vueltas.
      Pues sí, unos se mueren y otros van al fútbol.

  4. Conocí a una persona -él y su madre, y no es un insulto- que estaban obsesionados con el CI, tenían tarjetas de cliente y todo lo compraban ahí. Hasta me da la sensación de que una especie de supermercado, o la sección alimentaria ahí implantada, era muy cara si comparabas con el resto de tiendas del mundanal mundo.
    Por otro lado has retratado a la perfección la fauna que cohabita en todos los trabajos. Siempre hay gente cotilla, malintencionada, rastrera -con estos no puedo-, criticona, etc, etc.

    1. Jajaja, me ha hecho gracia ese “y no es un insulto”. No, solo es una observación.
      En los trabajos hay fauna variopinta, buena y mala, como en todos los lugares donde se juntan seres humanos.

  5. Tiene razón Toro,a mí me ha parecido verlo todo en una minipelícula.
    Hasta la corbata mustia (y eso que la he visto de esas con elefantitos levantando la trompa…)

    Besos,Paloma.

  6. Genial.

    El fútbol lo ningunea todo, el CI, las cotillas, los desórdenes en la oficina, hasta la posibilidad de morirse…

    Un beso.

  7. Oye, ahora que pienso, y en relación al Corte Inglés…Creo que esto salía en una historiera de Mortadelo y Filemón, fue tan gracioso que jamás lo he olvidado: Bautizaban unos grandes almacenes como “El Rasgón Senegalés”. Jajaja, ¿te suena de algo?

  8. Pues mira…El ideograma de cortar en chino es…切. Es el mismo que en japonés, que se lee “kiru”, en chino ni idea, porque las lecturas son totalmente distintas.
    Corte chino sería…中国法院. No aparece el anterior ideograma, por cierto.
    Los dos primeros ideogramas denotan el país, China…中国 En japonés se lee “chuugoku”, son los mismos. El segundo dibujito es el que significa “país”, en japonés se lee “kuni”.
    Insisto en que las lecturas chinas las desconozco. Son 25 euros por la miniclase.

    1. Sois un poco exagerados pero lo agradezco mucho, nunca viene mal que te suban la autoestima.
      Puedo decir lo mismo de vosotros, de verdad.
      Muchas gracias.
      Otro saludo, Eladio.

  9. Un mini mundo de oficina. Donde pareciera que hay grandes relaciones y todo nos importa tres cojones.
    (Perdón por el vocabulario)
    Me muero.
    Y el depor?
    Bien gracias
    Buen finde.
    Besissss Paloma

      1. Es tan complicado… Pasamos muchas horas con los compañeros de trabajo. Muchísimas más que con la familia, y son relaciones ficticias en general. Falsas. Vamos a las bodas. Hacemos que nos queremos. Pero no es verdad.
        Besos

  10. Genial, mi querida amiga. Tuve un jefe que le pasó exactamente lo mismo, lo único que era un gringo buena gente, muy buena gente. Y todos lloramos su muerte en serio. Por él y por nosotros que andábamos en un hilo temiendo quién sería el próximo jefe. Besos, Paloma mía.

    1. Lástima entonces. Este muy bueno no era o a lo mejor sí y se estaba haciendo el duro.
      A mí también me dio pena, no te creas, siempre entristece ver a alguien sufrir. Y encima el que vino después casi era peor.
      Besos, Melbita

  11. Dominas todos los géneros, Evavill: la comedia, la poesía y el drama de intriga con toques de humor negro, como éste que hoy nos traes. Estoy de acuerdo con bosque baobab, ¿qué tal si pruebas con el relato largo? Yo también creo que tienes condiciones para ello. Buen fin de semana.

  12. Lo mejor de este relato, muy real (me encanta cómo lo describes), es que consigas convertir al ‘malo’ en ‘bueno’.
    🙂
    Y ese final demoledor, terrible, la verdad.
    Aquí la zona donde se encuentra el Corte Inglés es muy tranquila, creo que a Gustavo le daría igual que estuviera.

    Un beso, Paloma.

    1. Es que no era malo, solo nos lo parecía.
      Pobrecillo, tenía que hacerse el duro y seguramente no lo era.
      Sí, la indiferencia ante el sufrimiento de otros, qué terrible!
      Gracias por tantas lecturas, Rosa.
      Que tengas un feliz domingo

    1. Jajajaja, Julito Iglesias me da susto.
      Es una historia bastante real, mucho. Y los detalles también, de ahí su gracia.
      Besos. No sé borrar al del fiambre. Luego lo vuelvo a intentar.

  13. Increíble todo el relato, pero ese paseo de Juanito y el final con auriculares… Insuperable.
    No sé si es cierto o inventado, pero en esos dos detalles, en apariencia insignificantes, reflejas esa especie de alivio y ese continuar monótono de la vida cuando alguien se entera de que la muerte es de otro y ese otro no es , precisamente, su ser más querido.
    Me ha encantado. Y veo que alguien más que yo anda reclamando una novela 😀

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