Día: 4 mayo, 2017

Como ser madre, trabajadora y…

Anda la Esme, pero si está escribe que te escribe como una reposeída de los escribimientos. Madre mía, oigo tecleares do quiera que voy, parece que me persiguen las teclas, ¿qué estará haciendo esta ahora?, voy a indagar un poco y así mato el rato. No hago más que matar ratos, parezco la asesina en serie de los ratos.

Allá que voy: Esme, maja,¿ qué le cuentas a la pantalla del ordenador con tanto fervor y pasión? Te vas a romper los dedos, la Patricia le da con más finura, como si estuviera tocando el piano, tú eres un poco basta, desde la confianza que nos une te lo digo.

Habló la aristócrata, va y me salta sin dejar de aporrear al sufrido teclado. Tengo prisa y por eso le doy tan fuerte.

No sé qué tendrá que ver la prisa con la burrez, le he dicho sin conseguir que abandonara su lucha a muerte contra el tiempo o contra lo que sea que estuviera luchando.

Es que, me dice pulsa que te pulsa, me estoy escribiendo un libro como el de Ivanka Trump pero al revés, es de auto-hundimiento, un nuevo género que me acabo de inventar. Y el título ya lo tengo, se va a llamar, “Cómo ser madre, trabajadora y fracasar pero a base de bien”. Mira, hasta me he hecho la foto para la portada, observa qué cuadro, ni las pinturas negras de Goya, me dice dejando por fin de teclear y mostrándome…no sé ni cómo calificar a lo que me ha mostrado. Solo diré que salía ella y salían sus hijos, los tres aposentados en el sofá de su domicilio o lugar del crimen, dadas las caras.

¿Cómo lo ves?, me he descalzado y he tirado los tacones, así, de medio lado, para dar un aspecto desenfadado a la escena. Se lo he copiado a la nena Trump. Mis hijos están en pijama, también como los de Ivanka. Bueno, ellos casi siempre están en pijama menos cuando salen a fuego y a saqueo, expresión que, por desgracia, no es de mi invención sino de la suya.

Esme, he querido advertirle, es que tus hijos ya están un poco crecidos y cómo te diría yo sin que te ofendas, son un poco pintarras, además tienes la casa muy desordenada y unas ojeras que te llegan hasta los pies, la escena es rara.

De rara, nada, monada. Cuántas madres de mediana edad que se han pasado la vida corriendo de acá para allá intentando llegar a todo, ser muy profesionales a la par que buenas madres, ir bien peinadas y mejor depiladas, cultivar sus cuerpos y sus mentes y tener una vida amorosa y sexual como en las películas, pa película la que nos han contado, no se van a sentir aliviadas al vernos. Incluso pensarán que han tenido suerte y se quedarán tan contentas. En el libro doy consejos de cómo hacer, paso a paso, para que te salga todo bastante mal, por no decir fatal y que al final te importe un bledo.

Pero, Esme, no es por fastidiar ni por sacar el pero a cada rato pero…ya lo he sacado, me perdones, eso sale solo, no hacen falta consejos.

A callar, Eva, que eres muy simpática, o eras, pero no tienes visión comercial y además hueles a anti-polillas, tú sabrás por qué. Este va a vender más que el de la rubia adinerada porque a la ciudadanía, que es como se nos llama ahora a los pringados de toda la vida, le gusta identificarse y le gusta sentirse un poco menos sola en sus mediocridades. Avisto éxito y eso que estoy hablando de fracaso, ¿pillas la contradicción intrínseca?

Pues chica, yo que sé, si era por hablar de algo, ya sabes que a mi el éxito nunca me ha llamado la atención.

Ni tú a él, va y me dice volviendo a su aporreamiento. Qué grosera es cuando se lo propone.