Territorio neutral

 

El tramo que más me gusta del día es de la mañana, el de las primeras horas de la mañana para ser más preciso. Ese en el que me subo a la bicicleta y pedaleo atravesando el barrio hasta casi el final. Cuando salgo están los porteros barriendo su trozo de acera, fregándola, sube olor a jabón, a lejía y la luz se cuela por entre las ramas y me da en la cara.

Ahí ya me empiezo a sentir bien, ya estoy entrando en territorio neutral y mucho más neutral se vuelve al empezar la cuesta. Pedaleo con más fuerza, me canso, dejo de pensar y hasta de ser, si se puede decir así. Dejo mi nombre, todo lo que me ocurre o más bien lo que no me ocurre y solo soy un cuerpo que pedalea, que se esfuerza, un corazón que bombea sangre, una sangre que asciende y desciende. Ese, el de la cuesta arriba, es mi tramo preferido del día.

En el semáforo se me estropea algo porque me paro y al pararme voy poco a poco recobrando mi identidad, justo lo que no quiero recobrar. En ese semáforo coincido bastantes días con las mismas personas. Con la morena guapa en zapatillas de correr y culo inmune a la fuerza de la gravedad, con el joven pijo que lleva el pantalón un poco corto para que le asomen unos calcetines de lunares por debajo, debe de ser muy importante para él mostrar al mundo sus lunares, un signo de distinción, seguramente. Y con el viejo extraño de las dos chaquetas. Algunos días están los tres, cuatro conmigo, somos la familia del semáforo de las ocho y media. La familia cuyos miembros no saben nada los unos de los otros. Ideal.

Pedaleo un poco más. Este barrio al que me tuve que mudar es más feo que el otro y está más lejos pero tiene pequeñas zonas engañosas en las que parece un lugar bonito. Un poco como mis días, que tienen pequeños tramos o franjas en los que asoma la felicidad. Por una de esas zonas paso antes de llegar al bar. Hay un árbol de copa grande que no he conseguido identificar, un muro al que le han crecido hierbas y ahora también flores silvestres. Se puede decir que ahí alcanzo el máximo contento del día.

En el bar ya empieza a decaer un poco. La camarera de las ojeras me llama Gonzalo aunque ese no sea mi nombre, lo debió de entender mal  y nunca la he sacado de su error, me da lo mismo y sé que a ella también. Me pone un cortado y me lo bebo mirando por la ventana. Enfrente hay un parque,  poco a poco va llegando el grupo de chicos desocupados con sus perros peligrosos. En este barrio hay muchos chicos desocupados y tener perros peligrosos y pasearlos con cara de amenaza está de moda. El que no tiene nada se consuela teniendo un perro peligroso y poniendo cara de amenaza, pienso.

Hoy ha venido Mari, la conozco de muchos días aunque jamás haya hablado con ella, ni ganas. Mari es una pesada, no se resigna al fracaso y además lo cuenta. Se lo cuenta a la camarera de las ojeras que no tiene la culpa de nada y que también tendrá el suyo. Le cuenta que ella estudiaba pero que se casó muy joven y zas, dice zas y da un palmetazo en el mostrador. Ahora soy la esclava de todos. Mari lleva el pelo de tres colores, el oscuro original, el blanco reciente y el de un tinte rojizo que se echa por encima con menos frecuencia de la que debería.

Me pregunto si Mari no tendrá en su día algún territorio neutral, si no dispondrá de un tramo  en el que deje de ser Mari la pelo tricolor esclava de su familia. Todos deberíamos poder escapar de nosotros al menos un rato diario. Me bebo el café y vuelvo cuesta abajo. El mundo se me escapa por los lados, lo voy dejando atrás, atrás, atrás y eso me gusta mucho, me gusta muchísimo esa fuga lateral y hacia atrás de todo lo que me rodea. O mía hacia adelante, según se mire.

Pero el mundo no va a dejar que yo me escape, solo tiene la deferencia de dejármelo creer y ya es bastante, se lo agradezco. Ya estoy de vuelta,  me paro, empujo la bici hasta el ascensor, ahí está el mundo, la parcela del mismo que me corresponde,  bien puesta en su sitio, sólida, dura y antipática y yo en el centro, con mi nombre y las famosas circunstancias y los rotos y vacíos que habría que coser o llenar pero que ya sé, casi con toda seguridad, que se quedarán como están.  Subo a casa, enciendo el ordenador y me pongo a buscar con desgana. Por la ventana entra olor a cebolla frita, alguien canta la salve rociera. Y puede que eso sea todo.

 

 

 

 

 

 

 

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42 comentarios en “Territorio neutral

  1. Esto ha sido entre genial y depresivo, Paloma. Gris como la vida misma, y casi hasta más real que esta. Yo no voy en bici, pero metafóricamente hablando, hago mi viaje basante parecido. Solo que mi familia está en el metro, claro.

  2. Muy bueno. Ese párrafo donde dejas de pensar, casi hasta de ser, y solo eres un cuerpo que pedalea y un corazón que bombea sangre es magistral. Has descrito la trascendencia del ego montando una bicicleta, el intentar escapar de los límites y la identidad habituales. Territorio neutral. Aunque no me gusta lo de que no te guste tu habitual identidad, todos debemos conformarnos y adecuarnos más o menos a ellas, por otro lado relativas y discutibles, en buena medida pura imagen, hasta para uno mismo, deberías creerme.
    Aunque no soy el más indicado para hablar. Yo también intento escapar, o dejar de ser “yo” escribiendo entradas en el blog, y solo lo consigo parcialmente. Digamos que “me hago” entrada, pero no logro difuminarme.
    Mari la pesada…zas y palmetazo en el mostrador. Ay, es que me he descojonado.
    Qué curioso, me queda flotando en la incógnita si escribes de forma autobiográfica, si el protagonista eres tú u otro, si es una mujer o un hombre al que bautizan Gonzalo, pero qué más da. Me inclino por lo primero.
    Y si muere el comentario, volatilizándose en el limbo del nunca se supo, pues que muera. Carpe comentarium, apúntate la expresión.

    1. Jajajaja, que no toco el comentario, de verdad, qué miedo me tienes. Con razón, lo admito.
      No es autobiográfico, yo soy la que pone el café, la de las ojeras.
      La verdad: no soy yo pero claro que tiene algo de mí.
      Por mucho que nos guste ser quién somos en muchos momentos es una liberación perder la identidad.
      Carpe repuesta, por si acaso.
      Besos

      1. Ah, caramba, tú eres la que pone el café, qué sorpresa y qué suspense, no me lo esperaba. Pero está muy bien, situaciones y sensaciones son perfectamente intercambiables, lo personal con la ficción ajena.
        No es que tú vayas a hacerle algo a mi comentario…Es que éste desaparece si desaparece la entrada, y me gustaría que no sonara a crítica. Te podría explicar la historia de un lindo bloguerito que tenía muy mala pata cósmica y justo cuando enviaba comentarios…(en los que empleaba parte del tiempo de su vida, claro, como otros usuarios). Lo digo por los conventos para una sola monja y los pesados que se hacen selfies y tuitean hasta sus pedos…

      2. Lo había pillado, What 🙂
        Pero tú ahí no comentaste.
        Me pareció ver un lindo bloguerito, dijo Piolina antes de borrar.
        Perdón, perdón, estoy de coña, ya lo dejo.

  3. Ese todo -“eso es todo”- es poco, pero, bien mirado, es mucho. Y aquí, en este relato, está “bien mirado” y excelentemente contado.
    (Aunque el final me ha parecido excesivamente cruel, con ese olor a cebolla frita y esa espeluznante salve rociera…)
    Ya sabes que no sé poner emoticonos.

    1. Muchas gracias.
      Es verdad, ese todo poco puede ser mucho.
      Ayer sonaba a las doce de la noche por mi patio el oleeee, oleeee rociero. Me tenía que vengar de alguna manera.

  4. Un pedaleo por el día, hasta escapar por un rato, hasta volver al centro de uno mismo. Gracias por este paseo. Qué bien conduces….

  5. En este mundo de WordPress se destaca bastante tu escritura, y no solamente esta entrada porque ya he leído varias. A mí me parece que evavill es el seudónimo de una dotada autora cuyo nombre sería reconocido por muchos. Sea como fuere, me encanta haberte encontrado.
    Con admiración.
    Richard

    1. Bueno, tampoco quería yo transmitir tanta desolación pero se ve que la he transmitido.
      Digamos que hay días malos y otros mejores y ratos buenos hasta dentro de los malos.
      Besos 🙂

    1. Y encima ya va unida para siempre al anuncio de la mayonesa para acabarlo de fastidiar.
      Territorios de muchos, es verdad. Pero siempre se puede escapar algún rato por donde sea.
      Besos

  6. Paisaje cotidiano, gente cotidiana. Una ciudad cualquiera, una persona cualquiera cuyo nombre también fue puesto al azar. Por error o por desidia…
    Es cierto, el mundo no nos deja escapar, pero gracias a ti, al leerte, conseguimos hacer realidad la fuga… «Todos deberíamos poder escapar de nosotros al menos un rato diario».
    Gracias por mantener tus letras vivas a pesar de las dudas, de la pereza, del desánimo… A pesar incluso de nosotros, tus lectores, que somos muy pesados 🙂
    Un abrazo.

    1. He estado muy escueta en la respuesta pero te diré que aunque a veces necesito silencio, todos lo necesitamos para crear y para vivir, también necesito saber que hay alguien ahí, al otro lado, que recibe lo que hago. Esa compañía no tiene precio.

      1. No has estado escueta 🙂
        Estoy de acuerdo contigo en que sin ese «alguien» que lee (o escucha) lo que creamos, la creación tendría un poco menos de sentido 😉

  7. Y que delicia, de vez en cuando, perder nuestra identidad y dejar de ser quienes somos para, por un instante, vivir otra vida o vislumbrarla.
    Un besazo, mi niña.

  8. Reconozco en parte esas sensaciones,cuando voy al trabajo con mi bici,… Aunque de vez en cuando brota la ira cuando algún gilipollas me pita o me increpar desde esa prolongación del sofá de su casa en que se ha convertido su coche,….Me ha gustado mucho tu relato…. Aprovecho para avisarte de que por fin he publicado en mi página
    http://huellasonora.es

  9. Yo soy la corredora con el culo que desafía la ley de la gravedad. Más que nada porque tengo culo carpeta… jiji ah y me encanta correr. Cuando corro siento exactamente eso que dices con la bici y las subidas. Pero ese no es el mejor momento. Mi mejor momento es cuando, sin saber porque me siento fuerte, y hay una pequeña bajada. Y es entonces cuando mi respiración se agita y las zancadas cada vez se hacen más largas, más grandes. Y olvido que peso. (80 kilos y 180 soy un hombre pesado) Y de alguna forma me reduzco y me hago ligero mirando al horizonte y vuelo. Vuelo. Siento que vuelo. Es como recordar que alguna vez fui un ser con alas. Vuelo. Y luego desaparece. Creo que por esa ausencia escribo poemas. En una inútil aproximación de la pluma al viento. Pluma con la que arrastro palabras sobre el papel.

  10. Pero qué bien las arrastras, no es por nada.
    Vuelas, qué suerte, aunque sea poco rato es una suerte poderlo hacer.
    “Culo carpeta”, jajajaja. Pero no era ese el de la chica, no lo explico que no hace falta.
    Un beso, Manuel, corredor grande. (Pesado, no)

  11. Los momentos neutrales son fundamentales, yo no podría vivir sin ellos. Podemos decir que ahora mismo me encuentro en uno de ellos, tumbada en la terraza al sol, con mi portátil, viendo bastante poco por culpa del sol y sola con mis pensamientos, creyendo que todo es posible y sintiéndome libre. Hasta que vuelva a entrar en casa y la realidad me caiga encima sin anestesia. Un beso

    1. Te entiendo a la perfección. Yo esta mañana he tenido uno de esos buenísimo, de lo más neutral.
      Te dejo que lo disfrutes.
      Muchos besos y gracias por volver 🙂

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